sábado, 10 de enero de 2015

EL PUTSCH (5): "¡Hitler! Así es. ¡Hitler! Y detrás de él, el férreo Hess cargado de energía. '¡La Revolución Nacional ha comenzado!' Una inmensa tempestad de júbilo deshace en pedazos sus palabras. '¡Recuerde usted en esta hora a la Patria alemana, a quien juramos fidelidad sobre todo el mundo!' Con Hitler a la cabeza, las columnas marchan con el Himno de Alemania en los labios; al frente, la bandera de una Nueva Alemania. Y radiante y grande se alza nuevamente el nombre de Adolf Hitler."

Pintura de Emil Beithan


1923

Una vez más la SA se había mostrado como tropa política. Pero ya los primeros indicios de la lucha en el Ruhr arrojaron a los soldados políticos por otras vías. La inflación seguía locamente su incontenible curso. 

El 8 de octubre el marco era la peor moneda del mundo: todos los sacrificios eran inútiles. El gobierno del Reich no se avino a la resistencia pasiva. Un gabinete Stresemann fue el resultado. Un segundo Versalles amenazaba. En Baviera los separatistas comenzaron a husmear aire matinal. El viejo proyecto, la separación de Baviera de Alemania y su incorporación en un bloque estatal del Rhin-Maine-Danubio, bajo la bondadosa ayuda de Francia, volvió a tomar forma. Se realizaron secretas entrevistas. Los correos viajaban de un lado a otro. El Reich parecía próximo a su fin.

En estos días, cuando la existencia de la Nación se encuentra ante el más grave peligro, únicamente Hitler conserva la mente clara. En continuas asambleas de masa despierta al Pueblo. Él se hace cargo de la conducción exclusiva de todas las Ligas de Defensa asociadas. El Reichsflaggel (Pabellón del País) y el Bund Oberland (Liga del País Alto) se alienaron junto a la SA, subordinándose de común acuerdo a Hitler. Lo que esto implicaba lo comprendieron muy bien los señores Kahr y Lossow, y como no olvidaban de qué enérgico modo Hitler se había opuesto siempre a la política de hostigamiento contra los prusianos, de qué manera tajante en sus discursos se había vuelto contra el despedazamiento del concepto de Reich, esta vez tomaron sus recaudos. Cuando el Partido anunció no menos de catorce reuniones en una misma tarde, el señor Knilling decretó el estado de excepción y nombró al señor von Kahr en el cargo de Comisario General del Estado. Fue el primer contragolpe.

En Sajonia se preparaba una revolución roja. Lossow negó obediencia al Ministro de Defensa del Reich. Baviera se negó a destituir al General. Berlín trasladaba a los oficiales de la Reichswehr que no eran de fiar. Baviera desconocía estos relevos. Se tenía la intención de alejar a Pöhner de Munich, en quien podíamos confiar, enviándolo a Sajonia valiéndose de artilugios. El 26 de octubre el comisario general del Estado von Kahr declaró: "no negocio más con Berlín".

El objetivo de los franceses de romper la linea del Maine parecía próximo a lograrse. Pero aún estaba Hitler en Munich.Y arrojó al Movimiento, al Partido entero, a la SA, a todo lo que disponía, en el platillo de la balanza por Alemania. Por la unidad del Reich, contra el separatismo, tanto como contra la Socialdemocracia y el Bolcheviquismo.

El 3 de noviembre una hoja berlinesa da la noticia de un "evidente distanciamiento de Kahr y Lossow de Hitler". No hubiera sido necesaria. En pocos días todo debe decidirse. Una terrible tormenta se cierne sobre Alemania; ¿quién la hará descargar? ¿Traerá la bendición o la ruina? Nadie lo sabe. El 8 de noviembre encuentra a Munich presa de alborozada fiebre.Todos presienten que se está en vísperas de la definición. Y tienen la esperanza de que esta definición se llame Hitler. Desde que el 1° de mayo liberó a la ciudad del terror rojo, le pertenece Munich. Donde aparece una bandera con la svástica todos lo saludan. ¿Dónde está la "autodefensa" roja? No se la vio más en las últimas semanas, pero acecha en sus guaridas. Y mañana es el 9 de noviembre.

La Liga Oberland entra marchando en la ciudad. Con su vestimenta típica de la Alta Baviera, pantalón corto, la chaqueta tirada sobre el hombro, en el brazo el brazalete con la svástica, impulsa a los muniquenses a una tempestuosa bienvenida. Para la noche del 8 de noviembre, el señor von Kahr convocó a una reunión en el Bürgerbräukeller. Supuestamente algunos sectores industriales organizan la misma. Pero todo esto es un poco sospechoso. La concurrencia ha colmado las instalaciones. Aún nadie sabe qué saldrá de ahí. Sólo se sabe que hace cinco años se produjo una decisión. Hoy, de nuevo, una decisión está próxima. Cada cual lo presiente. Kahr es presentado a la multitud. Los aplausos se elevan rumorosos. Kahr habla. "Del pueblo a la Nación" reza el tema. ¿A qué Nación? Nadie en la sala puede imaginarse lo que sucede en las calles de Munich mientras Kahr pronuncia su deslucida alocución.

En las calles de Munich se desarrolla la Revolución. En las calles de Munich comienza el Alzamiento. En las calles de Munich ondean las banderas con la svástica, y donde la svástica flamea, allí está Alemania entera e indivisa. Unos camiones se detienen ruidosamente delante del Bürgerbräukeller. La Tropa de Choque de Hitler ocupa la calle. Se dan algunas órdenes a media voz. Un coche llega a toda velocidad al Bürgerbräukeller. "Es un delirio esta perorata de la Federación del Danubio. ¿Se quiere proseguir el trabajo de la comuna Marxista, el trabajo de Francia?" El coche se detiene chirriando. Kahr está hablando todavía. Con precaución trata el tema Pueblo y Nación.

En eso se produce un alboroto en las puertas. Brillan uniformes. Todo el mundo mira hacia la entrada. Alguien hace su aparición, alto y erguido. Luego, algunos hombres armados se precipitan a través de la muchedumbre. En un santiamén se hallan en la tribuna junto a Kahr. Se desata un formidable tumulto. Kahr se pone blanco como el papel. Ahora hay otros dos ocupando todavía la tribuna. ¡Hitler! Así es. ¡Hitler! Y detrás de él, Hess, el férreo Hess cargado de energía. Hitler se dispone a hablar, pero el griterío ahoga sus palabras. Entonces alza la pistola. Se oye el chasquido de un tiro contra el techo. Al instante hay silencio. Hitler levanta el brazo: "¡La Revolución Nacional ha comenzado!" Más lejos no llega. Una inmensa tempestad de júbilo deshace en pedazos sus palabras. Sí, ahora saben todos por qué esa tarde están allí. Ahora saben qué es lo que han estado esperando durante tanto tiempo. Esperaban justamente estas palabras: "¡La Revolución Nacional ha comenzado!"

Es una escena de increíble celeridad. Kahr, pálido y tembloroso, en compañía de Seisser y Lossow se dirige con Hitler a una habitación contigua. Entretanto la SA detiene a los señores del gobierno bávaro, a Knilling, a Schweiyer. Luego vuelve a aparecer Hitler. Da a conocer la lista de ministros de la Revolución Nacional: Administrador del Estado Provincial: von Kahr; Presidente de Ministros: Pöhner; Ministro de la Reichswehr: Ludendorff; Dirección Política Total: Hitler.

La sala explota de júbilo. La mirada penetrante de Hitler observa a Kahr. Kahr habla. Se declara lugarteniente de la Monarquía. Hitler exclama: "¡Recuerde usted en esta hora a la Patria alemana, a quien juramos fidelidad sobre todo el mundo!" Potentes se elevan los compases del Himno Alemán. Hay dificultades en la ciudad. Hitler abandona la sala. Al mismo tiempo entrega a los señores von Kahr, Lossow y Seisser al general Ludendorff. Cuando Hitler regresa, Ludendorff ha puesto en libertad a los que le fueron confiados. 

La Revolución ha sido traicionada. El 19° Regimiento de Infantería difunde el siguiente comunicado: "El Comisario General del Estado, von Kahr; el General Lossow y el Coronel Seisser, rechazan el Putsch de Hitler. Lo determinado en la reunión del Bürgerbräukeller carece de validez". Una hora después el señor von Kahr disuelve el NSDAP, juntamente con la Liga Oberland y Reichsflagge. ¿Qué vale una palabra de honor? Kahr ordena la movilización de las tropas. ¿Contra el Marxismo? ¿Contra el peligro Bolchevique? ¿Contra el gobierno Socialdemócrata? ¡No! Kahr ordena la movilización contra la Revolución Nacional. Contra Hitler, contra los Freikorps (Cuerpo de Voluntarios) que antaño lo llevaron al poder, que liberaron a Munich de la República de los Soviets. En esta noche Kahr traiciona no solamente a Hitler, traiciona a Alemania.

En la mañana del 9 de noviembre no se advierten indicios de la disolución del NSDAP. Sorprendido, completamente pasmado, el muniquense contempla los diarios matutinos. ¿Kahr contra Hitler? ¿No se había visto el apretón de manos de Kahr, con el que se comprometió a Hitler? Munich se echa a la calle. Los diputados del SPD están arrestados. ¿Por quién? ¿Por la SA? Con gran alegría se celebra esta noticia. ¿Pöhner y Frick han sido arrestados? Un amargo silencio se extiende. Pero, ¡ahí marchan los Oberländer! Y el Pueblo los aclama jubiloso. El Pueblo está con Hitler. Frente al Ministerio de Guerra están emplazados caballos de frisa. Delante de la Feldherrnhalle no se puede pasar. Allí está la policía. Y desde el lado opuesto viene marchando el Munich Nacional. ¡Sí! ¡Ahí va Hitler! Junto a él, Ludendorff, Brückner y Hess. Indecisa, la policía del Estado provincial permanece inmóvil.

Con Hitler a la cabeza, las columnas marchan con el Himno de Alemania en los labios; al frente, la bandera de una Nueva Alemania. Desde la Feldherrnhalle viene corriendo a toda velocidad la gente del Oberleutnant von Godin. Apuntan y tiran descabelladamente contra la multitud. El carro blindado ubicado delante de la Feldherrnhalle escupe fuego de ametralladora indiscriminadamente contra la apretada masa humana: caen SA y también policías. En medio del fuego están de pie, erguidos, los hombres de la Revolución Alemana: Hitler, Ludendorff, Göring. Muertos y heridos cubren el lugar. Bajo las descargas de las tropas de Kahr se desangra la primera Revolución Nacional, pero se desangra también la idea del separatismo, termina el juego con Francia. Nuevas descargas se efectúan sobre la compacta multitud. El hombre que se halla junto a Hitler es lanzado al aire, luego se abate en el empedrado. Un tiro en el corazón. Muerto. La tarde trae la lista de muertos. En el campo de honor cayeron: 

Andreas Bauriedl, Theodor Casella, Martin Faust, Antón Hechenberger, Oskar Kórner, Karl Kuhn, Carl Laforce, Karl Neubauer, Klaus von Pape, Theodor von der Pfordten, Johannes Rickmers, Max Erwin von Scheubner-Richter, Lorenz Ritter von Stransky y Wilhelm Wolf.

Las autoridades les negaron una tumba común. Gravemente herido, Göring se pone a salvo huyendo a Austria. Junto al Staffelsee es arrestado Hitler. También se arresta a Ludendorff, Kriebel, Weber, Frick, Pöhner, Brückner y Wagner. Además, enfermo de gravedad, a Dietrich Eckart. Moribundo es puesto en libertad. Un día antes de Nochebuena fallecerá en Berchtesgaden. Otra víctima de la traición de Kahr. 

La Revolución Nacional ha terminado. El NSDAP está disuelto. Pero como un fanal relampaguea el proceso que los jueces bávaros pensaban seguir contra Hitler, ya que el proceso resultó contra Kahr y el oprobio de Noviembre, el oprobio de Noviembre de 1923 tanto como el de 1918. Y radiante y grande se alza nuevamente el nombre de Adolf Hitler.


Del libro: "Alemania Despierta: Desarrollo, Lucha y Victoria del NSDAP."







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