lunes, 19 de enero de 2015

HEROICA JUVENTUD (1): "El éxito obvio de la influencia de la Juventud Hitleriana fue el hecho que la delincuencia juvenil en el Tercer Reich ha sido casi nula."


NIÑOS DE ARMAS TOMAR

El escondite, la comba y el capturar la bandera son juegos que alegremente marcan la infancia de cada niño. Sin embargo, para Alfred Czech, a pesar de sus 12 abriles, dichos juegos ya no le suenan familiares por culpa de la bárbara invasión del Ejército Rojo a sus tierras. Con todo, Czech utilizó el escondite como una treta para sobrevivir, la comba se convirtió en una herramienta para esquivar saltando minas y el capturar la bandera se volvió una estrategia militar que le propició capturar a un espía soviético, amén de salvar, en medio del fragor de la artillería enemiga, a doce soldados heridos de la Wehrmacht. Por sus hazañas heroicas, Adolf Hitler condecoró a este niño héroe con la cruz de hierro.

Alfred Czech, Willi Hubner, Lothar Loewe, Reinhard Appel… Una innumerable lista de niños valientes, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, sacrificaron sus vidas por El Reich de los Mil Años. Con una voluntad ejemplar y una disciplina férrea, esos niños echaron sobre sus pequeñas espaldas la colosal misión de defender el honor de sus allegados, de su Führer y de su Imperio: El Tercer Reich.

No cabe la menor duda de que a cualquiera, y yo soy uno, le parezca aberrante e inadmisible la movilización de muchachos inocentes en combates bélicos; que lleven armas en lugar de juguetes; que maten en vez de disfrutar de la vida. Pero, ¿de qué vida podrían disfrutar los niños en la Alemania de finales de 1944 y principios de 1945? Los bombardeos de los aliados devastaron casi la totalidad del país. La soldadesca soviética pasó a cuchillo a ciudadanos indefensos. Y, por si fuera poco, violaron masivamente a mujeres, ancianas y hasta niñas por el mero hecho de deshonrar el orgullo alemán. Esas barbaridades cometidas por los liberadores no podrían pasar desapercibidas por la mirada de un ser humano, ya fuera la edad que tuviese.

Consciente de los horrores de la guerra, Adolf Hitler prohibía tajantemente la participación de niños en la misma. En la década de los treinta del siglo pasado, el Führer puso de manifiesto, durante un discurso acerca del papel de la mujer alemana en la sociedad Nacionalsocialista, su rotundo rechazo a enviar tanto a niños como a mujeres a campos de batalla. Dicho rechazo derivaba de su experiencia vivida, de primera mano, en la Primera Guerra Mundial, por lo que sabía que los niños eran vulnerables a las atrocidades de la guerra. “tenemos un sexo masculino sano”, recalcó Hitler en aquel discurso, refiriéndose a los hombres alemanes de pelo en pecho que estaban a la altura de defender su nación.

No obstante, para finales de 1944 los invasores rojos ya estaban adentrándose en el territorio alemán, incurriendo en todo tipo de bestialidades. La supervivencia del Tercer Reich pendía de un hilo. He aquí el dilema de la cuestión. ¿Cómo salvar Alemania? ¿Cómo proteger al pueblo alemán? ¿Cuál es la receta eficaz para cubrir las incontables bajas de ese sexo masculino sano? Lamentablemente, y muy a su pesar, Hitler recurrió a los adolescentes como último rayo de esperanza para salvar el honor Nacionalsocialista. Por tanto, para la defensa final de Alemania fue imprescindible el reclutamiento de niños y jóvenes, así como de ancianos alemanes conocidos bajo el nombre de Volkssturm o “Fuerzas de Asalto del Pueblo”, que se constituyeron de personas entre los 16 y 60 años.

Por haber otorgado la participación de niños en ese conflicto mundial, los detractores del Nacionalsocialismo han tachado a Hitler de falaz. Para la opinión pública el caudillo no ha cumplido con su palabra. Pero no es cierto. Resulta sine qua non atar todos los cabos para dar con la razón de tal proceder. A raíz de la escasez de efectivos, los ensañamientos nefandos a un pueblo incapaz de valerse por sí mismo, el Führer se vio en la obligación de impeler a los adolescentes a luchar heroicamente contra el despiadado enemigo. Fue una cuestión de supervivencia o extinción de una revolucionaria civilización.

Tras la apelación hitleriana para la defensa final, niños y jóvenes tomaron muy a pecho la obligación de respaldar su patria. Ese envalentonamiento sin precedentes emanaba de la educación y el adiestramiento recibidos en el seno de la Hitlerjugend o la Juventud Hitleriana. Fue una inédita organización juvenil creada en 1926 por el NSDAP con el fin de conceder, a partir de los 10 años - edad de integración a esta institución -, una formación íntegra en torno a los principios nacionales, entereza, fraternidad y, especialmente, la creación de valientes líderes futuribles.

“Quien posee la juventud posee el futuro”, una famosa y honda expresión hitleriana que demuestra el interés del líder Nacionalsocialista por los jóvenes desde sus más tiernas edades. La clave del éxito y de la supervivencia de toda nación reside en manos de su juventud. La juventud es como una rosa. Si ésta no se cuida bien estando en una temperatura regular, absorbiendo la luz necesaria y regándose moderadamente, se marchita. Lo mismo ocurre con la juventud. Se marchita y se echa a perder debido a la desidia de la familia, las autoridades y la sociedad en general.

Después de la batalla final de Berlín, la Hitlerjugend fue disuelta. Como cualquier institución de la NSDAP, dicha organización no quedó exenta de la embestida de los vencedores de la guerra. Ríos de tinta corrieron sobre su funcionamiento, su objetivo y su resultado, pero se cargó, solamente, el acento en la restricción de la libertad infantil y la privación de los derechos juveniles. Argumentos endebles con los cuales se busca vilmente pasar por alto los auténticos éxitos de la Juventud Hitleriana, a saber: la abnegación y la perseverancia. Virtudes que fueron puestas en marcha a la hora de la invasión aliada; así como, sin dejar en el tintero, la disciplina. Ello es un hecho que, patentemente, se manifiesta en la casi inexistencia de delincuentes juveniles. “El éxito obvio de la influencia de la Juventud Hitleriana fue el hecho que la delincuencia juvenil en el Tercer Reich ha sido casi nula”, en palabras de Hans Ulrich Rudel, el eminente piloto alemán de la Segunda Guerra Mundial.

Son verdades casi desconocidas que reflejan los valores Nacionalsocialistas inculcados a los jóvenes alemanes dentro de la Hitlerjugend. Tristemente, hoy día, la juventud se ha viciado a causa del menosprecio del trabajo serio, el esquivo de la responsabilidad y el menoscabo del sacrificio. Se trata de una juventud sin moral y sin principios guiados como un rebaño por un sistema mundial fariseo. Un sistema que no busca más que embellecer lo ilícito con el fin de despistar a los jóvenes del camino de la virtud. ¿Acaso no estaríamos en la urgente necesidad de organizaciones semejantes a la Hitlerjugend para subsanar nuestra juventud?

Boquiabiertos se quedarán los cobardes ante esta propuesta. Nuestra intención no es formar futuros niños sanguinarios como, actualmente, ocurre en diferentes lugares del mundo. Pero, en vista de la actual situación juvenil, sería de suma relevancia una unión de niños y jóvenes bajo una institución digna de forjar los verdaderos valores humanos; prepararlos a ser un escudo ante los peligros inminentes; e inculcarles saber estar a las duras y a las maduras de la vida para poder crear otros Alfred Crezh que, por antonomasia, es ¡un niño de armas tomar!


Assif Mohamed; 11 de enero de 2015.







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