viernes, 9 de enero de 2015

JOSEPH GOEBBELS 66 (color): "La fuerza que pone en sus palabras y el arte sugestivo de expresarse lo convierten en orador hipnótico que cautiva al que lo escucha. Goebbels no podía darse el lujo de pronunciar discursos refinados al estilo Cicerón, sino que debía hacerlo como Lutero que 'miraba al Pueblo en los labios.'"


LA FUERZA QUE PONE EN SUS PALABRAS

Cualquiera que sea la opinión que se tenga sobre la astrología, nadie podrá negar que los astros, a los que nuestros antepasados dedicaron Stonehenge y muchos otros monumentos megalíticos, y de los que posteriormente se ocuparon intensivamente los sabios helenos y árabes, tienen una sensible influencia sobre los humanos. Sin querer hacerme portavoz de los disparates que hoy en día se publican en los medios de difusión masiva respecto de los denominados horóscopos, creo que tampoco se puede negar validez a la astrología basada en los signos zodiacales y solares. ¿Qué es lo que dice sobre el Escorpio? Las opiniones de los peritos concuerdan en la característica de "acumular una poderosa intensidad de acción".

Así lo formula el astrólogo Josef Polanski de los EE.UU. Sigue diciendo que "el Escorpio es una personalidad vigorosa, seria y decidida. Da su opinión con claridad, precisión e inequívocamente, y con una buena porción de intensidad emocional... La fuerza que pone en sus palabras y el arte sugestivo de expresarse lo convierten en orador hipnótico que cautiva al que lo escucha". Este astrólogo caracterizó a Goebbels mejor, sin haberlo conocido.

Nunca nadie le negó a Goebbels "la fuerza que pone en sus palabras" como define Polanski. El arte de la oratoria fue quizás la más destacada de las múltiples dotes intelectuales que poseía. Pero trabajó con ahínco y asiduidad para perfeccionarlo, mucho antes de pisar el terreno político y propagandístico. El admirador de las antiguas Grecia y Roma se ocupaba del arte del discurso - tal como lo comenzaba a enseñar Gorgias en Atenas y Marcus Fabius Quintilianus en Roma -. Con otro de los grandes ejemplos, Demóstenes, el más grande orador de la antigua Grecia, tenía en común la perseverancia con que trataba de vencer las dificultades de su frágil constitución para hacer tribuno de alto nivel.

Yo siempre me pregunté cómo podía aguantar un hombre con físico de jockey y cabeza de sabio, que nunca llegó a pesar más de cincuenta kilos y que no practicaba ningún deporte, discursos de varias horas, a cuyo término quedaba como pasado por agua y habiendo perdido regularmente varios kilos. Lo soportaba gracias a su férrea voluntad. Goebbels tenía una voz fuerte y sonora, un barítono agradable que podía competir con el del propio Hitler, quien en la niñez formó parte de un coro infantil de la iglesia.

Demóstenes y Cicerón hablaban a élites, las masas formadas de esclavos o de ciudadanos de segunda clase sin influencias en la conducción del Estado no les interesaban. Pero en estas épocas de masas democráticas, Hitler y Goebbels no podían dirigirse a las élites minoritarias, sino a la mayoría popular que define los comicios democráticos. Goebbels me explicaba que para los discursos rigen leyes similares a ciertas reglas militares: "su contenido debe guiarse como la velocidad de un convoy, siempre por el buque más lento." Goebbels no podía darse el lujo de pronunciar discursos refinados al estilo Cicerón, sino que debía hacerlo como Lutero que "miraba al Pueblo en los labios".

Goebbels llegó a pronunciar más discursos que cualquiera de sus contemporáneos, incluidos los de la época de Weimar.


Wilfred von Oven; del libro "¿Quién era Goebbels?"







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