miércoles, 11 de marzo de 2015

COMUNISMO (10): "La misión principal del Gobierno de los Soviets en el momento presente es que la Agricultura reporte beneficios cuanto antes posible. El Estado necesita víveres para su ejército de soldados y de obreros."



EL PUÑO DE HIERRO (3° Parte)

El Kremlin, creando ahora las nuevas llamadas ‘secciones políticas’ en las zonas agrícolas estatales y en las estaciones autotractoras de toda la Unión Soviética, instituye una vigilancia sobre los campesinos rusos más severa de cuanto se ha intentado desde la abolición del régimen feudal.

Cerca de siete mil de tales nudos estratégicos, dependientes directamente de los supremos órganos gubernativos y del Partido Comunista, establecidos en Moscú, cuidarán de ahora en adelante de que las directivas oficiales sean observadas y cumplidas, de que los ‘elementos de clase enemigos’ sean extirpados en las haciendas colectivas y de que se propague la finalidad de la minoría que gobierna.

Las ‘secciones políticas’ extenderán una tupida red de puestos de observación en todo el territorio de los Soviets; red que será completamente independiente del ambiente local de las diferentes regiones. Hasta ahora Moscú se había confiado en los Comunistas del lugar en cada una de las localidades; pero éstos, en su continuo contacto con los vecinos y muchas veces bajo su influjo, realizaban actos de sabotaje contra los proyectos del Gobierno.

A diferencia del viejo sistema, las ‘secciones políticas’ estarán formadas por Comunistas de confianza, directamente responsables para los órganos supremos del Partido y para el Comisariado de Agricultura. Estarán provistas dichas secciones de poderes extraordinarios para llevar a cabo las indagaciones y para imponer toda clase de penas; poderes muy semejantes a aquellos de la GPU en la ciudad.

Los enemigos ocultos del dominio soviético en las zonas agrícolas y los descontentos de toda graduación, tienen muy poca probabilidad de escapar a la acción de este nuevo aparato de vigilancia, creado para iluminarlos, para convertirlos y en caso necesario para extirparlos.

Esta sensacional extensión del control dictatorial de Moscú sobre todas las factorías del país, sean o no colectivas, ha emanado de la presión que ejercen las dificultades surgidas en el campo. Los inmensos socializados sectores de la Agricultura (que, con 200 mil haciendas colectivas y cinco mil estatales forman el 80% de toda la Agricultura de la Unión Soviética), no reportan hasta ahora, como el mismo Stalin ha manifestado, beneficio alguno. Y las pérdidas han sido pagadas por la colectividad - cosa que no dice Stalin - con una reducción del ‘estándar’ de vida.

La misión principal del Gobierno de los Soviets en el momento presente es que la Agricultura reporte beneficios cuanto antes posible. El Estado necesita víveres para su ejército de soldados y de obreros. Ninguno de estos dos ejércitos podrá mantenerse eficiente si no se consolida su base con la Agricultura. El severo control sobre ésta se ha considerado como indispensable en la serie de procedimientos ahora decididos para la intensificación de la “vigilancia revolucionaria”.

De uno o dos años a esta parte los campesinos rusos han respondido a las órdenes gubernativas con la misma táctica de pasividad que emplearon los indios frente a los ingleses. No estando en condiciones de defender activamente sus propios derechos, recurrieron a la resistencia pasiva. Sembraron lentamente y mal, dejaron abandonadas las simientes e hicieron una recolección en extremo superficial.

Pero, muy en breve, siete mil puestos de vigilancia cuidarán de vencer esa pasividad por todos los medios imaginables, comenzando por el de la persuasión y terminando con la imposición de las más severas penas. Los jefes de sabotajes serán reducidos a la impotencia, los campesinos fieles comunistas serán premiados y una gran campaña de propaganda se cuidará de convertir a la población del campo a las ideas del Kremlin.

Durante la guerra civil el Gobierno de los Soviets, entonces nuevo, tuvo que valerse de los servicios de generales y otros oficiales zaristas, a pesar de no tener confianza en ellos. Para garantirse, puso al lado de cada comisario militar un comisario político que vigilase al primero. Este método de contabilidad por partida doble fue aplicado por los rusos bajo Michael Borodin, el General Galen y otros consejeros, con muy buen éxito, en la revolución china.

La nueva cadena de ‘secciones políticas’ en el campo no es sino una variante de la misma idea. Al lado de los directores especializados en las haciendas estatales y de las estaciones autotractoras, Moscú pone “comisarios políticos”, en los cuales puede confiar. Mediante tales secciones podrá vigilar personalmente a cada campesino. El que después de todas las advertencias se mantenga reacio todavía, será sometido a un proceso sumarísimo.


Eugene Lyons; "United Press", Moscú, enero de 1933.






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