martes, 17 de marzo de 2015

COMUNISMO (11): "Quizás la paradoja más grande en las órdenes sociales de los soviets, sea el contraste entre el valor dado al elemento obrero, en cuanto a la clase, y a la restricción de la libertad de cada obrero aislado."

Vyacheslav Molotov


EL PUÑO DE HIERRO (4° Parte)

La intensificada ‘vigilancia revolucionaria’, recientemente anunciada por Stalin y otros Jefes Soviéticos, tendrá por consecuencia ulteriores restricciones en la libertad personal de cada obrero.

Los decretos recientemente publicados sobre la ‘disciplinación’ del creciente ejército de obreros industriales en la Unión Soviética, no se quedarán por mucho tiempo sobre el papel, sino que traerán consigo nuevos recrudecimientos. Como se recordará, a base de dichos decretos cualquier obrero que falte un solo día sin disculparse a su labor, puede ser, no solamente despedido, sino que puede ser también privado, él y su familia, de las cartas de víveres. Además, los decretos mismos ponen directamente en manos de la dirección de las fábricas el control sobre la distribución de los víveres.

Que se está dispuesto a emplear la fuerza, en caso de necesidad, también contra el proletariado imperante, se desprende con toda evidencia del reciente discurso de Vyacheslav Molotov, Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, uno de los más íntimos colaboradores de Stalin. Molotov citó una frase de Lenin, en la que éste, a propósito de la productividad del trabajo, exhortaba al Gobierno a “no arredrarse a hacer uso de la fuerza, a fin de que el nombre de ‘Dictadura del Proletariado’ no pierda sentido por culpa de métodos suaves en la aplicación del poder del proletariado”. El relieve dado a estas palabras por Molotov es de importancia incalculable para la vida cotidiana y las condiciones de trabajo de las masas.

Quizás la paradoja más grande en las órdenes sociales de los soviets, sea el contraste entre el valor dado al elemento obrero, en cuanto a la clase, y a la restricción de la libertad de cada obrero aislado. La vida individual de éstos, estará en lo futuro subordinada, más que nunca, a las necesidades de la industria de los soviets.

Hay que reconocer, que el Kremlin no restringe los derechos del proletariado sino bajo la presión de necesidades extremas. Si no le importa nada ‘liquidar’ otras clases y vigilar las ideas y hechos de ellas, procede de muy mala gana contra la clase que ha contribuido al éxito de la Revolución Comunista. Pero en los momentos actuales hay necesidad de recurrir a procedimientos excepcionales. La producción industrial ha quedado mucho más atrás de lo previsto; Molotov calcula el aumento de la producción en el pasado año en un 8.5 por ciento, mientras que en años anteriores fue de un 36 por ciento. La productividad del trabajo ha permanecido, puede decirse, invariable, en el transcurso del año pasado. Y seguramente Molotov no debe ser propenso a exagerar en sentido optimista; por lo que es lógico deducir que las cosas están todavía, peor de lo que se dice.

La causa principal de las dificultades presentes en la industria está en la deficiente disciplina del trabajo (por ejemplo, el faltar a la fábrica), el trabajo lento y el enorme despilfarro de materias primas. Por ello es de todo punto indispensable ejercer una disciplina más severa. En especial las autoridades se cuidarán de evitar los continuos cambios de los obreros, que en algunas fábricas y minas llegan a hacer hasta un 100 al 200 por 100 del personal en el curso de un mes.

Con la institución de direcciones de fábricas responsables, el principio del control de cada fábrica aislada por sus respectivas maestranzas, fue echado por la borda ya hace muchos años. Hoy todavía se tratan de obtener sugerencias por parte de los obreros y se atienden las reclamaciones, pero eso ocurre también en las empresas dirigidas sensatamente. La influencia directa del obrero de la fábrica sobre la gestión de ésta, ha sido reducida a un grado mínimo.

Indudablemente, de los inmensos poderes conferidos a los patronos, o sea a las direcciones de las fábricas, se hará el menor uso posible. Pero el solo hecho de la existencia de tales poderes, espanta. Al final, lo peor que puede hacer un patrono en el régimen Capitalista, es despedir al obrero. En cambio, la dirección Comunista de una fábrica puede privarlo de obtener otro trabajo durante un periodo de seis meses, puede impedirle la adquisición de víveres en las cooperativas del Estado y puede expulsarlo de su habitación.

El único paralelo Capitalista en este sentido, sería una ciudad industrial ‘feudal’, en la que todo, los negocios, casas, escuela, pertenece a la misma fábrica, la cual dispone además de su propia policía para evitar las huelgas. Como los soviets son los únicos patronos en su país, las huelgas están consideradas jurídicamente como actos contra-revolucionarios. Los agitadores que instiguen a huelgas, aún cuando sean aisladas, serán fusilados, como enemigos del Estado.


Eugene Lyons; United Press”, Moscú, enero de 1933.







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