viernes, 27 de marzo de 2015

COMUNISMO (12): "¿Por qué no fue terminado integralmente dentro del año 1932 el programa quinquenal, como no se cesó de prometer oficialmente? Esta última pregunta, quizás la más escabrosa, se repite de continuo desde que franca y abiertamente se dijo a la opinión pública que fracasó la ejecución total del programa."



EL PUÑO DE HIERRO (Parte 5°)

La guerra, el temor de una nueva guerra y los preparativos para ésta constituyen el fondo el inflamado discurso pronunciado recientemente por Stalin. El indiscutible dominador de todos los rusos, ha dado una respuesta a todas las preguntas y una justificación para todas las deficiencias: ¡la guerra!

¿Por qué se prescribió en el primer programa quinquenal un ritmo tan vertiginoso para las obras de construcción, que provocó un sobre exceso de trabajo, deficiencias y sufrimientos? La oposición de las derechas no cesa de hacer esta pregunta, “leitmotiv” de las lamentaciones de la población puesta duramente a prueba.

“No sabíamos cuándo nos atacaría el imperialismo del mundo entero para interrumpir nuestra obra constructiva - responde Stalin -. No hay duda alguna de que hubiera podido hacerlo aprovechándose de nuestra debilidad técnica. Por ello, el Partido Comunista tenía que sacudir la inactividad del país para aprovechar sin reposo la tregua construyendo en la Unión Soviética baluartes de industrialización”.

¿Por qué se concentró toda la energía sobre la industria pesada, mientras la población sufría la escasez de los productos de la industria ligera, necesarios para la vida cotidiana? También esta segunda pregunta está constantemente en los labios del Pueblo, y ya alguna vez faltó muy poco para que el Kremlin sufriera una seria conmoción.

“Tuvimos que concentrar nuestra energía en la industria pesada - responde Stalin -, porque si no, nos hubiéramos expuesto completamente desarmados, a un cerco capitalista que hubiera podido llevarse a cabo con medios técnicos más modernos. Nos hubiéramos visto privados de toda arma defensiva moderna, sin la cual ningún Estado puede mantener su independencia; nuestra situación habría sido semejante a la de China, que no posee industria pesada ni de armamentos propias, y todo aquél que quiera puede tomarle sin gran dificultad un pedazo de su territorio. En suma: habríamos estado expuestos a una intervención extranjera. No hubiéramos podido concertar pactos de no agresión, sino que hubiéramos tenido la guerra, guerra sangrienta y llevada con medios desiguales, pues habríamos tenido que combatir completamente indefensos contra países que disponían de los más modernos medios de ofensiva”.

¿Por qué no fue terminado integralmente dentro del año 1932 el programa quinquenal, como no se cesó de prometer oficialmente? Esta última pregunta, quizás la más escabrosa, se repite de continuo desde que franca y abiertamente se dijo a la opinión pública que fracasó la ejecución total del programa.

“Es cierto que nos hemos quedado retrasados en un promedio del seis por ciento de lo previsto en el programa - responde Stalin -, pero eso depende del hecho de que varios países vecinos rehusaron estipular con nosotros pactos de no agresión. Además, a causa de las complicaciones en el Extremo Oriente, nos vimos obligados a transformar un buen número de fábricas, al objeto de reforzar nuestra defensa produciendo armas modernas. Tal transformación requirió ciertos preparativos, que llevaron a que las fábricas se pusieran fuera de servicio durante cuatro meses, circunstancia que no pudo menos de hacer sentir su influencia sobre nuestro programa de producción”.

Stalin hizo resaltar con mucho orgullo a sus oyentes - entre los cuales contaba, sin duda, también los Gobiernos de los Estados vecinos - que: "los sacrificios no fueron en vano, ya que así la Unión Soviética fue puesta en condiciones de repeler ataques de todo género. La Unión Soviética, en el campo de la defensa nacional ha logrado integralmente sus propios fines."

El discurso de Stalin, fue abiertamente un discurso de guerra. Fue, desde el principio hasta el fin, envuelto en una atmósfera de sangre, de hierro, de amenazadores peligros. Ni en un sólo punto del discurso se disipó un poco esa pesada atmósfera.

Stalin pronunció el discurso inaugural de un nuevo período belicoso en la historia de los Soviets. La convicción de la existencia de enemigos exteriores da al Kremlin el coraje moral de proceder sin misericordia contra el enemigo interno. El peligro de guerra que se dibuja en el horizonte debe dar una justificación del creciente número de ejecuciones capitales, de los destierros en masa y de las represiones policíacas.


Eugene Lyons; United Press”, Moscú, enero de 1933.






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