martes, 31 de marzo de 2015

EL SOL NEGRO: "Así como el mundo material es iluminado por el Sol de Oro, el mundo espiritual es iluminado por el Sol Negro. Los Maestros verdaderos, los que han superado el mundo y vencido a la muerte, transmutándose, abandonan el mundo en un carro de fuego ascendiendo a la divinidad. En germano antiguo y en lenguaje rúnico, 'Nazi' significa ígneo, de fuego."



EL SOL ESPIRITUAL

En los misterios antiguos, los iniciados aprendían a liberarse de la muerte y a abrirse a la realidad del mundo espiritual. Así como el mundo material es iluminado por el Sol de Oro, el mundo espiritual es iluminado por el Sol Negro. Cuando el sol se pone, brilla la oscura luz del misterio. Para que brille el Sol Negro, es necesario que el sol de este mundo se ponga. El Sol Negro se halla tras el Sol de Oro que alumbra el mundo material. Es el Sol del Nacional-Socialismo, representado por la Esvástica. Por Él se sale y se entra a un mundo no demiúrgico. 

“Por Él penetran los OVNI. También es el famoso ‘Tubo Astral’ de las iniciaciones. La Esvástica (representación del Sol Negro), es la Rueda Catarina o el Molino de Wotan, que hacen girar las tres Nornas. Esa Rueda activa la vida transcendente de los arios, que continúa más allá”. (Miguel Serrano).

El Sol Negro, al manifestarse en el mundo, provoca un movimiento en espiral, como los Chakras. El Sol Negro es vacío, fuerza transcendente que, al incidir sobre la manifestación material genera un vórtice de energía que se mueve en espiral, como una Esvástica. De ahí su representación. En el proceso de la iniciación, se trata de alcanzar más allá del último Chakra (Sahasrara), esto es, alcanzar el vacío. 

“Es el salto al Vacío, en un Hoyo Negro donde se acaba la luz del Sol de Oro, dentro del Sol Negro, para volver a separarse y llegar a ser ‘nos’, separados y unidos para siempre. La Flor Inexistente. La Resurrección se realiza en el Rayo Verde, cruzando más allá del Sol Negro”. (“Nos-Libro de la Resurrección”, de Miguel Serrano).

El culto de Atum-Ra es el culto del Sol Negro, la puerta extradimensional que nos conecta con el mundo de los dioses, cuyo culto en Heliópolis se remonta a los orígenes de Egipto. El Sol Negro es el Sol Primigenio, el sol que ilumina el mundo espiritual y que recoge la Tradición Primordial. Si bien el descenso al interior de la tierra (el mundo espiritual) se lleva a cabo de forma natural cuando nos dormimos, o mejor todavía, cada vez que nos entregamos al sueño, la conciencia ordinaria no puede acceder a él, “es rechazada en el umbral mismo de este universo como si le cortara el paso un ángel severo colocado junto al Árbol de la Vida.” (“El yoga Tántrico”, Julius Évola).

En lo más profundo de la noche brilla en todo su poder el “Sol de Medianoche” del que hablan los misterios de la antigüedad occidental. Entonces nace una luz opuesta a la que ilumina la naturaleza física, opuesta a la que permite ver con los ojos del cuerpo. Es la percepción sutil del cuerpo y de la vida. La naturaleza “espesa” del cuerpo es superada. En la visualización del sol nocturno traspasamos el intervalo que separa el cese de la experiencia del estado de vigilia y el comienzo del estado de sueño. Se hace necesario llegar a un estado de concentración que diluye todos los reflejos del mundo exterior, todas las imágenes y todos los pensamientos residuales. El Sol Negro es visualizado de forma tranquila, clara, resplandeciente. Un Sol Negro que se abre desde el “vacío” (es decir, la transcendencia). La experiencia de la luz absoluta se da cuando la conciencia es capaz de seguir todas las fases que traspasan la puerta entre la vivencia ordinaria y el punto de sueño profundo que corresponde al cambio de estado.

Respecto a la percepción de la luz del Sol Negro, dice Julius Évola en su libro “El Yoga Tántrico”: 

“Es también la luz absoluta de la región mediana, de la que hablan tan a menudo los Upanishads, y con la que, por ejemplo, se relaciona esta frase: ‘Más allá de los cielos y en las profundidades del corazón’ (Mahanarayana-upanishad, X, 21), y también: ‘Dentro del corazón, en una pequeña cavidad, reposa el universo; un fuego arde ahí, irradiando en todas las direcciones. A aquél que franquea el límite de esta región se dirigen estas enseñanzas tradicionales conocidas: La oscuridad desaparece, ya no hay ahora ni noche ni día.’ (Çvetaçvatara-upanishad, IV, 18). Y también: 'El atman es el dique que mantiene el mundo; más allá de ese dique no hay ni noche ni día, no hay vejez, muerte ni dolor, obra buena ni mala. Más allá de ese dique, el ciego ve, las heridas se cierran, la enfermedad se cura y la noche se hace día, pues el Brahmán es la luz eterna.’ (Chandogya-upanishad, VIII, IV, 1-2)”.

En la práctica del yoga, los asana están ligados al principio de la inmovilidad. La inmovilidad hierática se encuentra en las antiguas tradiciones occidentales. En la práctica de la antigua realeza egipcia, por ejemplo, en la estabilidad y la inmovilidad se genera un fluido que posee un poder sobrenatural y se funde con el soberano.

En los desfiles Nacional-Socialistas podemos ver la figura de Hitler permaneciendo firme y hierático, sin un sólo movimiento, ante el desfile de sus fieles seguidores. Entonces, Hitler es un Sol Negro o punto fijo, vínculo entre el Pueblo y la trascendencia.  A través de la figura hierática del Führer se establece el yoga o unión entre el Tercer Reich y la divinidad.

Como vemos, para poder percibir la luz del Sol Negro es preciso que detengamos el mundo, apagar la luz de este mundo. Detener el flujo del mundo, cesar la respiración del mundo, alcanzar la inmovilidad, la impasibilidad absoluta del mago tántrico. Entonces el alma se libera y se proyecta libre como una mariposa al liberarse de su crisálida. El Sol Negro es vacío que se abre cada vez más proyectando su luz inexistente sobre el mundo, luz oscura, espacio abierto infinito, puerta a otro mundo, puerta de antimateria. Dimensión hacia el mundo del espíritu que permanece abierta para los suyos: los hijos de la luz verdadera, la luz que proyecta el Sol Negro.

La humanidad actual, volcada totalmente hacia el materialismo y hacia la ilusión del mundo, es incapaz de percibir la luz del Sol Negro. No obstante, su luz nunca ha dejado de brillar. La certeza de la muerte del cuerpo físico es algo a lo que el hombre no puede sustraerse. La imposibilidad de establecer vivienda firme sobre el barro, así como la crueldad del mundo al corregir el vicio y la degeneración hace que muchos busquen. Pero la vida es irreconciliable con la muerte. No puede vivirse por y para el mundo sin morir con él.

Ya hemos explicado que la vida (como tal) no es el mundo. El falso mundo es la muerte. De esto nos habla la Tradición de los antiguos. Los Maestros verdaderos, los que han superado el mundo y vencido a la muerte, transmutándose, abandonan el mundo en un carro de fuego ascendiendo a la divinidad. Es el Hombre Sol, el que ha puesto en actividad todos sus Chakras, el hombre “ardiente”, o sea, “Nazi”, ígneo. En germano antiguo y en lenguaje rúnico, “Nazi” significa ígneo, de fuego. 


“Y el Héroe - como Enoch - asciende a su propio Universo, en dirección a su Flor Inexistente, en un Carro de Fuego, en un Vimana.” (“La Resurrección del Héroe”, de Miguel Serrano).


Ignacio Ondargáin.







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