miércoles, 11 de marzo de 2015

ROBERTO FARINACCI (12): "Aún no se habían apagado los ecos de los bombardeos sobre Roma cuando el Padre Santo, con heroica decisión, salió por las humeantes calles de la Ciudad Eterna para comprobar los daños sufridos por su Pueblo y para sentir emocionadamente con él su desgracia y su sacrificio."



LA RESISTENCIA ALEMANA EN SICILIA

18 de julio de 1943.- El Duce ha salido para Riccione. Desde allí irá a encontrarse con Hitler. En ciertos círculos de la capital, se registra un ambiente de morbosa excitación. Cavallero me dice por teléfono que hay una gran excitación en los centros militares y que, antes de su marcha, Ambrosio había insinuado que “debemos hacer las maletas a toda prisa”. Parece ser que Guzzoni ha anunciado que ni siquiera puede defender las posiciones de altura de la isla siciliana. Por el contrario, en las llanuras que rodean a Catania, los alemanes están realizando verdaderos milagros de heroísmo. Un valeroso jefe de aviación, que acaba de llegar de Sicilia, me Informa sobre el llamado “plan de sucidio”. Piensa que el plan defensivo de Roatta, aceptado por Guzzoni, excluyó deliberadamente de la línea de defensa siciliana, desde el primer repliegue del Ejército, todos los campos de aviación. Castelvetrano, Comiso y Catania, por no mencionar más que los principales, estaban destinados a ser abandonados en nuestra retirada a las líneas de montaña. Sólo los alemanes estaban decididos a aponerse a los anglosajones para evitar la ocupación enemiga del moderno aeropuerto de Catania. ¡Qué cadena de traiciones! Necesito hablar de todo esto al Jefe. Espero que comprenda la extremada gravedad de la situación y que, al fin, adopte decisiones.

Scorza me llamó a última hora de la tarde. Me dijo que, antes de salir, Mussolini había cursado a Hitler un telegrama en el que le expresaba su orgullo por el hecho de que Italia tuviera el honor de ser la primera nación del Eje que luchaba en el “segundo frente”. Quería hacer comprender a su aliado - y no sin razón - que la posición de Italia era muy importante, que era preciso ayudarla a toda costa y que necesitábamos ayuda, ayuda y más ayuda. 

Scorza ha pronunciado un maravilloso discurso esta noche. Es lástima que fuera un poco lacrimoso en el tono.


LOS ALIADOS BOMBARDEAN ROMA

19 de julio de 1943.- Los “aliados” no han vacilado hoy en jugar una de sus cartas más importantes: el intenso bombardeo de Roma. Los principales objetivos han sido los barrios populares, con el estúpido pretexto de “alcanzar” las instalaciones ferroviarias. Han muerto millares de personas. La impresión ha sido enorme.

Un coronel de los RR. CC. (Carabinieri Reales), al que vi anoche, me dijo que le había impresionado más ver la actitud del Rey que el mismo bombardeo. Eso a mí no me impresiona; lo que me sorprende es que “los aliados” no hayan llevado a cabo su infame acción mucho antes. Roma es la ciudad menos resistente de Italia; la que más se queja; la que es menos digna de confianza. Es una ciudad de empleados y burócratas, la mayor parte de los cuales no son romanos; es, por consiguiente, una ciudad de parásitos. ¿Qué les puede importar a semejantes personas el prestigio de Roma? Es evidente que con su acción terrorista contra Roma, los anglosajones han ganado más que con una victoria en el campo de batalla. Y han sabido escoger el momento psicológico: la crisis militar en el Ejército y la crisis moral en la población. Esta última, que el 10 de junio de 1940 estaba enteramente agrupada -bueno es recordarlo - al lado del Gobierno, no ha recibido a cambio otra cosa que derrotas, desilusiones y amarguras, por causa de traiciones, sabotajes, errores de propaganda, errores e indecisiones del Alto Mando e inconsistentes y dañinas actitudes de algunos jerarcas.

Todo ello es tanto más serio cuanto que el Fascismo acertó a despertar el más alto nivel de entusiasmo entre todos los italianos, habitualmente demasiado excitables.

El terror que esta noche se ha ido apoderando de Roma y del resto de Italia puede tener incalculables repercusiones, si no es contenido por la energía de las juventudes Fascistas. La situación se agrava por la ausencia del Duce. Los romanos no saben que está reunido con el jefe del III Reich, y su ausencia de todas estas ruinas humeantes puede ser atribuida a indiferencia y cinismo.

Especialmente, después de la súbita aparición del Papa, que probablemente estaba vigilando desde el Vaticano, dispuesto para hacer una teatral aparición entre la población, que le aclama como al “Pastor Angélicus” (24), el bueno de Hazen, Comandante General de los Carabinieri, murió entre las ruinas.

Mis temores de una crisis inminente son compartidos por Scorza. Me dice que va a volver a pedir los plenos poderes. Estoy seguro de que le serán negados otra vez. Scorza me cuenta, entre carcajadas, que esta mañana recibió un telegrama, lleno de entusiasmo altisonante, de Grandi, quien le decía que había caído en éxtasis la noche última a causa de un discurso que había escuchado religiosamente por la radio. ¡Qué cara más dura tiene este Conde de Mordano!

En su visita a las zonas bombardeadas, Scorza ha sido bien recibido. El Pueblo espera mucho todavía del prestigio del Duce e invoca su ayuda.


(24) Aún no se habían apagado los ecos de los bombardeos sobre Roma cuando el Padre Santo, con heroica  decisión, salió por las humeantes calles de la Ciudad Eterna para comprobar los daños sufridos por su Pueblo y para sentir emocionadamente con él su desgracia y su sacrificio.


Diario de Roberto Farinacci.






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