lunes, 20 de abril de 2015

ADOLF HITLER 89 (color): "Si hace quince años se hubiese dirigido la siguiente pregunta a un alemán: '¿Cree usted, teóricamente posible que un obrero austríaco llegue a ser el sucesor de Bismarck en la Cancillería y el amo de todo el Reich?', el interpelado hubiera seguramente mencionado el manicomio en su respuesta."


HITLER CUMPLE HOY CUARENTA Y CUATRO AÑOS

Hoy hace cuarenta y cuatro años que nació en Braunau, en la misma frontera austro-bávara, el hijo tercero de un modesto funcionario de Aduanas. La familia del padre es originaria de la misma región, de la aldea de Waltersschlag, y remonta hasta el año 1672. En aquella época se llamaba “Hicdler”, y, aproximadamente un siglo después adoptó la ortografía de “Hitler”. De Waltersschlag, la familia se trasladó a la aldea cercana de Spital. Allí fue donde el padre de Adolf Hitler contrajo matrimonio con una muchacha del pueblo, Clara Poetzl, y aprendió el oficio de zapatero, que hubo de cambiar más tarde por el de oficial de Aduanas, lo que por sí mismo demuestra una fuerte dosis de ambición y perseverancia. Como se ve, la familia data ya de dos siglos y medio, pero ninguno de sus miembros se destacó ni consiguió notoriedad.

Si hace quince años se hubiese dirigido la siguiente pregunta a un alemán: “¿Cree usted, teóricamente posible que un obrero austríaco llegue a ser el sucesor de Bismarck en la Cancillería y el amo de todo el Reich?”, el interpelado hubiera seguramente mencionado el manicomio en su respuesta. Realmente, la carrera de Hitler resulta más inverosímil que la de ningún condottiere del Renacimiento, y hasta más que la del mismo Mussolini. No sólo tenía que vencer todos los obstáculos naturales hacia el Poder, sino también disipar la desconfianza que en todos los países acoge al extranjero que pretende destacarse. Se puede, pues, afirmar que lo que ha conseguido Adolf Hitler es un verdadero milagro. Ya el solo hecho de ser Canciller en un país que no es el suyo sería algo grande. Pero Hitler no es un Canciller cualquiera, como lo han sido Scheidemann, Bauer o Müller, sino el hombre más prestigioso - con Hindenburg - de un gran país de sesenta y cinco millones de almas. Y dispone de poderes tan amplios como no los ha tenido nunca ningún Emperador ni Bismarck, el Canciller de Hierro. Hace tan sólo catorce años que empezó a actuar con un pequeño grupo de siete miembros, y el minúsculo grupo se ha transformado en un Partido gigantesco, como no lo había visto Alemania ni ningún país europeo. Más de diecisiete millones de electores han votado por él en las últimas elecciones del 5 de marzo; es decir, que por cada partidario que tenía en la primavera de 1919 tiene ahora tres millones. Y por una firma ha conseguido lo que ni siguiera el príncipe Bismarck había podido realizar; es decir, acabar con el particularismo de los diferentes países que forman el Reich y establecer (ni siquiera podríamos decir “restablecer”') la unidad de Alemania.

Aprovechemos el día del cumpleaños del Führer -fiesta solemne en Alemania- para decir algo de su persona. Su silueta, alta y robusta, es ya harto conocida por las numerosas fotografías, lo mismo que su cara, con el mechón de artista que le cae sobre la frente (Hitler quiso ser pintor) y el bigote, que ya es el “bigote a lo Hitler”. El caudillo Nazi tiene un hermano y una hermana de más edad que él, y una hermana más joven, que nació en 1897. Es soltero. No fuma ni bebe, y hasta es vegetariano. En una edad relativamente juvenil ha llegado a ser el árbitro de Alemania, aunque en este punto le gane Mussolini, puesto que el Duce sólo tenía treinta y nueve años y cuatro meses cuando la marcha sobre Roma.


Diario "ABC"; 20 de abril de 1933.





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