miércoles, 15 de abril de 2015

¿DICTADURA DE HITLER?: "Una Dictadura no sale nunca de un movimiento popular. A Hitler, su enorme movimiento le puede servir para muchas cosas, pero no para instaurar una Dictadura. Le coloca en una mejor posición de gobernante, pero no de dictador. Entonces es posible que se convirtiera en el ‘hombre de hierro que necesita Alemania’."



¿ES POSIBLE UNA DICTADURA?

En la prensa inglesa y americana, sobre todo, está discutiéndose, con gran interés, el tema de cuáles son las posibilidades con que la instauración de una Dictadura abierta cuenta en Alemania. Aquí, en la misma Alemania, en cambio, públicamente no se ha planteado siquiera la cuestión. La Dictadura es un monstruo en el que todo el mundo piensa, pero del que nadie habla; ocurre con la palabra Dictadura en Alemania algo parecido a lo que ocurre con las palabras ‘tabú’ en los pueblos supersticiosos.

Sobre las elecciones del próximo día 5 de marzo se proyecta este dilema: o mayoría gubernamental o implantación de una Dictadura. Como la primera solución está casi descartada, la atención de las gentes se vuelca, indagadora, sobre la segunda. Siguiendo la trayectoria del dilema, se encuentran seguidamente preguntas semejantes a éstas: ¿qué carácter va a tener la Dictadura?, ¿con qué posibilidades de apoyo contará? Parece que las respuestas son a primera vista bien fáciles: la Dictadura tendrá un carácter Nacional-Socialista y se apoyará en las amplias masas hitlerianas. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla. Hablando en general, una Dictadura no sale nunca de un movimiento popular, trátese de la Dictadura que se trate, sino precisamente de la carencia de tal movimiento popular. A Hitler, su enorme movimiento le puede servir para muchas cosas, pero no para instaurar una Dictadura. Si Hitler instaura la Dictadura tendría que ser contra una gran parte de sus propias huestes. De modo que la existencia del movimiento Nacional-Socialista no coloca a Hitler en posición superior a la de otro hombre cualquiera - von Papen, Hugenberg, verbi gracia - para elevarse dictatorialmente sobre Alemania. Le coloca en una mejor posición de gobernante, pero no de dictador.

Y en estas últimas palabras se encierra todo el secreto de la cuestión. Si Hitler fuera un gran gobernante, del estilo y de la enjundia de un Bismarck, entonces es posible que se convirtiera en el ‘hombre de hierro que necesita Alemania’, y que fuera superflua la Dictadura ‘burocrática’. Pero de que Hitler no es un Bismarck, lo ha probado ya, sin lugar a dudas, su política con los Católicos.

Para gobernar dictatorialmente se necesita que haya ocurrido el siguiente hecho en el país que ha de ser dictatorialmente gobernado: que entre las fuerzas vitales (industria agricultura, etc.) y las fuerzas coercitivas (ejército, burocracia, etc.) se haya producido una ostensible incompatibilidad. Y en Alemania, no ocurre tal cosa. Hay una gran crisis, hay muchos obreros sin trabajo descontentos, hay una gran parte de la pequeña burguesía que se ha arruinado y radicalizado (sobre todo entre los intelectuales); pero el aparato del Estado, el Ejército, la Policía, está totalmente identificada con los intereses vitales de la nación. Los mismos sindicatos obreros se encuentran identificados con los industriales y los agricultores. Las demás discrepancias poseen un carácter puramente relativo. Pues si hay grandes dificultades, también es muy fuerte la organización estatal de Alemania.

La actual organización alemana posee todavía mucha resistencia. Esto no quiere decir que una Dictadura abierta, con exclusión de todos los órganos democráticos, sea totalmente imposible. Pero quiere decir que una Dictadura de tal índole no podría resistirse demasiado tiempo, y no sólo no podría resistirse, sino que al derrumbarse abriría consigo un panorama que no se sabe dónde podría acabar. Éstas son las razones por las que Hugenberg y von Papen, en el fondo mucho más dictatoriales que Hitler, se oponen a la Dictadura abierta, pretendiendo realizar una política de destrucción del actual estado de cosas apoyándose en él. Hugenberg y von Papen quieren, incluso, restaurar la Monarquía de los Hohenzollern. Pero saben que el ex Kaiser Wilhelm no le podrá ser impuesto de nuevo a los alemanes por medio de un decreto dictatorial. Y Hugenberg y von Papen cuentan con el apoyo de los únicos elementos con los cuales hoy puede realizarse una transformación de la Política alemana en sentido reaccionario. La ‘concentración nacional’ que han lanzado como consigna electoral - y no sólo como consigna, sino, incluso, como Partido -, señala claramente la aglutinación de fuerzas que en el campo Nacionalista se lleva a cabo. En esta concentración nacional no figura el Partido Hitleriano. Lo cual viene a ratificar, agravada, mi información sobre las discrepancias existentes dentro del seno del Gobierno. No se trata solamente, de que el Gobierno esté compuesto por dos partidos que luchan independientemente, sino que se trata de dos partidos que quieren, ambos, monopolizar el sentimiento y la Política Nacionalista.

Hugenberg y von Papen presentan su lista electoral bajo la advocación de la ‘concentración nacional’, Hitler presenta la suya bajo la advocación de una frase: ‘el Nacional-Socialismo es el único Partido Nacional’. Esta guerra de listas no hace más que reflejar la guerra por la hegemonía en la gobernación del país. Y después de esto se ve que el primer dilema que ha de producir las elecciones: ‘mayoría o Dictadura’, se descompone en otra serie de ellos, de los cuales es el inmediato:

“Hugenberg y la Dictadura solapada” o “Hitler y la Dictadura abierta”.


Augusto Assia; Berlín, Febrero de 1933.






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