jueves, 2 de abril de 2015

HITLER VS HUGENBERG: "Ésta es la lucha predominante dentro del seno del Gobierno. Y de la cual esperan, tanto una como la otra tendencia, salir vencedoras después de las elecciones del 05 de marzo."



EL VENCEDOR HA SIDO HUGENBERG

En el verano de 1931 se reunía en Baden-Harzburg la ‘Asamblea Nacional’ para la formación del ‘Frente Único Germánico’. Estaban representados en ella, precisamente, los elementos que hoy constituyen el Gobierno, excepto Franz von Papen, que entonces no era más que un obscuro diputado católico en la Dieta prusiana, ni siquiera en el Reichstag. La asamblea de Harzburg, en la que habían de echarse los cimientos de un Gobierno Nacionalista, semejante al que ahora ha sido llevado al poder, terminó como el rosario de la aurora. Es curioso ahora, cuando la idea de Harzburg ha triunfado, volver sobre su génesis y su historia; es curioso e indispensable si quiere comprenderse en todos sus aspectos la trayectoria del actual Gobierno Hitler-Hugenberg-Papen. Para la asamblea de Harzburg se había realizado una gran propaganda, inflamada de espíritu patriótico y frases no menos patrióticas. Hitler había convocado allí a una gran parte de sus tropas de asalto. Se hablaba de una nueva era alemana con el mismo lenguaje que hoy se emplea desde el Gobierno. Pero, en cuanto fue necesario presidir, primero el desfile de la manifestación y luego el banquete, ya se terminó todo el espíritu patriótico. Hitler quería ser él quien presidiese y Hugenberg exigía para sí mismo la presidencia. Como no se pusieran de acuerdo, las tropas hitlerianas tuvieron que desfilar, por un lado, bajo el saludo romano del jefe Nazi, y los Cascos de Acero, por el otro frente, al saludo militar de Hugenberg. En el banquete, Hitler se apoderó casi violentamente de la presidencia.

Después de la Asamblea Nacional de Harzburg, Hugenberg y Hitler comenzaron a atacarse con gran ensañamiento. En los periódicos de Hitler se habían convertido en familiares las frases ‘frente estrecha de consejero secreto’, ‘mentalidad de negociante en películas’, aplicadas a Hugenberg. En cambio, en los periódicos de Hugenberg se le llamaba a Hitler ‘tamborilero de tópicos y frases’. Vinieron las elecciones a la presidencia. Hitler se presentó como candidato, y frente a él, Hugenberg, presentó también su candidato particular, el General Duisburg, Jefe de los Cascos de Acero. Ambos candidatos se combatían desconsideradamente entre sí y combatían todavía más desconsideradamente al candidato de enfrente, Hindenburg. Otra paradoja de la paradójica política alemana de estos días: Hindenburg, el glorioso General, fue elevado a la presidencia por Socialistas y Católicos, contra Nacional-Socialistas y Nacionalistas, para luego, el mismo Hindenburg, arrebatarle a los Socialistas y Católicos los últimos restos de poder que en las manos les quedaban y entregárselos, gratuitamente, a Nacional-socialistas y Nacionalistas.

Después de las elecciones presidenciales vinieron las reiteradas elecciones a diputados. Hugenberg se mantenía, gallardamente contra Hitler, aguardando conseguir el número de diputados que le hiciera falta a Hitler para formar la mayoría, lo cual convertiría a Hugenberg en árbitro de la situación. Lo mismo que en Harzburg, fue Hugenberg el derrotado; lo fue en las elecciones presidenciales y lo fue en las elecciones a diputados. Los votos de Hugenberg eran unos votos inútiles que a nadie le servían para nada, y su política parece que se iba convirtiendo cada día más en una política superflua. Pero, de repente, toda la situación torna un nuevo carácter y surge el actual Gobierno, el cual encarna nada menos que el triunfo de las aspiraciones de Hugenberg y sus amigos. Este Gobierno no sólo está formado con arreglo a la idea de Hugenberg y contra la teoría gubernamental que siempre ha defendido Hitler, sino que en él, la hegemonía, a pesar de que Hitler ostenta la Cancillería, le corresponde a Hugenberg y a su tendencia. Esto demuestra que la política se parece más al álgebra que a la aritmética; que la suma de valores negativos puede convertirse en un valor positivo. Hitler, el que había salido victorioso de una y otra refriega, ha tenido que someterse a la voluntad y a la táctica del que había salido derrotado.

Indudablemente, las discrepancias no han desaparecido con la formación del Gobierno. Ahora, Hugenberg, intenta seguir manteniendo su hegemonía en el Gobierno, sometiendo el curso gubernamental al curso de su línea política, dictada por los intereses agrarios, una gran parte de la industria pesada y la tradición dinástica. Hitler, por el contrario, busca la manera de arrebatarle la hegemonía a Hugenberg dentro del Gobierno, imprimiéndole el curso abiertamente autoritario porque pugna el Nacional-Socialismo. Ésta es la lucha predominante dentro del seno del Gobierno. Y de la cual esperan, tanto una como la otra tendencia, salir vencedoras después de las elecciones del 05 de marzo.

Hitler tiene a su lado un movimiento popular de mucha mayor base y acendramiento; pero, en cambio, Hugenberg dispone de más confianza entre los elementos agrarios e industriales importantes, y también dentro del palacio presidencial. Hugenberg tiene, además, un aparato de propaganda verdaderamente colosal, reuniendo en sus manos casi la mitad de la prensa alemana y la mayoría de la producción cinematográfica. La lucha oculta, momentáneamente, por razones de Gobierno, toma cada día más ímpetu y mayor trascendencia.


Augusto Assia; Berlín, febrero de 1933.







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