viernes, 17 de abril de 2015

LIGA DE NACIONES (7): "¿Que existe una Sociedad de Naciones? Sí. Pero su fracaso es evidente. No ha impedido que Japón atropelle a China en Shanghái y en la Manchuria y que se disponga a seguirla atropellando en Jehol, ni que Bolivia y Paraguay se destrocen en el Chaco, ni que Perú y Colombia peleen a orillas del Amazonas."



LA EUROPA CENTRAL

Nota: el presente texto fue escrito desde la perspectiva de los intereses de la prensa internacional de la época de entre guerras y a comienzos del régimen Hitlerista, cuando los proyectos del Tercer Reich apenas se asomaban lentamente (y el mundo apenas los conocería), especulándose uno de entre varios posibles rumbos de la historia.

Se han reunido los Ministros de Negocios Extranjeros de Yugoslavia, Checoeslovaquia y Rumania y han acordado, en nombre de sus gobiernos respectivos, reforzar y consolidar la Triple Entente y formar un frente único diplomático y económico. En Alemania, ese acuerdo significativo ha producido contrariedad grande. Y se explica. Parece, y es la respuesta de las nacionalidades centroeuropeas, nacidas de la Gran Guerra o agrandadas por ella, al triunfo del Nacional-Socialismo en Alemania y al derrumbamiento, ya inevitable, del edificio político levantado sobre los cimientos de la Constitución de Weimar. Y algunos periódicos alemanes hacen notar que la Triple Entente, obra de Francia y garantía suya, no se compone, en realidad, de tres potencias, sino de cuatro. Polonia se uniría a ella apenas hubiese que sacar la espada.

La prensa afecta a Hitler, alude ya descaradamente a una probable alianza de Hungría, Alemania e Italia. Estos tres países, en su opinión, deben asociarse porque su organización interna es análoga y porque sus intereses están en contradicción con los intereses de Francia y de sus aliadas centroeuropeas. Creo que el argumento es falaz. Hay dictaduras en Italia y en Hungría, es cierto. Se va a la restauración en Alemania. ¿Pero acaso Yugoslavia es una Democracia? ¿Y acaso también no es Polonia un feudo del General Józef Pilsudski? ¿Y acaso igualmente Rumania no vive ahora unos días muy parecidos a los que viviera España en los últimos meses de la Monarquía Alfonsina? No se puede establecer una línea divisoria entre la Europa Democrática y la Europa Fascista. Rodeada de dictaduras claras o disimuladas, la cultísima Checoslovaquia conserva su Democracia pura y se agrupa en torno del patriarcal Presidente Tomáš Masaryk... Si los Pueblos europeos, perdido completamente el instinto de conservación van de nuevo a la guerra, como prevén muchos, no será porque sus dogmas políticos sean diferentes, sino porque sus caudillos, blancos, negros y rojos, les empujen, como el pastor empuja a los rebaños, a un nuevo y atroz sacrificio estéril.

La Prensa de Francia y de Inglaterra publica detalles muy interesantes del paso de aviones de guerra sobre el territorio austríaco. Esos aviones, procedentes de Italia, son para Hungría. Hungría se comprometió, en el tratado que le hicieron firmar sus vencedores, a tener un Ejército mínimo. Pero no se resigna. Y según denuncian a diario los periódicos de Belgrado y de Praga, organiza fuerzas de primera línea aprovechando todos los pretextos. La dificultad estribaba en el armamento, que no puede improvisarse. Más he aquí que Italia se encarga de ello. ¿Cómo impedir, entonces, que un Ejército húngaro se reúna silenciosamente a orillas del Theiss y del Danubio, para, llegado el momento, lanzarse sobre rumanos, checos y yugoslavos?

Francia ha querido reconciliarse con Italia. Envió para ello a Roma a un diplomático de la moderna escuela, dotado de grandes facultades suasorias, a Bertrand de Jouvenel. Pero parece que la tarea de éste es dificilísima. Cada día, la Prensa italiana, toda Fascista y por lo mismo toda oficial, se muestra más enemiga de los franceses. Les acusa de egoístas, agresivos, militaristas, absorbentes y contrarios a todo régimen internacional de igualdad. Y aboga, de un modo franco, por inteligencias preliminares de pactos de agresión, que unan a los disminuidos húngaros y a los vencidos germanos, con los italianos quejosos de que les estafaran su victoria.

A los catorce años del armisticio, la situación de Europa es tal, que los más optimistas comienzan a creer seriamente en un rompimiento de hostilidades. Hay tales odios, chocan de manera tan desenfrenada los Nacionalismos, el disgusto de las masas, víctimas de la miseria es tan enorme, que es de temer que cualquier incidente fronterizo, determine, a despecho de los pactos de no agresión, el estallido de una guerra general.

¿Que existe una Sociedad de Naciones? Sí. Pero su fracaso es evidente. No ha impedido que Japón atropelle a China en Shanghái y en la Manchuria y que se disponga a seguirla atropellando en Jehol, ni que Bolivia y Paraguay se destrocen en el Chaco, ni que Perú y Colombia peleen a orillas del Amazonas. No impedirá que en los Balcanes o en Centro Europa o en los límites del mundo eslavo, la imprudencia de un gobierno que desencadenara la conflagración que acabase con la civilización contemporánea.

Sin embargo, es de esperar todavía que las clases conservadoras da Europa, cuyos Nacionalismos epilépticos de tal modo cargan de negras nubes el horizonte universal, se den cuenta de lo que significaría para ellas una nueva lucha. Más allá del Niemen y del Bug, la Rusia Roja, formidablemente armada, dirigida por una oligarquía de tenaces y fríos ideólogos, aguarda el instante de que arda Europa, en guerra, para precipitarse sobre ella y destruir el Capitalismo. Y hay en Alemania seis millones de parados. Y millón y medio en Italia. Y medio millón en Hungría. Y cuatro millones en Inglaterra. Y un millón en Francia. Y medio millón en Polonia. Y medio millón en Bélgica...

¡Qué combustible humano para la gigantesca hoguera social que encenderían las movilizaciones y las batallas!... La contienda iniciada en 1914, terminó con la destrucción de tres imperios seculares y con los soviets en Moscú, en Budapest y en Múnich. ¿Cómo terminaría el conflicto europeo que previera Mussolini para 1934 o 1935? ¿Quedará piedra sobre piedra, del magnífico edificio del individualismo occidental, ya tan bamboleado y desquebrajado por los pasados huracanes bélicos? ¿No se hundiría del todo? ¿No naufragarían instituciones, ideologías, regímenes y fundamentos económicos, en el mar encrespado de una anarquía incontenible?


Fabián Vidal; febrero de 1933.







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