jueves, 7 de mayo de 2015

JULIUS STREICHER (6): "Mira hijo, al igual que ocurre con las setas del bosque, también es difícil distinguir en el caso de los hombres repartidos por toda la tierra. Por esta razón debemos iluminar a quienes tienen que saberlo."


LA MADRE Y EL HIJO EN EL BOSQUE

El presente artículo es expuesto como un fragmento más de la literatura histórica del siglo XX, no busca insinuar determinada actitud ni promover odio racial. Se trata de Historia, quedando el prudente criterio al libre albedrío del lector. 

Paquito ha ido al bosque a buscar setas con su madre. Él, que normalmente es un chico taciturno, parece transformado. Sin dejar de reírse ni un momento, salta sobre los arbustos y sortea, loco de alegría, las zanjas que encuentra en su camino. Su madre le contempla y se felicita de ver a su hijo tan contento. Pero no por ello deja de reñirle:

-Pero bueno, ¿qué te ocurre, Paquito? Mi cesta rebosa ya, y tú, mientras tanto, no has logrado encontrar ni una sola seta. Tienes que buscar con más cuidado y mirar más hacia la tierra que hacia el cielo.

Paquito contestó entonces a la advertencia de su madre, un tanto sorprendido:

-Tienes razón, madre. Se me ha olvidado completamente que hemos venido a buscar setas. ¡Se está tan bien aquí, en el bosque! Pero ahora voy a tomármelo con interés. Después de media hora de búsqueda, Paquito corrió hacia su madre todo alborotado.

-¡Viva, viva! ¡Ahora tengo ya tantas setas como tú, madre!

Y, en voz más baja, añadió: - Pero creo que también he hallado algunas... venenosas. - Paquito tomó entonces una seta de su cesta.

-Oye, madre, ésta no me gusta nada. A que es venenosa...

La madre asintió con la cabeza.

-Tienes razón. Es una seta de Satanás. Es muy venenosa. Se la reconoce en seguida por su color y por su olor pestilente.

Paquito tiró la seta al suelo y la pisó. Luego, tomó otra de la cesta. Era grande, con un tallo largo de color grisáceo y un sombrerillo rojo muy ancho con numerosas manchitas.

-Mira, madre, ésta tampoco me da mucha confianza. Sus colores son demasiado chillones. Seguro que también es venenosa.

-También me lo parece a mí. - Confirmó la madre.

-Es una seta mosca. Tírala en seguida. - Paquito tomó dos más:

-Pero estas dos no son venenosas. Ya las conozco. Son un mízcalo comestible y un champiñón. Ambas no son dañinas sino muy sabrosas.

La madre actuó en consecuencia:

-Perfectamente, estas dos las conservaremos.

-Aquí tengo otro champiñón. - Gritó Paquito alborozado. La madre se alarmó:

-Por el amor de Dios, hijo. No es un champiñón, sino una amanita. Es la seta más venenosa de cuantas se conocen. Y es doblemente peligrosa, porque con facilidad se la confunde con otras comestibles.

La madre tomó la cesta de Paquito y, sin más, fue excluyendo los hongos venenosos y separando los buenos. Una vez concluida aquella elección, madre e hijo tomaron sus cestas y lentamente emprendieron el camino de regreso al hogar. Durante la vuelta la madre explicó a Paquito:

-Mira hijo, al igual que ocurre con las setas del bosque, también es difícil distinguir en el caso de los hombres repartidos por toda la tierra. Hay setas buenas, y hay buena gente. También hay setas malas, es decir, venenosas, y también hombres malos. Respecto a éstos hay que tener tanto cuidado como con las setas dañinas. ¿Me entiendes?

-Sí madre, lo entiendo bien. Quien va con hombres malos puede sufrir una desgracia, como le pasa a quien come una seta venenosa.

-¿Y sabes quiénes son estos hombres malos, estas setas venenosas de la humanidad?

-Naturalmente, madre. Claro que lo sé. Son... los judíos. Esto es lo que dice mi maestro en la escuela muchas veces.

La madre, sonriente, dio a su hijo unos golpecitos en la espalda.

-Vaya, vaya. Veo que te has hecho un hombrecito muy avispado. Pero préstame atención para que me entiendas lo que quiero decirte. Voy a repetírtelo todavía una vez más: hay setas buenas y hay setas malas. Hay hombres buenos y hombres malos. Los malos son los judíos. Sin embargo, es difícil distinguir a un hombre malo de un hombre bueno.

-Eso me parece a mí - intervino Paquito. - Es tan difícil como diferenciar una seta venenosa de otra comestible.

-Exactamente - confirmó la madre y añadió, ahora muy seria:

-Los judíos son mala gente. Son las setas dañinas. Por la misma razón por la que tan difícil resulta a veces distinguir los hongos buenos de los malos, es frecuentemente muy difícil identificar a un judío como bandido y criminal. Del mismo modo que las setas venenosas se presentan en varios colores, así los judíos pretenden pasar desapercibidos y, por ello, se disfrazan de las formas más diversas.

-¿Qué tipos de formas? - preguntó Paquito.

La madre comprendió entonces que su hijo no lo había entendido todo perfectamente y continuó de buen grado sus explicaciones.

-Bien, pues escucha. Los hay los que son judíos ambulantes. Van de lugar en lugar vendiendo telas y cualesquiera baratijas que uno pueda imaginarse. Normalmente dicen que sus mercancías son las mejores y las más baratas. En realidad son las peores y las más caras. No se debe creer en ellos. Esto es aplicable a los ganaderos judíos, a los que tienen establecimientos comerciales, a los matarifes judíos, a los médicos judíos, a los judíos bautizados, etc. Cuando se nos presenten de esta manera, cuando nos digan que quieren ser amigos nuestros y que abrigan hacia nosotros las mejores intenciones, no hay que creerles. Son judíos y seguirán siendo judíos. Son auténticos venenos para nuestro pueblo.

Paquito había comprendido muy bien a su madre.

-Madre, ¿saben todo esto los no judíos? ¿Saben que un judío es tan peligroso como una seta venenosa? - La madre movió la cabeza negativamente.

-Por desgracia, no, hijo mío. Hay muchos millones de no judíos que todavía no han aprendido a reconocerlos. Por esta razón debemos iluminar a quienes tienen que saberlo, advirtiéndoles contra los peligros de los judíos. Tenemos que estar alerta nosotros y nuestra juventud. Nuestros chicos y chicas tienen que aprender a distinguir a los judíos. Tienen que llegar al convencimiento de que el judío es la seta venenosa más dañina de cuantas puedan darse. Del mismo modo que las setas venenosas se extienden y nacen por doquier en el suelo, así los judíos se desparraman por todos los países de la tierra. Así como las setas venenosas llevan en sí una terrible desgracia, de igual manera los judíos son la causa de la pobreza y de la necesidad, de la enfermedad y de la muerte. La juventud alemana debe conocer ese hongo venenoso que es el Judaísmo. Tiene que saber qué peligro suponen los judíos para el pueblo alemán y para todo el mundo. Tiene que saber que el problema judío es para todos nosotros una cuestión de destino.

Los relatos breves que incluimos en este libro revelan la verdad de esta seta venenosa judía. En ellos podrá el lector observar las diferentes formas de que se revisten los judíos. En ellas se nos muestra el envilecimiento y la bajeza de la raza judía. Se nos muestra a los judíos tal y como son en realidad, como demonios en forma humana. 


Cuento infantil histórico "La Seta Venenosa" de Julius Streicher; traducción facilitada por Assif Mohamed (agradecimiento especial).






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