domingo, 10 de mayo de 2015

LA DIVISIÓN AZUL (2): "El Relato Divisionario ha elaborado una imagen amable y romántica de los combatientes españoles, en particular en todo lo relativo al contacto con la población civil rusa y la cuestión judía."



LA UNIÓN HISPANO-GERMANA

La España nacional salió de la Guerra Civil profundamente germanófila. La admiración por el Tercer Reich de muchos vencedores de 1939, y no sólo Falangistas, se expresaba en las decenas de cartas de felicitación que recibió la embajada alemana en Madrid en fechas como la capitulación de Francia, los cumpleaños de Adolf Hiltler o el comienzo de la Operación Barbarroja. En el verano de 1941, muchos católicos de comunión diaria vieron en las tropas de la Wehrmacht un ángel exterminador que derrotaría al Bolchevismo. Y la mayoría de la oficialidad intermedia y baja del Ejército español, incluyendo al influyente estrato de los suboficiales y «alféreces provisionales» creados durante la Guerra Civil, compartían una admiración por Alemania que tenía mucho que ver con su entusiasmo ante lo que parecía ser una máquina militar invencible. Esa fascinación llevó a más de un ex combatiente Franquista a escribir a la embajada alemana en Madrid en mayo de 1940 y a ofrecer su concurso a «aquel ejército triunfante contra los mismos que habían apoyado al Frente Popular durante nuestra guerra». 

El reclutamiento de miles de voluntarios entre las bases de FETJONS a comienzos del verano de 1941 para alistarse en la División Española de Voluntarios o División Azul (DA), enviada al frente ruso en julio de ese año y por la que pasaron más de cuarenta y seis mil españoles, halló en un principio una notable acogida. Las motivaciones que llevaron a alistarse a muchos jóvenes, Falangistas y no Falangistas, eran múltiples. Los oficiales y suboficiales del Ejército, aun compartiendo el anti-Comunismo, tenían como objetivo prioritario el acumular méritos de guerra. Hubo igualmente cientos de forzados a alistarse por diversas causas. Pero para muchos voluntarios la empresa de la División Azul pareció ser la oportunidad de oro para acumular méritos guerreros con que, a su vuelta, imponer el Estado Totalitario con el que soñaban. Admiraban ideológicamente al Nacional-Socialismo, pero la imagen que muchos pudieron forjarse de la Alemania Nazi antes de conocerla era vaga e imprecisa.

No es que hubiese Nacional-Socialistas españoles. Los más entusiastas partidarios del Tercer Reich se definían a sí mismos como Falangistas fieles al legado de sus fundadores, profundamente hispánico y cristiano. Algunos grupúsculos reclutados entre las bases militantes Falangistas adoptaron de forma clandestina simbología Nazi y emprendieron alguna campaña de boicot a ciudadanos británicos o partidarios confesos de los Aliados en algunas provincias. También constituyeron asociaciones de apoyo a la «Gran Alemania», como fue el caso de Valencia. Pero un Nazismo español sólo fue elaborado de forma balbuciente, bajo la tutela del director del Instituto Iberoamericano de Berlín, Wilhelm Faupel a lo largo del último tercio de 1944 y principios de 1945, como intento desesperado de forjar un programa ideológico para los pocos cientos de voluntarios españoles de las Waffen SS y la Wehrmacht que aún combatían entonces por el Tercer Reich.

La aventura de la División Azul llevó a los soldados españoles a experimentar un contacto cercano con el Tercer Reich, así como con el Ejército alemán y las duras condiciones del frente oriental, aun cuando la unidad española estuvo destinada en zonas relativamente estáticas y tranquilas, el frente Norte, primero en la línea del río Volchov-Novgorod (octubre de 1941-agosto de 1942) y más tarde en el flanco sur del cerco de Leningrado (agosto de 1942-fines de 1943). Oficiales y soldados pudieron conocer de cerca la sociedad del Tercer Reich y muchas de las facetas de la guerra de conquista que la Alemania Nazi y sus aliados estaban conduciendo en el territorio soviético. [...]

El retorno de la mayoría de los combatientes de la División Azul dio lugar a una nutrida publicística. Ésta última contribuyó a elaborar una narrativa particular que llamaremos el Relato Divisionario, una construcción del recuerdo y la experiencia de los soldados españoles de la DA que fue cambiante a lo largo del Franquismo y la Democracia Reinstaurada tras 1975-1978. El Relato Divisionario ha elaborado una imagen amable y romántica de los combatientes españoles, en particular en todo lo relativo al contacto con la población civil rusa y la cuestión judía. Y ese relato ha demostrado una gran capacidad performativa. Pues no sólo elaboró una justificación adecuada de la participación española en una guerra de conquista, sino que también halló un lugar de honor en la memoria oficial del Ejército español desde la Transición; y al mismo tiempo fue capaz de crear una leyenda que impregnó la percepción de la propia División Azul por parte de amplios sectores de la izquierda. Leyenda no muy distinta de la elaborada por parte de la publicística de posguerra alrededor de la experiencia de los soldados italianos en el frente oriental.

El Relato Divisionario también construyó una imagen propia de las experiencias de los soldados y oficiales de la DA en la Alemania Nazi, con el Ejército alemán como institución, con los soldados germanos como camaradas y rivales, y finalmente con la propia población civil del Tercer Reich. ¿Cuál fue la distancia entre lo recordado y reinterpretado, y lo realmente vivido?


Xosé M. Núñez Seixas; del libro "El Tercer Reich, la Wehrmacht y la División Azul, 1941-1945: Memoria e Imágenes Contrapuestas."







1 comentario:

  1. Saludos camaradas: Soy español y nieto de teniente franquista, y aunque mi abuelo no estuvo en Rusia si continuó como militar otros 25 años. Aunque no comparto todo lo que dice el articulo, os felicito por la labor de divulgación realizada, es importante que la gente sepa que como dijo Mussolini; Un buen fascista se hace con libros y fusil" y que la gente no crea que los neo nazis son únicamente los cabezas rapadas que pegan a los demás en el metro. En cuanto a la div.Azul me gustaría reseñar que no solo no se le dio publicidad al regresar a Madrid, sino que se hizo de tapadillo debido a la (para mi cobardía) de Franco de jugar a dos bandos. Negociaba con Inglaterra y EEUU y a la vez mandó "voluntarios" que aquí le eran incómodos a Alemania. No hay que olvidar que la Falange era la izquierda de la derecha en España y que los verdaderos falangistas eran un estorbo para el Caudillo. Felicidades. Seguiré su blog. Un saludo. Angel Garcia.

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