jueves, 7 de mayo de 2015

ROBERTO FARINACCI 14 (color): "En tanto que estemos unidos, nadie podrá hacernos nada. El Pueblo italiano, con unas pocas victorias militares, puede ser de nuevo agrupado bajo sus banderas; el Ejército saldría más unido de esta situación y el Partido con más fortaleza. Pero si nos peleamos unos con otros, nos barrerán sin compasión."

Víctor Manuel III, Rey de Italia

MUSSOLINI CONFÍA EN EL REY

21 de julio de 1943.- Mussolini me dijo:

-Estése tranquilo. He de informarle que, en todo lo que al Rey concierne, estoy completamente al corriente. Le he visto esta mañana, y con una sonrisa afectuosa, casi paternal, me ha golpeado con su mano en el hombro y me ha dicho: “Querido Mussolini, malos tiempos son éstos para ti. Me gustaría que supieses que cuentas con un amigo. Y si, por una absurda suposición, todo el mundo te abandona, yo sería el último en hacerlo. Sé demasiado bien lo que Italia y la Casa de Saboya te deben.”

Estas palabras me animaron algo. Está claro que el Rey se encuentra al lado del Duce y, por consiguiente, al lado nuestro. Ciertamente, un Rey no se vuelve atrás de una palabra dada. Salimos juntos del Palacio de Venecia. Ciano y yo fuimos andando despacio, mientras charlábamos hacia casa. Ciano se mostraba muy confuso. Le hablé de su popularidad, de la impresión que causaría a todo el Pueblo si abandonaba a su suegro, después de haberle venido todo de él; de la situación italiana, en fin, que tan sólo podía ser salvada con una fuerte unidad de propósitos.

Ciano meditó sobre todo ello, y luego exclamó:

-Es extraño que usted, Roberto, que me conoce tan bien entre todos mis amigos, me haya reprendido en esos términos. Además, estoy cansado de oír que le debo a mi suegro mis éxitos y mi posición. Esto no es cierto. Sé muy bien que tengo una personalidad muy señalada y que soy muy capaz. De cualquier modo, aprecio mucho al Duce porque conozco su firme espíritu y su bondad sincera; pero me he adherido al “orden del día” de Grandi porque quiero salvar al Duce y apartarle de enormes responsabilidades que he asumido o que le han sido puestas sobre los hombros. Todos esos generales incapaces y todos esos políticos sin ideales sacan ventaja de que el nombre de Mussolini lo cubra todo, y ocultan sus verdaderos propósitos y su incapacidad de esta manera. Grandi es un caballero y, como Fascista, tiene un pasado demasiado limpio para sospechar que esté conspirando contra Mussolini y contra el Fascismo. Grandi quiere salvar al Partido y a la nación.

LOS PROYECTOS DE GRANDI

-Es usted muy ingenuo - le contesté - y no conoce a los hombres; Grandi es un sinuoso gusano, un adulador de nacimiento y, de hecho, un traidor innato. Cree que la nave se está hundiendo y, por consiguiente, se dispone a seguir uno de estos dos caminos: o salvarse con el Fascismo - en cuyo caso sus aspiraciones son las de suceder al Duce - o, si el Fascismo cae, intentar salvarse con el Rey y llegar a ser Jefe del Gobierno. En cualquier caso, sus objetivos son: expulsar, no solamente a Mussolini, sino también a todos nosotros, los verdaderos Fascistas, y liquidar la moral y los ideales fundamentales de la Revolución, aceptando probablemente una paz por separado.

-Muy bien, muy bien - respondió Ciano -. Admitamos que esta absurda hipótesis es cierta. Pero Grandi y los otros serían partidarios de una paz negociada, que al menos, podría salvar parte del poderío italiano. Y, como todos seremos siempre Fascistas en el timón, nadie puede sospechar que se llegue drásticamente a una liquidación del Fascismo.

-De nuevo tengo que decirle que es usted un ingenuo. En primer lugar, porque una paz por separado hay que negociarla, no solamente con el enemigo, sino también con el aliado; pues sería una tontería, por no decir una traición, creer que mañana podrían ser depuestas las armas en Italia, los Balcanes y Francia, en el aire y en el mar, sin haber dado tiempo a los alemanes a situarse en posiciones estratégicas y a cubierto de la nueva situación. Además, los alemanes, por la fuerza de las circunstancias, no estarán dispuestos a dar fácilmente su consentimiento. Ello supondría la dispersión de las fuerzas italianas en el exterior y la guerra en el interior entre las fuerzas enemigas. Todo ello sería degradante; el deshonor para nuestro Ejército, la destrucción de nuestras ciudades y una doble invasión de toda nuestra patria.

En segundo lugar, está usted equivocado si piensa que tiene a la Monarquía de su lado. Según mis informaciones, la Monarquía o el grupo Badoglio-Acquarone arrojarían a Mussolini con gusto por la borda para salvarse ellos mismos, y no precisamente para salvar a usted, a Grandi, a Bottai o a Federzoni. Ese grupo se aprovecha de tontos como ustedes para apartarles luego y abandonarles como a limón exprimido. Escúcheme, pues tengo experiencia. En tanto que estemos unidos, nadie podrá hacernos nada. El Pueblo italiano, con unas pocas victorias militares, puede ser de nuevo agrupado bajo sus banderas; el Ejército saldría más unido de esta situación y el Partido con más fortaleza. Pero si nos peleamos unos con otros, nos barrerán sin compasión.

LOS ANTI-FASCISTAS

- Créame. Hasta esos sucios y pequeños brutos conocidos como anti-Fascistas, cuya existencia hemos permitido deslizarse en pequeñas camarillas, se pondrían de nuestro lado y se proclamarían los “victoriosos”, cuando usted sabe muy bien, que nosotros apenas nos dignamos prestarles atención. Usted conoce, por ejemplo, al prefecto Carini, de Cremona. Pues bien; tiene un hijo, llamado Tomás, que es un joven educado, pero aburrido, cuya cabeza está llena de viento y es un enfermo mental. Tomás es un revolucionario y un profesional de la emboscada. Ha llegado hasta colocarse bajo mi protección, ya que tiene mucho miedo, y ha dicho a sus amigos que, por el contrario, está deseando pelear contra el Fascismo cuando llegue la ocasión. Por el momento sé que en su casa de Milán, donde vive con una mujer judía, ha escondido a un anti-Fascista, un pretendido profesor de Filosofía, perseguido y buscado por la Policía. Este hijo del prefecto, que ha estudiado con la ayuda mía y la de Masi, que fue empleado en el Instituto de Política Internacional gracias a mí, que se ha escondido por miedo y que, si se le diera mañana la oportunidad de luchar contra los Fascistas se ocultaría más todavía; este joven, que se encuentra en contacto con De Ruggiero (26), que se llama a sí mismo dirigente, del clandestino Partido de Acción - en el cual figuran numerosos espías de la O.V.R.A. (27) como miembros y hasta como dirigentes -; este gusano, en fin, ha tenido la audacia de pedirme consejo y ayuda y cree que es un héroe por atreverse a llegar hasta mí, mientras yo, que lo sé todo, y a pesar de todo no me he molestado ni siquiera en levantar un dedo para aplastarle por temor a ensuciarme. Pues bien; este muchacho es un ejemplo vivo de esos que se proclamarían los “victoriosos” del Fascismo si los planes de Grandi se llevaran a cabo.

Ciano pareció sorprendido por mis palabras, al mismo tiempo que afectado, y me dirigió una sonrisa alentadora de comprensión amistosa en el momento de despedirnos.

(26) Guido de Ruggiero era catedrático de Historia de la Filosofía en la Facultad del Magisterio de Roma. De estirpe liberal, militó siempre contra las ideas Fascistas.

(27) Policía Política Italiana en los tiempos del Fascismo. 


Diario de Roberto Farinacci.






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