sábado, 27 de junio de 2015

EL CRUCERO KOENIGSBERG: "Militarmente hizo algo más. Acosado por la presión de fuerzas navales enemigas muy superiores, no sólo en número, sino por la potencia de los barcos. Los ingleses sufrieron 11 bajas en el ataque. “El ‘Koenigsberg’ ha sido destruido, pero no vencido”, consignó su Comandante en el parte oficial del combate."



LA AVENTURA DEL KOENIGSBERG

Las proezas del crucero alemán “Koenigsberg” durante la guerra, no fueron tan sonadas como las de sus hermanos el “Emden” y el “Karlsruhe”, ni tan novelescas como las historias de los cruceros auxiliares “Moewe”, “Wolff” y “Seeadler” y del pequeño “Ayesha”, navíos cuyas interesantes aventuras han servido de tema para sendos libros alemanes traducidos a varios idiomas, el castellano entre ellos.

El haber del “Koenigsberg” como corsario fue breve: se redujo a una sola presa, la del vapor inglés “City of Winchester”, de 6,600 toneladas, capturado el 06 de agosto de 1914 en la travesía de Colombo a Inglaterra, a 280 millas al este de Aden. El crucero alemán utilizó una semana al vapor británico como depósito de víveres y combustible durante su correría y lo echó a pique luego de poner en salvo a la tripulación prisionera.

Militarmente hizo el “Koenigsberg” algo más, destruyendo el día 20 de septiembre al crucero británico “Pegasus”, que estaba fondeado en Zanzíbar. Contaba el “Pegasus” 15 años de servicio, desplazaba 1,135 toneladas, su andar era de 20 nudos y montaba 8 cañones de 102 mm como artillería principal.

El “Koenigsberg”, botado al agua en 1905, desplazaba 3,400 toneladas, su andar llegaba a los 24 nudos e iba armado con 10 cañones de 105 mm como artillería de mayor calibre, breve margen de superioridad artillera que le bastó para salir indemne del combate, sostenido a distancias desde 10 a 6 kilómetros de su adversario, al que infligió cerca de un centenar de bajas entre ellas 34 muertos.

Estos fueron los dos actos salientes, de la carrera bélica del “Koenigsberg”, y no obstante, el crucero alemán ha merecido de tal manera los honores del enemigo, que se ha publicado un libro dedicado exclusivamente a él, escrito por el oficial de la Armada británica Edward Keble Chatterton, autor de otras obras sobre la Guerra Marítima de 1914-1918, como “Los buques-trampas contra los submarinos alemanes” y “Los corredores de los mares”, editadas posteriormente en francés, igual que “La aventura del Koenigsberg”, por la casa Payot de París, especializada en esta clase de publicaciones históricas relativas a la Guerra Mundial en su fase marítima.

Y es que la aventura del “Koenigsberg”, como denomina el autor del libro, a la breve participación activa del navío en las operaciones de la campaña marítima y al largo y difícil curso de la ofensiva naval inglesa para aniquilarlo, representa un caso curioso de la técnica naval, único en la numerosa y variada serie de episodios que contiene la historia de la Gran Guerra.

Porque el “Koenigsberg”, acosado por la presión de fuerzas navales enemigas muy superiores, no sólo en número, sino por la potencia de los barcos destacados en su seguimiento, tuvo que refugiarse en el estuario del río Rufiji, cuyo delta laberíntico era un verdadero escondite dificultoso de descubrir por sus adversarios, que cuando consiguieron dar con él aun necesitaron más de medio año para llegar a destruirlo. Y cuando el crucero germano era una especie de cesto metálico acribillado por los proyectiles ingleses y devastado por el incendio de las explosiones, todavía la tripulación, sobreviviente en la mayor parte pudo desembarcar cañones y pertrechos para seguir combatiendo en el suelo africano.

El “Koenigsberg”, al mando del Capitán de Fragata Max Looff (últimamente Vicealmirante de la Armada Germana) estaba de estacionario en el África Oriental alemana. En vísperas de romperse las hostilidades, zarpó de Dar es-Salam, encontrando en alta mar el día 31 de julio a la división naval inglesa de apostadero en el Cabo de Buena Esperanza, formada por los cruceros “Hyacinth”, “Astrea” y “Pegasus”. El Comandante Looff conocía por la telegrafía sin hilos el estado de grave tirantez de relaciones entre su país y la Gran Bretaña, y desvió su ruta, alejándose a la velocidad de 22 nudos, de la escuadra que dentro de poco había de su ser su contendiente y uno de sus buques, su víctima.

La táctica que su situación aislada imponía al Comandante Loof, no podía ser otra que realizar operaciones de audacia, golpes de mano atrevidos contra el Comercio Marítimo enemigo para perturbarlo y dañarlo, rehuyendo el encuentro con fuerzas superiores y vencer las enormes dificultades que se presentaban para el aprovisionamiento de víveres y combustible del crucero.

El desastre del “Pegasus” causó un deplorable efecto en la Marina Inglesa y la opinión pública de los aliados. El Almirantazgo de Londres se vio precisado a tomar medidas excepcionales para vengar el agravio. Pero el “Koenigsberg”, después de su hazaña en Zanzibar, no daba señales de vida.

Se reforzó potentemente la División naval de El Cabo con cruceros de velocidad y armamento bastantes para batir con seguridades de éxito al barco alemán.

Transcurrió un mes sin que sus perseguidores pudieran localizar el refugio del “Koenigsberg”, que eI día 30 de octubre fue descubierto por el crucero inglés “Chatham”. El crucero teutón se había internado aguas arriba del río Rufiji, cuya desembocadura al Océano Índico es un dédalo de vías de agua que se entrecruzan en el sentido de los cuatro puntos cardinales y se comunican entre sí, de modo que una embarcación de calado suficiente puede navegar por ellas y esconderse en sus recodos al abrigo de la frondosa y elevada vegetación tropical que se extiende hasta las orillas.

Como los cruceros ingleses enviados en persecución del “Koenigsberg” calaban más que éste, que se había introducido río adentro hasta una distancia superior al alcance de la artillería de sus enemigos, la táctica de la flota británica forzosamente era la de bloquearlo y aguardar; operación poco brillante, que inmovilizaba en la desembocadura del Rufiji un importante núcleo de buques de guerra que hacían mucha falta en otras partes.

Así transcurrieron los meses, hasta que el Almirantazgo inglés, que antes había reforzado las fuerzas bloqueadoras con aparatos de aviación que efectuaron arriesgados vuelos y sufrieron dolorosos accidentes, envió los dos monitores “Mersey” y “Severn”, cuyo calado les consentía remontar el Rufiji, y llevaban cañones de 152 mm, de calibre superior a los alemanes.

En los días 6 y 11 de julio de 1915, se lanzaron los monitores al ataque a fondo contra el “Koenigsberg”. Su resultado fue la destrucción, aunque incompleta, del navío, que el Comandante Looff, gravemente herido, ordenó volar después de desalojado por la tripulación, que tuvo 19 muertos y 45 heridos. Los ingleses sufrieron 11 bajas en el ataque. “El ‘Koenigsberg’ ha sido destruido, pero no vencido”, consignó su Comandante en el parte oficial del combate.

Las fuerzas navales británicas movilizadas exclusivamente contra el “Koenigsberg” fueron el acorazado “Goliath”, cruceros “Hyacinth”, “Ghatham”, “Darmouth”, “Weymouth”, “Pegasus”, “Pyramus”, “Pioneer”, “Fox” y “Astrea”, monitores “Severn” y “Mersey” y muchos navíos auxiliares; total, más de 40 mil toneladas de barcos de guerra contra las 3,400 que desplazaba el “Koenigsberg”.

El libro de Keble Chatterton es una narración muy completa, detallada e imparcial de las operaciones de la flota inglesa contra el crucero alemán y contiene una porción de documentos inéditos de sumo interés. Es un complemento de la bibliografía alemana acerca de la gesta del “Koenigsberg”, contenido en la monumental historia de la Guerra Marítima, editada por el Almirantazgo alemán (“Der Krieg zur See”), que dedica especial atención a la campaña de sus cruceros.


Juan B. Robert; 07 de marzo de 1933.






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