jueves, 9 de julio de 2015

ELECCIONES DE 1933: "Si Hitler quisiera mermar la autoridad de sus compañeros de Gabinete, socavando sus posiciones, ningún momento más indicado para ello que el de estas horas. Sin embargo, lo primero que Hitler ha hecho es asegurar que la actual composición del Gobierno será mantenida intacta. Los 17 millones de votos del día 5 exigen la realización de parte del Programa Nacional-Socialista, exigen trabajo y pan."



LAS ELECCIONES NO MODIFICAN AL GOBIERNO

El hecho de que la misma Prensa Nacional-Socialista haya calificado como un “éxito del Gobierno Nacional” lo que en realidad ha sido un triunfo exclusivo de Hitler y la Propaganda “Nazi”, descubre un nuevo e importantísimo aspecto de las relaciones de Hitler con el Gabinete que él preside. La opinión general de que la colaboración del “Führer” con sus aliados gubernamentales tiene un carácter completamente forzado, no parece ser totalmente justa. Por de pronto todos los rumores que atribuían a Hitler la intención de realizar un “putsch” la noche del 4 al 5 han quedado convertidos en nada. Pero, además, si Hitler quisiera mermar la autoridad de sus compañeros de Gabinete, socavando sus posiciones, ningún momento más indicado para ello que el de estas horas en que toda Alemania vive bajo la presión del gran efecto producido por las elecciones del domingo. Sin embargo, lo primero que Hitler ha hecho es asegurar que la actual composición del Gobierno será mantenida intacta. Para los que saben que Hitler no es hombre que ceda bonitamente sus éxitos a sus vecinos, este hecho tiene una profunda significación.

Otra porción de circunstancias y detalles que han salido a la superficie sobre la marea de las elecciones delatan que Hitler está, en cierto modo y por el momento al menos, dispuesto a renunciar a la dictadura personal exclusivista en beneficio de una colaboración con Hugenberg y von Papen. Frente al lenguaje exaltado y extremista que acostumbran a emplear los periódicos Nacional-Socialistas no puede menos de llamar la atención el tono con que el “Völkischer Beobachter” (órgano central del Partido) da cuenta del triunfo electoral. En la editorial del lunes pueden encontrarse párrafos como este: “Adolf Hitler no quiere establecer tiranía alguna, como muchos equivocados creen todavía hoy”. De este modo Hitler prosigue la línea de “legalidad” que había señalado como la única línea de su Partido hace ya tiempo. Claro que esta “legalidad” tiene sólo media cara, la que mira hacia el Palacio de la Presidencia y a las fuerzas que Hugenberg y von Papen representan; la otra, la que mira hacia los enemigos políticos, no existe.

Pero, ¿cómo podrá el Jefe “Nazi” aliar aun esta “legalidad” de media cara con las promesas de su Programa? La circunstancia de que Hugenberg y von Papen hayan logrado mantener apenas sus posesiones mientras Hitler arrastraba seis nuevos millones de votos, la circunstancia de que hayan votado a los Nacionál-Socialistas 17 millones de ciudadanos y sólo 3 millones a sus cofrades gubernamentales, no es puramente casual. Los 17 millones de votos del día 5 exigen, por lo menos, la realización de parte del Programa Nacional-Socialista, exigen trabajo y pan. Pero, pan y trabajo no se consigue prohibiendo periódicos y amordazando al enemigo político, persiguiendo a los intelectuales. El gran y difícil problema que ante Hitler se presenta consiste en no defraudar las ilusiones de los que el día 5 depositaron su confianza en las manos de Hitler y no atacar, al propio tiempo, los intereses que sus compañeros de Gobierno representan.

Después del día 5 no puede negarse que el Pueblo alemán desea ardientemente una profunda transformación de la Política alemana. Pero Hitler no quiere, presionado por sus compromisos, derogar dictatorialmente la Constitución. Sin derogar la Constitución toda transformación profunda de la Política alemana es difícil. El camino que conduce a la solución es el de la derogación del texto constitucional legalmente, mas para esto es preciso disponer no de la mayoría de la Cámara, sino de sus dos tercios, de lo que no dispone el Gobierno. Desde la implantación de la República toda modificación constitucional era imposible porque los Partidos Socialista y Comunista dispusieron siempre de más del 33 por ciento de los diputados, pero ahora estos dos Partidos no alcanzan más que el 30 por ciento y la llave para las modificaciones constitucionales ha pasado a manos del Centro, el cual se encuentra con esta nueva clave como compensación de la tradicional clave parlamentaria que poseía. Para una modificación constitucional legal Hitler no tendría que someterse sólo a las condiciones de sus compañeros de Gobierno, sino también a las condiciones del Centro. Ya se ve, por tanto, que para toda transformación constitucional le queda al Nacional-Socialismo poco campo de acción.

La resistencia que las elecciones ha quebrado totalmente es la que al “Gobierno Nacional” le habían opuesto las regiones del Sur y sobre todo Baviera. Esta grave dificultad la ha encontrado resuelta el Gobierno dentro de las urnas. El enorme incremento del Partido Nacional-Socialista precisamente en el Sur, donde hasta ahora había logrado menos éxito, señala que al Gobierno le basta con convocar nuevas elecciones para hacerse en todas las regiones con mayoría parlamentaria. Consecuencia de este hecho ha sido la intervención, realizada ya el mismo lunes, contra las dos ciudades mercantiles independientes, Bremen y Hamburgo, y contra el Estado libre de Hessen.


Augusto Assia; Berlín, Marzo de 1933.






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