martes, 25 de agosto de 2015

EUROPA BÉLICA: "¿De dónde saltará la chispa que ponga fuego al polvorín? Verosímilmente, de Dantzig o de Austria. Polonia, nación mediterránea, pidió y obtuvo en Versalles una salida al mar. Esa salida fue Dantzig. Mussolini anunció que la nueva guerra europea comenzaría en 1935. ¿No habrá sido demasiado optimista?"



DOS PUNTOS NEURÁLGICOS

El artículo que se reproduce a continuación es producto de la opinión pública que se tenía a la llegada reciente del Nacional-Socialismo al poder en Alemania, aunado a la incertidumbre y desconfianza internacional que reinaba posterior a la Primera Guerra Mundial. Para esta fecha el Proyecto Social NS aún era desconocido para todos. 

Según noticias recibidas de París, en Varsovia, se teme un golpe de mano Hitlerista contra el famoso “pasillo” de Dantzig. Parece que se prepara una expedición armada de milicianos de la “svástica” y que esos milicianos imitarán la conducta de Gabriel d'Annunzio en Fiume y de los peruanos loreteños en Leticia. Algún periódico ha recordado el famoso “raid” del Doctor Leander Jameson contra el Transvaal, antecedente de la guerra Anglo-Boer.

Pero si los incidentes de Fiume y de Leticia sólo tuvieron importancia secundaria, porque intervinieron en ellos para quitarles gravedad, influencias diplomáticas y factores geográficos, la violación por los Hitlerianos del pasillo de Dantzig, en estos momentos de hiperestesia internacional, tendría un alcance enorme y unas derivaciones catastróficas. Polonia respondería automáticamente sacando la espada. Y Francia y la Pequeña Entente acudirían en su socorro.

Otro de los puntos neurálgicos de Europa es Austria. En Austria vienen actuando fuerzas contradictorias, cuya hostilidad tiene repercusiones europeas. Y el triunfo de Hitler ha agudizado sus odios. La idea del “Anschluss”, de la unión con Alemania, era vista con agrado por los Socialistas austríacos. No tenían inconveniente alguno en que su macrocéfalo país, de vitalidad herida en sus raíces económicas, se adhiriera al Reich como un Estado federado más, igual que Baviera o Sajonia. Pero cuando pensaban así, regía en Alemania la Constitución de Weimar, republicana, liberal, socializante, muy impregnada de Obrerismo Sindicalista.

Hoy han cambiado radicalmente las cosas. Ya, prácticamente, Alemania ha dejado de ser una República. Fue abolida la bandera republicana y reemplazada por la antigua imperial. El Socialismo es expulsado de todas sus posiciones. Se ve en peor situación que se viera cuando le herían las leyes represivas bismarckianas. Sus enemigos irreducibles le asestan golpe tras golpe. Sin prensa, sin círculos, sin mayorías municipales, arrojados de las Dietas y los gobiernos federados, sufre y calla. Es un vencido. Tuvo un día la autoridad y la fuerza. Y no supo qué hacer con ellas. Poco a poco fue retrocediendo y debilitándose. Dejó que el Fascismo, ridículo y débil al día siguiente de los sucesos de Munich, fuera adquiriendo masas y organización, y cuando quiso, detenerle era ya tarde.

Y naturalmente, el Socialismo austríaco no quiere trocarse en esclavo de Hitler. Dueño absoluto de Viena que es su ciudadela inexpugnable, se atrinchera en ella y moviliza. El “Anschluss” le horripila. Y pide auxilio a las democracias europeas.

El Fascismo alemán necesita abatir a la República de Austria, para poder tender la mano a los otros dos Fascismos europeos, el italiano y el húngaro. Viena en poder de Pabt y sus satélites, significaría algo más que una victoria política. Desde el mar del Norte al Danubio rumano y desde la frontera polaca al Adriático, una Europa autoritaria, antiliberal, xenófoba, de un Nacionalismo exaltado y armado hasta los dientes, se erguiría amenazadora, desafiando a la otra Europa liberal y pacífica, y veríamos al viejo continente dividido en tres campos, porque no puede olvidarse a la Rusia Roja.

¿De dónde saltará la chispa que ponga fuego al polvorín? Verosímilmente, de Dantzig o de Austria. Polonia, nación mediterránea, pidió y obtuvo en Versalles una salida al mar. Esa salida fue Dantzig. Para ir desde sus límites al famoso puerto, le dieron una zona internacionalizada, que separa virtualmente del resto de Alemania a la Prusia Oriental, solución ambigua y peligrosa, solución que repugnó a todos los espíritus clarividentes. Pero Polonia no puede renunciar a esa ventaja, que representa para ella un símbolo, más que una satisfacción de orden económico. Pilsudski tendría detrás a toda la nación, apenas se supiera en Varsovia que resonaba en el pasillo dantziguiano rumor de armas alemanas. Y el Occidente europeo y Rumania, Checoslovaquia y Yugoslavia, no podrían tolerar tampoco que se instalaran en Viena los Fascios como prólogo de una anexión a Alemania o de una restauración austrohúngara de los Habsburgo. Ya se dijeron, acerca de esa doble eventualidad, fuertes y graves palabras.

Mussolini anunció que la nueva guerra europea comenzaría en 1935. ¿No habrá sido demasiado optimista?


Fabián Vidal; 18 de marzo de 1933.






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