miércoles, 19 de agosto de 2015

GERMANOS Y SEMITAS: "La verdad es que un judío alemán se distingue de un germano incluso en el modo de andar. La perseverancia moral del judío ha cooperado no poco al fomento del sentimiento antisemita en Alemania. En ningún momento de la historia de Alemania el elemento judío ha logrado fundirse en el crisol de la idoneidad germánica."



LA CUESTIÓN JUDÍA

En Alemania viven alrededor de 500 mil judíos. De ellos, en Berlín, cerca de cien mil. Los primeros judíos llegaron a Alemania durante el siglo XVI, instalándose en el país al socaire de la libertad de conciencia que el Protestantismo trajo consigo. Más tarde tuvieron lugar grandes inmigraciones judías inmediatamente después de la guerra de 30 años y después de la guerra europea. Mientras en los pueblos del oeste el judío se ha asimilado casi por completo a la población autóctona, en Alemania ha conservado denodadamente muchos de sus caracteres y peculiaridades raciales. Con todo lo asombroso que ello pueda parecer, la verdad es que un judío alemán, cuya familia tiene una procedencia alemana secular, se distingue de un germano incluso en el modo de andar. No ya en los caracteres físicos, que los judíos conservan de manera sorprendente, sino en los gestos más sutiles y perecederos, como la risa, la mímica, se diferencia el semita, agudamente, del alemán germánico: un ejemplo extraordinariamente curioso es que a pesar de que los alemanes consideran como un acto de mal gusto y poca educación el accionar con las manos mientras se habla, los judíos alemanes siguen aún hoy accionando con la misma gracia y desenvoltura de aquellos semitas medievales que los grabados antiguos representan describiendo una parábola perfecta con el índice.

Esta perseverancia moral del judío ha cooperado no poco al fomento del sentimiento antisemita en Alemania. El “ser diferente es ser indecente” es una norma ética correspondiente al momento de apogeo en la historia de todos los pueblos. Durante el apogeo industrial alemán, la “diferenciación” judía produjo entre el Pueblo un rencor concentrado que a la vuelta de años, manejado por Hitler, había de convertirse en un gran poder político. En ningún momento de la historia de Alemania el elemento judío ha logrado fundirse en el crisol de la idoneidad germánica. Lo cual, naturalmente, no quiere decir que el sector judío haya vivido paralelo al sector germánico, sin cruzarse con él, pues aunque, biológicamente es posible que el concepto fuera, a grandes rasgos, justo, la verdad es que en la vida material e intelectual de Alemania el Judaísmo ha sido una especie de injerto fecundador formidable. Pero el judío se ha formado en una especie de quiste social autónomo dentro de la sociedad alemana. Los judíos y las familias judías son amigas entre sí, con una amistad exclusivista. Ya los chiquillos en las escuelas públicas comienzan a aislarse, casi inconscientemente. Es muy raro encontrar una familia germánica y judía amigas, si esta amistad no está provocada por otros motivos que los de la simpatía espontánea, como los intereses económicos, intelectuales, etc. Quizá en esto deba hacerse una diferenciación para los gremios mercantil e intelectual, donde los judíos tienen una gran importancia. Comerciantes e intelectuales se entienden bien con los judíos.

A través de la historia, el Estado alemán ha considerado siempre a los judíos como un Pueblo emigrante y extraño, con mayores o menores alternativas. Un rey, Guillermo I, que fue gran amigo de los judíos, se tomó sobre sí la tarea de fundirlos en el Pueblo alemán. Una de las acciones encaminadas a ello consistió en la “alemanización” de todos los apellidos semitas. Desde entonces el Cohn se convirtió en Blumenthal, pero en realidad la fusión de los dos grupos raciales adelantó poco. Hoy levanta el mismo rencor el apellido Blumenthal que hace un siglo levantaba el apellido Cohn.

Hasta el advenimiento de la República continuaron los judíos alemanes, aun aquellos cuyas familias llevaban residiendo en Germania cuatro siglos, disponiendo de derechos mucho más restringidos que el resto de los ciudadanos alemanes. El camino de la función pública y de la política les estaba totalmente cerrado. El Primer Ministro judío que ha habido fue Walther Rathenau. La República derogó todos los derechos de casta. Desde entonces los judíos tuvieron una actuación mucho más importante dentro de la esfera pública.

El odio engendrado por aquella característica racial-psicológica singularizadora, y encrespado ya por el hecho de que los pocos judíos que en la Banca o el Comercio se destacaban adquirían a los ojos del Pueblo un carácter de invasión, aumenta después de la República de un modo terrible. Con los judíos ocurre una cosa muy curiosa; como los miles de judíos que son obreros o empleados o campesinos no aparecen en la escena de la popularidad, y sólo aparecen aquellos que son grandes banqueros o grandes comerciantes, las gentes llegan a creer que todos los judíos son grandes banqueros, grandes comerciantes, que son los acaparadores del capital.

El comprender tal estado psíquico del Pueblo alemán y fomentarlo para aprovecharse de él ha constituido una de las columnas del Movimiento Nacional-Socialista. Lo que en la Teoría Socialista representa la lucha de clases, está representado en la Teoría del Nacional-Socialismo por la lucha contra los judíos. “El judío es el microbio de todos los males que le ocurren a Alemania”; esta afirmación se ha convertido en un axioma del Nacional-Socialismo. Tanto como por la exaltación mística de los valores raciales germánicos, ha despertado Hitler el entusiasmo de las masas con el ataque contra los judíos. En la Prensa Nacional-Socialista la palabra judío aparecía siempre acompañada de los sustantivos “ladrón”, “asesino”, “criminal”, etc. De mil modos se ha incitado, durante toda la historia del Movimiento Nacional-Socialista, a la acción contra los judíos. Basta con recordar la “razzia” efectuada el año 1931, en la propia Kurfürstendamm, por uno de los más conspicuos Jefes “Nazis”, el Conde Helldorf. Dicho sea en honor de la verdad, Hitler ha sido siempre, en el ataque contra los judíos, mucho más cauto, y menos rencoroso que los Subjefes Nacional-Socialistas. En ningún artículo ni en ningún discurso de Hitler existe una incitación al “progrom”.

A tal estado de ánimo se había llegado, que la mayoría de los judíos alemanes, la mayoría de los mismos alemanes, incluso, creían que el advenimiento al poder de Hitler sería acompañado, con infalibilidad de sombra, por un “progrom” cruelísimo. Hasta el extranjero había llegado a trascender el espectro de la “noche de San Bartolomé”. Los judíos de Berlín, que en su mayoría son las gentes que más sufren bajo los efectos de la crisis, han pasado unos días de horripilante sobresalto. La inmensa mayoría de los judíos que viven en Berlín son pequeños comerciantes, abogados, médicos, intelectuales y empleados; es decir, pertenecen a los sectores más cruda e implacablemente castigados por la crisis, muchos de ellos se encuentran arruinados, muchos en paro forzoso y sin el socorro, siquiera, que los obreros perciben. Del subalquiler de habitaciones y de menguados restos de antiguos días de esplendor viven hoy la mayoría. En esta situación la psicosis producida por el temor al “progom” ha sido todavía más intensa. Muchas familias judías se han encerrado en sus casas y no han salido en varios días.

Sin embargo, desde que Hitler ha llegado a la Cancillería no se ha dictado ni una sola medida contra los judíos. Tampoco se conoce ningún caso extraordinario de violencia contra elementos de la raza judía. La misma acción efectuada por la policía en la “Unión de Judíos Alemanes” no ha tenido, en realidad, otro motivo que el de facilitarles unos titulares escandalosos a los periódicos Nacional-Socialistas. En todo caso, maniobra electoral. Pero ni contra los intereses de los judíos ni contra su vida se ha hecho absolutamente nada. Las manifestaciones o los excesos de unos cuantos “SA” no pueden imputársele al Gobierno. Claro está que los periódicos Nacional-Socialistas, más con fines propagandistas que de otra índole, siguen lanzando insultos contra los judíos, mas ello no puede tomarse en serio como “voluntad” gubernamental.


Augusto Assia; Berlín, febrero de 1933.







1 comentario:

  1. Este blog va de seleccionar artículos que dejan a Hittler como un tío majo que no controlaba periódicos y que casi no odiaba a los judios aunque no le importo dar ordenes de asesinar?¿ y todo ello sin reconocer la autoría de lo dicho y sin ser fascista porque es una recolección de autores? tiene un blog para opinar o solo difundir mierda sin culpa?

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