miércoles, 19 de agosto de 2015

HEROÍSMO RENOVADO: "En vez de los lacónicos ciudadanos enchisterados, se han llenado las calles de Berlín de desfiles uniformados y marciales. A los salmos piadosos los han sustituido himnos bélicos. En vez de la Bandera Republicana, ondea la Bandera Monárquica en todos los edificios públicos, por orden de Adolf Hitler."



EL ENEMIGO

Desde 1918 Alemania celebra cada año el “Día en recuerdo de los muertos de la Gran Guerra”. Hasta ahora ha sido siempre un día de remembranza piadosa y lacónica. Los periódicos aprovechaban la ocasión para publicar artículos pacifistas, en tonos necrológicos, hablando de los horrores de la guerra. En las calles se veían más personas enchisteradas que nunca, camino de los cementerios, con las coronas ensartadas en el brazo. Coronas que tenían un aire florido de salvavidas; algo así como si los que las portaban se hubieran salvado en ellas de la inundación bélica. La pacífica Bandera Republicana se izaba a media asta en todos los edificios públicos. El carácter que el “Día en recuerdo de los muertos de la Gran Guerra” ha tenido este año ha sido diametralmente distinto. Se celebra 42 días después de la instauración del “Gobierno Nacional”, ocho días después, del gran triunfo electoral Nacional-Socialista, como surgiendo del fervor de la victoria.

Los periódicos pacifistas, que siguen publicándose, no se han atrevido a repetir sus pláticas sentimentales de los años anteriores. En vez de los lacónicos ciudadanos enchisterados, se han llenado las calles de Berlín de desfiles uniformados y marciales. A los salmos piadosos los han sustituido himnos bélicos. En vez de la Bandera Republicana, ondea la Bandera Monárquica en todos los edificios públicos, por orden de Adolf Hitler.

La víspera del “Día en recuerdo de los muertos de la Gran Guerra”, el Ministro del Aire, Lugarteniente de Hitler, Hermann Goering, ha pronunciado un discurso en Essen, con motivo de la inauguración de la “Exposición alemana del Aire”, un discurso del cual son estas frases:

“Si hoy no quiere hablarse en Ginebra ya de la Aviación Militar, sino fingiendo un tono ingenuo, de la Aviación, lo que detrás de ello se esconde es la voluntad destructora de nuestros enemigos, la voluntad de destruir la aviación civil en sus comienzos. Pero, pueden estar ustedes seguros de que los enemigos se destrozarán contra mí. Yo les prometo que tales maniobras encontrarán en mí una roca de bronce. A pesar de haber sido repetidamente incitado a ello no he querido ir yo mismo a Ginebra. Pero si yo voy a Ginebra y hablo allí, entonces ha sido dicha la última palabra”.

Después, Goering recuerda que en la Guerra Mundial los alemanes lucharon en el aire con una fuerza diez veces superior a la suya, y no obstante “donde hemos encontrado al enemigo le hemos batido”.

No necesitan largos comentarios los asertos de un Ministro que habla con tal claridad. La palabra enemigo ha surgido de nuevo no ya sólo en los discursos de Goering, sino en la boca del Pueblo. En estos días, como nunca, se discute en Alemania sobre la batalla del Marne. Todos los periódicos y revistas publican grandes planos y grandes disquisiciones sobre la gran tragedia del Marne. La creencia general de que la guerra se perdió por no haber seguido matemáticamente los planos trazados por el Estado Mayor, vuelve a tomar cuerpo popular. En el “Teatro de la Nollendorfplatz” se está poniendo en escena una tragedia que se titula “La batalla del Marne”, de estilo típicamente bélico. En varios cines a la vez se proyecta la película “Amanecer”, que presenta la guerra en el mar, señalando la alegre y positiva heroicidad del marino alemán frente a la innobleza y la cobardía del marino inglés. Hitler, Hugenberg y von Papen asistieron al estreno de esta película, fabricada por la casa “UFA”, propiedad de Hugenberg. Después del estreno Hitler hizo declaraciones a un periodista inglés, afirmando “que semejantes películas no hacían más que envenenar el ambiente”. Sin embargo, no ha sido prohibida. Más de la mitad de las películas que se ruedan actualmente en los cines de Berlín, tienen por motivo la guerra. En la mayoría no es mencionado sino el aspecto positivo, heroico, generoso de la guerra, y son cuidadosamente ocultados todos sus horrores y sus consecuencias.

El ataque de Polonia, infringiendo el Tratado de Versalles, en Dantzig, ha contribuido extraordinariamente a enfervorecer el alumbramiento bélico que estos días se siente. Pero, sobre todo, ayuda a encandilarlo la ineficacia de la Conferencia del Desarme. En estos mismos días Hitler ha tenido que dar una orden, en la cual exige a sus hombres la más estricta disciplina: “Tienen que cesar de un modo absoluto hechos como el de molestar a extranjeros que se encuentran en Alemania”.

El “Día de los muertos de la Gran Guerra” tiene, pues, este año otro ambiente que en los anteriores. Los muertos que antes no encontraban otro eco que el de las plegarias, han encontrado ya su símbolo: el enemigo. Palabra que había desaparecido de la circulación oficial en Alemania. No obstante, sería excesivo tomar como sustancial un estado de ánimo que es puramente accidental, un estado de ánimo que en realidad es más que nada un reflejo de las luchas interiores y una estela, a punto de morir, de las frases propagandistas que los “Nazis” hubieron de lanzar sobre las masas para llegar al poder.


Augusto Assia; Berlín, marzo de 1933.






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