viernes, 11 de septiembre de 2015

CUADRUNVIRATO EUROPEO: "Si la imaginación pública se limpiara, advertiría que no siempre es verdadera revolución el estrepitoso derrumbamiento. El triunfante Nacional-Socialismo rompe con las normas funestas de la política inter-europea. Los aliados no se hallan ya ante un pueblo derrotado, sino ante un país de dignidad patriota."



NO HAY GARANTÍA CON VERSALLES

El comunicado oficial sobre las dos entrevistas que han celebrado Ramsay Mac Donald y John Simon con Benito Mussolini no permite creer que se hayan abordado temas particulares como la cuestión de Dantzig, las posiciones en el Mediterráneo, ni siquiera los proyectos de desarme. El “Premier” y el “Duce” han fijado sus coincidencias sobre una nueva Política Exterior para alejar el peligro creciente de una guerra. Tres son los puntos cardinales de Inglaterra e Italia; revisión de tratados dentro del cuadro de la Sociedad de Naciones; invitación a las pequeñas potencias a acatar la tutela de las cuatro potencias mayores, Inglaterra, Francia, Alemania e Italia. Tan cargada está la atmósfera europea, que hay quien opina que el rasgo de Mac Donald nos ha librado de una nueva hecatombe. Es la segunda vez que se habla de este peligro. Recuérdese el riesgo que al parecer acarrearon las últimas maniobras navales de Italia.

Al mismo tiempo que se efectuaban las entrevistas de Roma, en Berlín, un equipo francés de fútbol empataba con otro alemán. Se dijera un símbolo casual y oportunísimo del principio de igualdad. Se acabó con la vieja política del equilibrio entre grupos armados de naciones. Esto quiere decir que Francia será invitada a renunciar a su hegemonía continental y a su influencia particularista sobre la Pequeña Entente y Polonia. Y bien puede afirmarse que, sin decirlo directamente, se alude a la situación dramática en torno al corredor polaco, polvorín que incendiaría a muchas naciones.

A veces, sin estridencias, se operan profundos cambios. Si la imaginación pública se limpiara de sombras fantasmagóricas, advertiría que no siempre es verdadera revolución la truculencia, el estrepitoso derrumbamiento de la fachada política de una época. Mac Donald acaba de hacer algo más efectivo como “Premier” del Gobierno Nacional Británico que como líder del Laborismo. También es más importante lo que hace Adolf Hitler bajo el color Nacionalista que bajo el Social de sus propagandas iniciales. Mussolini fue el primero en imponer una política revolucionaria de realidades desconcertantes.

Francia está conmovida. No puede uno menos de simpatizar con los motivos de su inquietud. Un Pueblo que en pocos años ha visto dos veces invadido su territorio (sin resultar en ninguna de las dos guerras vencedor, en el sentido absoluto y militar de la palabra), no puede creer en la paz internacional si no se somete a ese belicoso vecino a un régimen de austeridad y carestía de armamentos. Pero hoy el vencido es un elemento indispensable para el resurgimiento de Europa. Es más, hoy el vencido es quien impone la norma que debe seguirse. Mac Donald, en efecto, ha ido a Roma impulsado por los acontecimientos de la política alemana. El triunfante Nacional-Socialismo rompe de hecho con las normas ineficaces, funestas, de la política inter-europea. Los aliados no se hallan ya ante un pueblo derrotado, sino ante un país que se lanza al desquite, poseído de arrogancia, pero también de dignidad patriota. Es indudable que si Alemania hubiera poseído la potencia armada y clandestina que sus enemigos dicen posee, no hubiera seguido tanto tiempo sometida a una desigualdad que hería su amor propio y que lesionaba grandemente sus intereses. Pero Alemania se muestra decidida a armarse en la proporción en que lo están sus vecinos: el ideal de pacifismo francés no tiene ya por garantía el Tratado de Versalles en cuya justicia nadie cree. Ha fracasado la política del miedo. La paz requiere mejores estímulos.


La Vanguardia; 21 de marzo de 1933.







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