viernes, 18 de septiembre de 2015

EL CLUB DE LOS CUATRO (3): "Daladier tiene que escoger entre Ginebra y Londres. Londres significa el aislamiento de uno contra tres. Ginebra representa, en cambio, para Francia, el apoyo de sus aliados. De cuya solución depende el porvenir de toda la humanidad."

Sir John Simon


PAVIADA INTERNACIONAL

Cuando hace unos días la pareja Mac Donald-Simon llegó a Ginebra, los primeros rumores atribuían a los Ministros británicos el propósito de aplazar indefinidamente la Conferencia del Desarme. El contacto con la realidad ginebrina hizo que Mac Donald no se atreviera a insinuar el cerrojazo y que se apresurara a ultimar el famoso proyecto de desarme presentado a la Conferencia hace precisamente ocho días.

Es verdad que esta presentación fue seguida de una semana de descanso, destinada, según se afirmó entonces, a que los Gobiernos pudiesen examinar a fondo el proyecto y encauzar su discusión en la sesión plenaria señalada para hoy. Pero surgió mientras tanto el Plan Mussolini y esto ha bastado, por lo visto, para que Mac Donald se olvidara completamente del proyecto británico presentado el jueves pasado en Ginebra con tanta solemnidad. Un telefonema de Londres, y en lugar de reanudar sus trabajos la Conferencia del Desarme, iba a reunirse esta mañana para conceder al dictado de Inglaterra, un aplazamiento que según algunos podía muy bien constituir un punto final.

Pero las horas pasadas por Mac Donald en Ginebra no fueron, por lo visto, suficientes para revelarle el cambio profundo realizado desde el instante en que, cesando de ir a remolque de las grandes potencias, los Estados de segundo y tercer orden terminaron por imponer su punto de vista en el conflicto chino-japonés. De haberse percatado de esta variación, el Primer Ministro británico se hubiese evitado la situación desairada en que se ha encontrado hoy.

Por segunda vez en el espacio de algunos meses, las grandes potencias baten retirada ante la actitud decidida de la Democracia Internacional. La justa voluntad de la Conferencia del Desarme negando a aplazarse mientras se discute el Plan de Dictaduras de las cuatro potencias, no es sólo un símbolo, constituye de hecho un mal debut para el Cuadrunvirato llamado a suplantar en la mente de Mussolini y Mac Donald el pacto de la Liga y sus órganos adecuados.

La paviada ideada contra los Parlamentos internacionales, ha fracasado, y quién sabe si esta primera reacción de las no grandes Potencias habrá de representar el principio del fin del Club de la Paz.

Es posible que por falta de oradores la Conferencia del Desarme adelante las vacaciones de Pascua, pero este aplazamiento será hijo de su voluntad soberana y no obligado como el que quería imponérsele hoy. De suerte que, gracias a sus errores tácticos, Mac Donald ha aflojado el cerco de hierro que estos días se iba estrechando alrededor de Francia. Si ésta aprovecha la ocasión, podrá muy bien reconquistar el prestigio mundial de que gozaba antes entre las pequeñas potencias, las cuales se complacían en ver en Briand al defensor de las naciones y de los principios de igualdad. La clave se halla, por lo tanto, otra vez en París.

Daladier tiene que escoger entre Ginebra y Londres. Londres significa el aislamiento de uno contra tres. Ginebra representa, en cambio, para Francia, el apoyo de sus aliados Polonia y la Pequeña Entente y la simpatía de las demás potencias europeas de segundo y tercer orden.

Pocas veces los gobernantes franceses se han encontrado ante un problema tan grave, de cuya solución dependerá no sólo el porvenir de su país, sino de Europa, y quién sabe si el de toda la humanidad.


Rosselló; Ginebra, 23 de marzo de 1933.






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