sábado, 26 de septiembre de 2015

EL CLUB DE LOS CUATRO (4): "Ya lo dijo un gran político, que todo tratado es santo, pero no eterno."

Ramsay Mac Donald


CAMINO A LA PAZ

Ramsay Mac Donald ha hablado conforme a su anunciada intervención en el debate sobre Política Internacional en la Cámara de los Comunes. Esta tarde el ‘Premier’ ha hecho uso de la palabra diciendo que el Gobierno había estimado conveniente que él y John Simon se trasladasen a Ginebra, pues todos los informes coincidían en dar por fracasados los debates de la misma.

“Estos debates son de una extremada dificultad, pues en ellos hay que producir planes prácticos, sin desoír tampoco a los peritos. La última palabra debe ser política. Un plan de esta índole, para que triunfe, debe abarcar el desarme y la seguridad y debe ser aplicable a todas las necesidades a veces en pugna de unas y otras naciones. La Conferencia del Desarme no se podía prolongar indefinidamente. Nosotros abogamos por reconocer la igualdad con Alemania. Y opinábamos así porque tenemos la convicción de que han pasado los viejos tiempos en que un pueblo podía ser sometido por un grupo de naciones a obligaciones que atacasen a su dignidad.

Debemos aclarar perfectamente que las obligaciones que debemos someter a la aprobación de las naciones deben ser compatibles con el honor y la responsabilidad de las mismas, obligaciones que serán mucho más serias para todos, si se aceptan voluntariamente. Los acontecimientos recientes han venido a demostrar que es enormemente difícil dar un paso en este sentido, por eso el Plan Británico supone un período de transición. Mientras durase este período la igualdad en sí misma no sería efectiva, pero no habría rearmamento alguno”.

Después de exponer en qué forma recibió la invitación de Mussolini, Mac Donald continuó:

“Llegando a Roma se nos entregó un breve documento en que se exponía en términos generales el punto de vista de Mussolini acerca de un plan efectivo de colaboración entre las cuatro principales potencias occidentales, con el fin de mantener la paz, dentro del espíritu del Pacto Kellogg, en vez de insistir en el Pacto que se había propuesto en la Conferencia de los cinco.

El punto de vista de Mussolini es que si el Convenio de la Sociedad de Naciones impone el respeto a los compromisos, también implica la revisión de los tratados cuando las circunstancias lo exigen por crearse conflictos que ponen en peligro la armonía entre las naciones. El artículo 19 de la Constitución de la Sociedad de Naciones tiene dos partes. La primera prescribe que un tratado concluido debe respetarse y ser observado y únicamente de acuerdo entre ambas partes afectadas puede ser alterado. Pero la segunda parte prevé el caso de que con el tiempo se produzcan problemas que puedan desatar conflictos indeseados, dichos compromisos pueden entonces someterse a nuevo estudio. ‘Ya lo dijo un gran político, que todo tratado es santo, pero no eterno’.

El plan propuesto debe ser desarrollado sin rebasar los límites de la Sociedad de Naciones y de ser posible su efectividad se propone un período de diez años como primera etapa. Lo que debe decirse es que carece absolutamente de fundamento aquella noticia que pretende se ha hablado de cesiones de colonias. Ni siquiera se pronunció el nombre de Tanganyka. Las conversaciones fueron de carácter general y todos los extremos tratados se contenían en la nota de Mussolini, que se nos hizo llegar a Simon y a mí por conducto del Embajador en cuanto llegamos a Roma. No se nos pidió asentimiento o disconformidad. Se deseaba simplemente que estudiásemos el asunto. Lo prometimos, como asimismo, mantenernos en contacto.

Algunas pequeñas potencias empiezan a sentir temor de que lo propuesto tenga para ellas malas consecuencias. No deja de tener lógica lo que se arguye, pero debo afirmar que en nuestros cambios de impresiones no se pensó en prescindir de la opinión de esos Estados, a los que queremos se consulte siempre que sus intereses estén afectados por un problema. Por consiguiente, el temor que los pequeños países sienten es infundado. El método que se propone consiste en suprimir las causas de guerra en Europa. En muchos aspectos los pequeños Estados, tienen aún mayor interés que las grandes potencias en evitar los motivos de irritación y el sentimiento de ofensas entre las naciones europeas. En el camino a París dimos cuenta a los Ministros franceses de nuestras conversaciones y ellos nos dijeron que desean hacer lo posible para cooperar con las otras tres potencias en beneficio de la paz. Las cuatro potencias que se proponen esta labor son los miembros permanentes del Consejo de la Sociedad de Naciones. El gobierno inglés ahora estudia los proyectos adecuados al fin apetecido, que es un problema sumamente delicado. No es suficiente el estudiar de nuevo los tratados, sino que se necesita que algunas naciones hagan sacrificios, o sea, contribuciones tangibles. Y al hacerlo así, se entiende que hay que llegar adonde sea menester para implantar en Europa una política de amistad y colaboración.

Si, en efecto, se llegan a poner cuatro potencias de acuerdo y se llega a trazar un camino por el que marchar juntos con los mismos propósitos y los de los pequeños Estados y si así se logra estudiar las causas del miedo que ahora impiden trabajar en el desarme con buena voluntad ¿qué duda cabe de que se habrá dado el primer paso seguro hacia la paz, desde los días del armisticio?”


AgenciaFabra”; Londres, 23 de marzo de 1933.






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