viernes, 11 de septiembre de 2015

HENRY FORD 6 (color): "El mundo entero está abarrotado de desocupados. Si no se les da pronto trabajo, sus energías acumuladas buscarán la única válvula posible: una guerra."



TEMORES DE UNA NUEVA CONFLAGRACIÓN MUNDIAL

“El mundo debe de prepararse para un futuro muy próximo a una nueva Gran Guerra o a una serie de graves conflictos internacionales, si no se resuelve a superar inmediatamente la presente crisis económica.”

Así declaró Henry Ford en una entrevista concedida a la United Press, y añadió:

“El mundo entero está abarrotado de desocupados. Si no se les da pronto trabajo, sus energías acumuladas buscarán la única válvula posible: una guerra.

La paz siempre fue un problema más arduo que la guerra. Nada es más fácil que destruir, y los instintos del hombre encontrarán siempre el camino de la guerra, porque ésta es la vía más sencilla. Es por esto que la imaginación humana crea siempre nuevas máquinas de guerra; por ello es más fácil interesar a los Gobiernos por nuevos inventos de la técnica bélica e inducirlos a nuevos impuestos para los gastos militares, que no interesarlos por nuevos proyectos pacíficos de producción.

Tomemos como ejemplo la agricultura. Se dice que se encuentra en una situación desastrosa. Pero, ¿qué se ha hecho por ella en comparación de lo que se ha hecho para programas de armamentos? El mal fundamental de la agricultura consiste en creer que su misión casi exclusiva es la producción de alimentos. Dada la saturación de los mercados, la agricultura tiene que darse cuenta clara de que es insensato el procurar más productos de los que ya tenemos en sobre abundancia.

En lo futuro la producción de alimentos no será más que uno de los factores de la agricultura, y, en algunos países, solamente un factor accesorio. La agricultura deberá ser la fuente principal de materias primas para la industria, y llegará a serlo tan pronto como los hombres comiencen a interesarse más por construir que por destruir.

Entre nosotros, aquí en Dearborn, se hacen numerosos experimentos en tal sentido. En el pasado año y en el presente se han plantado millares de hectáreas de ‘soya’. Hoy ya sabemos que de la ‘soya’ podemos obtener un excelente material para fabricar los volantes de los automóviles; podemos fabricar también con ella ‘cárters’, colores y laca, y próximamente estaremos en condiciones de fabricar con esta materia prima otras partes importantes de nuestros automóviles.

La soya puede cultivarse en casi todo el mundo. En la Manchuria, donde los chinos y japoneses destruyen todos los días riquezas de millones, la soya producirá un día riquezas mucho mayores que las más grandes ganancias que los contendientes puedan sacar de la guerra. Pero esto que hablamos de la soya es solamente un ejemplo de todo lo que podríamos hacer en favor de la agricultura y de nuestro organismo económico si quisiéramos concentrar nuestra actividad sobre este objeto.

El problema de los combustibles es otro ejemplo. Todo agricultor debería estar en condiciones de producir en su propia hacienda no sólo el alcohol necesario para sus motores y para la calefacción, sino para el consumo en general, que será muy grande tan pronto como comprendamos más la posibilidad de usar el alcohol para  combustible.

No cabe duda alguna que el alcohol es el combustible del porvenir para todos los motores a combustión, tanto más cuanto que el alcohol se puede producir en la más pequeña factoría. Pero también esto es sólo un ejemplo para el porvenir de la agricultura en un mundo asequible a ideas fecundas.

Comprendo perfectamente que de las ruinas del último decenio hay que sacar mucho escombro antes de que podamos pensar en una obra reconstructiva. Entre esos escombros están también las deudas de la guerra. Si dependiera de mí, las arrojaría a aquel montón en el que ya se encuentran sus causas. A mi juicio, se deberían cancelar las deudas de guerra, especialmente las de Inglaterra. Los Estados Unidos tienen mucho que agradecer a Inglaterra.

El Rey de Inglaterra me preguntó en una ocasión qué era lo que debíamos principalmente a Inglaterra.  ‘Millones de ingleses’, le respondí. Los ingleses, los alemanes y otros inmigrantes germánicos han contribuido inmensamente a la subida de los Estados Unidos, si bien debemos mucho, igualmente, a los inmigrantes de otras naciones. Yo siempre tuve fe ciega en los ingleses y en los pueblos germánicos. Siempre están animados de la voluntad de trabajar y crear, tienen espíritu de labor y se esfuerzan por ajustar sus gastos a sus ingresos.

Eso debe ser tomado en consideración para la regulación de las deudas. La sistematización sería muy sencilla, si los Estados Unidos no tuviesen que temer que las deudas condonadas de ‘la época loca’ sirvieran para armamentos. Y eso es aplicable a todas las deudas en general; no sólo las internacionales, sino las interiores; no sólo las públicas, sino las privadas. Pero debemos tener la certeza de que la condonación sea en interés de la paz.”


Henry Ford; Detroit, Marzo de 1933.







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