domingo, 4 de octubre de 2015

¿DICTADURA ALEMANA?: "El hecho de imponer el Principio de la Absoluta Hegemonía, trasciende al orden de la Política Internacional con la anuencia de las jerarquías espirituales y políticas más caracterizadas."



EL III REICH

El artículo que se reproduce a continuación es producto de la opinión pública que se tenía a la llegada reciente del Nacional-Socialismo al poder en Alemania, aunado a la incertidumbre y desconfianza internacional que reinaba posterior a la Primera Guerra Mundial. Para esta fecha el Proyecto Social NS aún era desconocido para todos. 

La ceremonia de la reunión del Reichstag en Potsdam para suspenderse “sine die”, es una página sobresaliente de la historia que vive hoy toda Europa. No cabe encerrarse en lejana indiferencia. Las repercusiones de lo que ocurre en las capitales de los Estados dirigentes, afecta a la entraña social de las demás naciones. El hecho de imponer el Principio de la Absoluta Hegemonía, trasciende al orden de la Política Internacional con la anuencia de las jerarquías espirituales y políticas más caracterizadas. Hasta ahora el privilegio de gobernar por decretos-ley era potestativo del Presidente del Reich, la carta abierta que el Reichstag ha otorgado a Hitler, pone en manos del Canciller estos poderes dictatoriales. El discurso del Führer encierra dos paradójicos postulados: la restauración del Militarismo alemán y, a la vez, la proclamación de una Alemania pacifista.

Paul von Hindenburg había dicho que jamás entregaría el poder al Jefe Nazi. Hoy ambos se unen para rendir tributo oficial ante la tumba de Federico el Grande. El glorioso Mariscal se encuentra a gusto en la atmósfera creada por el intrépido Canciller y su Jefe de Propaganda, Joseph Goebbels. Pero si observamos la impresión que ello causa en Francia, donde además se siente escapar el apoyo incondicional de Inglaterra (a ésta le pesaba mucho Locarno), puede decirse que hay presagios tormentosos. Y no es sólo Francia: Hungría y Austria se sienten conturbadas, pues mientras los Nacional-Socialistas alemanes quieren la fusión con Alemania, los Socialistas no quieren sino un Anschluss de carácter puramente económico. Temen la absorción nacional del Hitlerismo. El Canciller, Cristiano-Social, Engelbert Dollfuss, con el apoyo del “heimwehren” y confirmado en su puesto por el Presidente Wilhelm Miklas, hace esfuerzos por mantener el orden un tanto dictatorialmente, con limitación de prensa y el anuncio de una Reforma Constitucional que convierta el Consejo en una Cámara de Corporaciones y Regiones. Hoy son cuatro los representantes Nazis en Viena. Se cree que unas elecciones les darían 40 puestos.

Veamos cómo se expresan algunos comentaristas: “El advenimiento del Hitlerismo ha abierto en la Europa Central una era de violencia, demagogia y desorden intelectual y material, cuyas funestas consecuencias no podemos todavía calcular; si Austria no se defiende con energía, corre el riesgo de ser la primera víctima”.

“Le Temps” expone así el pensamiento de la vecina República: “La verdad es que Alemania está en las manos de un solo hombre, de un dictador que gobierna como dueño absoluto para y por un partido de esencia revolucionaria, con métodos de violencia procedentes de la dictadura rusa. Con la persecución de Socialistas y Comunistas y las represalias contra la Democracia y el ‘Centrum’, Alemania está en plena guerra civil. Los Nazis, dueños de la calle, no obedecen ni al Führer, y en un verdadero desencadenamiento de odio, comprometen peligrosamente al Pueblo alemán”. El órgano gubernamental francés termina amenazando con medidas enérgicas si se intenta trasladar esta violencia a los problemas de las fronteras.

Los poderes dictatoriales recabados por Hitler, anulan un Reichstag en que los Nazis y los Conservadores Nacional-Socialistas, que forman los grupos gubernamentales, no pasan del 52 por ciento de la representación nacional. Atraídos, por fin, los votos Católicos ("porque su abstención tampoco hubiera impedido el resultado”), anulados los 120 diputados demócratas y excluidos los 81 Comunistas, Hitler ha podido cómodamente derruir el baluarte republicano de Weimar ¿Y después? Seguramente, a pesar de la afabilidad británica, las reclamaciones exteriores del III Reich, la reconquista de las Colonias (¡quién le hace soltar hoy al Japón sus mandatos!), no se presentan como triunfos tan fáciles, como panoramas tranquilizadores.


La Vanguardia; 24 de marzo de 1933.







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