sábado, 10 de octubre de 2015

EL CLUB DE LOS CUATRO (6): "¿Pero dónde comenzarían y acabarían las revisiones? Nadie puede decirlo. Y aquí está, más que en lado alguno, la dificultad máxima con que tropezarán los negociadores del que ya denominan Pacto de Roma."

Benito Mussolini


¿QUÉ HARÁ FRANCIA?

Francia, a la hora actual, está casi sola. Casi sola, porque la siguen en su órbita algunas pequeñas naciones: Bélgica, Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia. Pero las grandes naciones están contra ella. Últimamente, la ha abandonado Inglaterra.

Éste es el hecho que se desprende de las entrevistas de Roma. Ramsay Mac Donald ha aceptado en principio el Plan de Mussolini: Mussolini quiere, en suma, revisar los Tratados y destruir la Sociedad de Naciones. Pretende que todo gire en Europa -¿y en el mundo?- en torno a un concierto de cuatro potencias iguales y dominantes: Italia, Inglaterra, Alemania y Francia. El Japón ha salido de la Sociedad de Naciones. Los Estados Unidos y Rusia no pertenecen a ella. Desde el momento que Francia, Italia, Alemania e Inglaterra pactan y decidan sin curarse del gran organismo burocrático imaginado por Wilson, se vuelve automáticamente a la era de las viejas alianzas, que acabara en la conflagración de 1914.

Supongamos que Francia se resigna. En la nueva Cuádruple Inteligencia, tendría fatalmente tres enemigos encarnizados. El Fascismo italiano y el Fascismo alemán harían bloque. Inglaterra se uniría a dicho bloque, desde luego, pues su política, después de la victoria, ha recobrado, en lo que se refiere al continente europeo, sus esenciales características. Nada de compromisos. Vigilancia atenta de las supremacías amenazadoras. Y Alemania, durante muchos años, no será temible en los mares.

Leamos las vagas notas publicadas en París y Londres después de las conferencias de Roma. Ramsay Mac Donald ha traído de las orillas del Tíber el encargo de convencer a los franceses. Mussolini, por su parte, convencerá a Hitler.

Y la prensa de París, arisca, malhumorada, melancólica, dice que se intenta algo así como un guillotinamiento por la persuasión. ¿Cómo será posible que Francia se avenga a revisiones? Ya cedió en lo que respecta a las indemnizaciones y deudas. Alemania no le dará un céntimo en lo sucesivo. Pero Alemania, la Alemania belicosa del Tercer Reich, exige que le devuelvan sus antiguas fronteras imperiales y sus colonias perdidas. Alsacia, Lorena, Eupen Malmedy, Posnania, Dantzig, el pasillo prusiano, Silesia, y los territorios que le arrebataran en Asia, África y Oceanía. Potsdam ha triunfado de Weimar y todo se vuelve, allende el Rhin estrépito de armas.

Tal vez Ramsay y Mussolini crean que los alemanes se conformarán con el “statu quo” en el Oeste. Pero entonces, habría que darles al Este compensaciones. ¿Y cómo? ¿Se va a despedazar de nuevo a Polonia? La Posnania, el antiguo ducado de Posen, es un fragmento vivo del reino polaco de los Jagellones. Desde fines del siglo XVIII resistió heroicamente la anexión espiritual. El polonés posniano no renunció a su idioma, su religión ni su historia. Acordémonos del fracaso del intento de germanización de Bulow. “Esos polacos, sucios y obstinados, que se multiplican como conejos...”, dijo decepcionado el Príncipe Canciller, luego de haber visto cómo sus leyes y decretos eran inoperantes, y sólo servían para envenenar más el problema...

Mussolini quiere que, Polonia y Checoslovaquia, y probablemente Bélgica, cedan y se sacrifiquen. En cambio, él ha declarado intangible la línea del Brenner. Los germanos de Austria.

Las reivindicaciones húngaras, dirigidas contra Yugoslavia, Checoeslovaquia y Rumania, hallan en la prensa del “Duce” favorables apoyos. ¡Esos pobres magyares del Banato y de Transilvania!... En cambio, los infortunados tiroleses, hoy súbditos de Víctor Manuel, no merecen ni que se hable de ellos…

Es indudable que los Tratados que pusieron fin a la Gran Guerra, no son perfectos. Breno los inspiró en gran manera. Pero es indudable también que pusieron fin a grandes iniquidades históricas. La resurrección de Polonia, el engrandecimiento de Rumania, la creación de Yugoslavia y de Checoslovaquia, para poner sólo algunos ejemplos, fueron saludados con júbilo por todos los amantes de la justicia. Hoy, Europa está organizada de un modo más acorde con la razón que antes de 1914. No era justo que los polacos estuvieran divididos en tres porciones territoriales anexionados a tres naciones distintas, ni que los italianos de Austria no volvieran al seno de la Italia unificada, ni que la heroica Bohemia, que sucumbió en la batalla de la Montaña Blanca, no recobrara su nacionalidad gloriosa, ni que los eslavos del Sur no se unieran en un pueblo fuerte, ni que los rumanos de Transilvania no se agregaran a sus hermanos de Valaquia y de Moldavia...

¿Que esas vastas rectificaciones no se lograron sin que se cometieran injusticias? ¿Que el pasillo de Dantzig es un disparate geográfico, económico y político? ¿Que la Silesia es tan alemana como polaca y checa? ¿Qué hay demasiados magyares sometidos a ajenos yugos? ¿Pero dónde comenzarían y acabarían las revisiones? Nadie puede decirlo. Y aquí está, más que en lado alguno, la dificultad máxima con que tropezarán los negociadores del que ya denominan Pacto de Roma.


Fabián Vidal; 28 de marzo de 1933.







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