domingo, 4 de octubre de 2015

PROBLEMÁTICA INTERIOR: "Podrá acusarse al Régimen Nacionalista de muchas cosas, de lo que no podrá acusársenos es de ser aburridos."



EL HAMBRE, LOS SÍMBOLOS Y LA ESTADÍSTICA

El artículo que se reproduce a continuación es producto de la opinión pública que se tenía a la llegada reciente del Nacional-Socialismo al poder en Alemania, aunado a la incertidumbre y desconfianza internacional que reinaba posterior a la Primera Guerra Mundial. Para esta fecha el Proyecto Social NS aún era desconocido para todos. 

La transformación en el sistema de las relaciones de propiedad que exigía el programa Nacional-Socialista ha sido totalmente olvidada. Y no lleva trazas de emerger en la memoria de los nuevos regidores de Alemania. En realidad, los Nazis no han cumplido ni una sola de las promesas de índole económica que le habían ofrecido a las masas. Ni las han cumplido ni las mencionan ya siquiera. Lo que han cambiado en cambio, ha sido todos los símbolos. Y algún símbolo lo han multiplicado, incluso. Desde hace bastante tiempo saben muy bien los Nazis que la embriaguez de símbolos puede hacer olvidar el hambre de muchas cosas. Ahora se trata de hacer olvidar el hambre de pan. También en esto comienzan a darle lecciones a los Republicanos. Los Republicanos, que han gobernado en Alemania desde 1918 no sólo dejaban que la gente pasara hambre, sino que, lo que era mucho peor, la dejaban que se aburriese y la dejaban que hablara del hambre. Más que la propia hambre, fue el aburrimiento y el continuo hablar sobre ella la que produjo la desesperación popular que acabó con el espíritu de la República. Los Nazis, en cambio, es verdad que siguen dejando pasar hambre, pero han prohibido hablar de ella. Y además, entretienen a los hambrientos con símbolos y con fiestas. El otro día en un artículo lo decía el Doctor Goebbels:

“Podrá acusarse al Régimen Nacionalista de muchas cosas, de lo que no podrá acusársenos es de ser aburridos”.

En vez de la Bandera Republicana se izan ahora dos: la Monárquica y la de la Revolución. Un símbolo hecho dos y una contradicción. La plaza de la República volverá a llamarse Plaza del Rey. Las águilas imperiales han vuelto a sus altos pedestales. A los desfiles militares, siguen las retretas; a las retretas, las procesiones de bengalas. Entre discursos de Hitler, Goebbels y Goering.

Hace un mes que en los periódicos no ha vuelto a aparecer la palabra hambre, que se ha quedado como congelada para toda la eternidad en las decapitadas colecciones de los periódicos suspendidos. El hambre ha desaparecido, incluso del vocabulario de los mendigos, que si no ha disminuido en número desde que gobierna Hitler, adoptan, por lo menos, un aire mucho más optimista.

Pero el Gobierno está decidido a que desaparezca la palabra hambre todavía más radicalmente. Tan radicalmente como la palabra Marxismo, que, según Goering, será arrancada de todos los libros y en 50 años no se sabrá ya lo que significa. Está dispuesto a que desaparezca también en su expresión matemática.

En Alemania existe una “Oficina General de Estadística”, cuyo director era el profesor Wagemann. Un hombre de derechas, afecto al Partido Populista: no obstante lo cual, fue elevado al puesto de Jefe de las Secciones de Estadística del Reich, por un Gobierno Socialista. Es uno de los mejores economistas alemanes y uno de los hombres que ha colaborado más al progreso de la estadística en el mundo. Ajeno a la “Oficina General de Estadística”, el profesor Wagemann creó el “Institut für Konjunturforschung”, mencionado aquí repetidamente. El “Institut für Konjunturforschung” es el establecimiento estadístico que goza de mayor prestigio en el mundo; su misión consiste en estudiar las oscilaciones económicas en el mundo entero, de un modo comparativo.

El profesor Wagemann no es sólo un hombre de derechas, lo que actualmente no hubiera sido más que beneficioso para él; es además, desgraciadamente, un espíritu científico riguroso y un amigo, inconmovible, de la verdad estadística. Las estadísticas de su Instituto pasan, entre los economistas y financieros de todos los países, por ser las más independientes y las más exactas. El “Institut für Konjunturforschung” ha sido, hasta ahora, el único semáforo con garantía, para seguir la marcha de la crisis mundial y sus múltiples accidentes. Sólo el “Institut für Konjunturforschung”  publicaba el verdadero número de parados existentes lo mismo en Alemania que en los demás países; sólo él seguía con absoluta rigurosidad la curva de producción, así como su repercusión en la vida de los obreros.

Ahora, el Ministro de Economía, Señor Hugenberg, acaba de separar de la dirección del “Institut” al profesor Wagemann, aduciendo argumentos completamente pueriles. Tras este ataque contra el “Institut für Konjunturforschung”, lo único que puede columbrarse es la consecuencia con que el Gobierno persigue todas las fuentes de revelación que pudieran ser molestas a su política. Desde ahora no hay más remedio que acoger con la mayor precaución y reserva las estadísticas que el régimen Hitler-Hugenberg-Papen comiencen a lanzar a la publicidad. Y si uno quiere entusiasmarse con algo, entusiasmarse con los símbolos.


Augusto Assía; Berlín, marzo de 1933.







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