domingo, 8 de noviembre de 2015

CRISIS ECONÓMICA (5): "Quiere decir con ello que el pago de grandes sumas a los vencedores, en concepto de reparaciones, ha empobrecido a Alemania, no dejándole riqueza consumible suficiente para el funcionamiento normal de su economía."



LAS REPARACIONES DE GUERRA

El artículo que se reproduce a continuación es producto de la opinión pública que se tenía a la llegada reciente del Nacional-Socialismo al poder en Alemania, aunado a la incertidumbre y desconfianza internacional que reinaba posterior a la Primera Guerra Mundial. Para esta fecha el Proyecto Social NS aún era desconocido para todos. 

He aquí la tercera y última de las tres causas a que el Ministro de Hacienda del Reich, Schwerin von Krosigk, atribuye la crisis económica: “las sangrías continuas en concepto de reparaciones”.

Quiere decir con ello que el pago de grandes sumas a los vencedores, en concepto de reparaciones, ha empobrecido a Alemania, no dejándole riqueza consumible suficiente para el funcionamiento normal de su economía.

¿Es eso exacto? ¿Puede ocurrir así? Si nuestra casa se derrumba, podremos sufrir los rigores de la intemperie; pero no nos faltará trabajo mientras subsista la necesidad de construirnos un albergue, y nadie nos lo impida. Si un ladrón nos roba el dinero, padeceremos privaciones hasta reponerlo, pero habremos de trabajar con más ahínco para subvenir a nuestra necesidad. Lo que no puede ocurrir es que nos veamos obligados a cruzarnos de brazos, precisamente porque el ladrón nos haya robado o nuestra casa se haya derruido. Pues lo mismo acontece con el pago de las reparaciones.

El hecho, en Alemania misma, contradice clamorosamente la afirmación de su Ministro. Han entregado considerables riquezas a los acreedores; pero no por eso escasea la riqueza en Alemania; antes al contrario: los artículos de riqueza desbordan en sus almacenes, sin recibir la visita del comprador, y su herramental productor de riqueza, renovado, moderno, gigante, permanece parcialmente ocioso por que no tienen dónde colocar toda la riqueza que podrían producir, ni siquiera en los países acreedores.

Mirado desde un ángulo, el problema no es de escasez de riqueza, sino de plétora de riqueza; no de insuficiencia de medios productivos, sino de superabundancia de medios productivos. Si las reparaciones los han dejado pobres, ahí tienen sus elementos naturales, tierras, minas, bosques, etc. susceptibles de una explotación más intensa; sus inmensas fábricas paradas; sus capitales ociosos; sus millones de hombres holgando; esos son los factores de la producción de riqueza; ¿cómo no actúan para compensar las sumas extraídas por el pago de las reparaciones?; si esas son las potencias productoras, ¿cómo no están produciendo para superar la miseria que los aflige? Algo se lo impide, pues este “algo” es la verdadera, fundamental y primaria causa de la crisis. Las demás supuestas causas son meras incidencias en el proceso y desarrollo de la crisis.

Si la volatilización de capitales, a causa de la desvalorización de la moneda, y las sangrías de las reparaciones pagadas fueran, en verdad, las causas de la crisis, como afirma von Krosigk -la otra causa, “pérdida de la guerra”, no dice nada si no implica excesivo consumo de riquezas- el efecto, debería ser empobrecer a “todo” el Pueblo alemán, como un conjunto, no a “parte” de él. Sin embargo, los cronistas nos cuentan y las estadísticas acreditan, que la gran miseria que azota a Alemania no aflige a todos sus hijos, sino que una parte de los alemanes -minoría- vive en magnífica opulencia y aún ha acrecentado sus riquezas, sus ganancias, en los años posteriores a la guerra, a pesar de la desvalorización y del pago, y, parcialmente, a causa de ello, mientras la otra parte se ha empobrecido hasta vivir hoy sólo merced a la caridad. Esos efectos no los produce, naturalmente, el pago al extranjero.

Si el pago de las reparaciones fuera una causa concurrente con otras a la crisis alemana, la suspensión del pago de las reparaciones hubiera aliviado esa crisis. Los hombres de Gobierno abrigaban esa esperanza. Pero los hechos no la han confirmado. Aun después de la suspensión, la crisis se ha ido agravando. Es otra decepción de los pueblos; otro fracaso de los llamados técnicos que lo pronosticaban.

El pago de fuertes sumas puede aumentar la miseria de un pueblo, porque disminuye el total de la riqueza distribuible entre este pueblo. La percepción de esta verdad es la que da apariencia lógica al supuesto de que el pago de las reparaciones contribuye a la crisis alemana. Pero aquello sólo ocurre cuando la potencia productora del país de que se trata está agotada, por haber llegado al máximo, o cuanto al desarrollo de esa potencia está refrenado e impedido.

Que la potencia productora alemana no está agotada es ostensible, puesto que si tuviera compradores podría producir en cantidades prácticamente ilimitadas. Pero el desarrollo de esa potencia está impedido. No lo impide la falta de mercados; porque si faltan mercados exteriores, está vivo y anheloso el mercado interior. Las necesidades de los millones de hombres hambrientos es el verdadero mercado; pero esos hombres no tienen cosas que dar en cambio de lo que necesitan; no tienen en su mano, riqueza, o representación de derecho a riqueza -dinero- para trocarla contra aquellos otros artículos de riqueza que ellos necesitan; y no la tienen porque los productores, en su conjunto, reciben una parte proporcionalmente exigua de la riqueza que ellos mismos producen. Como reciben poco, tienen poco que dar; consumen poco; el comercio se paraliza; la industria no recibe pedidos del comercio; los dueños de las fuentes de las materias primas no reciben tampoco, a su vez, demandas de la industria transformadora. La actividad se suspende; el cuerpo nacional se anemia. Esa es la verdadera causa de la crisis en Alemania. Y en, todo el mundo.


Baldomero Argente; 04 de abril de 1933.







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