domingo, 29 de noviembre de 2015

FRANKLIN DELANO ROOSEVELT 2 (color): "Los magnates financieros sólo se han movido a impulsos del egoísmo más desenfrenado. Todo lo que tiende a mejorar el conjunto de los valores sociales tiene una importancia muy superior a la de los meros beneficios monetarios. La felicidad no descansa en la mera posesión del dinero, sino que se funda en el placer del triunfo, en la emoción del esfuerzo creador."



ACCIÓN Y ACCIÓN INMEDIATA

Las palabras que anteceden están tomadas del discurso que Roosevelt, el nuevo Presidente de los Estados Unidos, pronunció el día 4 de marzo último al tomar posesión de su elevado cargo. Son, dichas palabras, la expresión del vehemente deseo de aquel Pueblo y de su director de que las graves dificultades que afectan al país sean combatidas con la mayor eficacia, con toda la vehemencia posible, para que cese la situación de zozobra, de constante inquietud en que vive desde hace ya mucho tiempo la mayoría de los ciudadanos.

Roosevelt, en el indicado discurso, señala el camino que se propone seguir para alcanzar este resultado. En primer término, y con frases enérgicas, combate la actuación de los magnates financieros, y la de todos los que directamente influyen en las operaciones bancarias, por estimar que sólo se han movido a impulsos del egoísmo más desenfrenado. Según Roosevelt:

“Este sector de la sociedad norteamericana no está alentado por ninguna visión noble del porvenir; y en donde no existe esta aspiración a lograr un porvenir mejor que el presente, el Pueblo camina indiscutiblemente hacia un estado de progresiva decadencia, de muerte.

Todo lo que tiende a mejorar el conjunto de los valores sociales tiene una importancia muy superior a la de los meros beneficios monetarios. La felicidad no descansa en la mera posesión del dinero, sino que se funda en el placer del triunfo, en la emoción del esfuerzo creador. Palabras verdaderamente nobles, que acaso no pueden comprender quienes viven perpetuamente esclavos de sus propios caudales, lo cual constituye, la más denigrante de las esclavitudes.”

Según Roosevelt, el reconocimiento de la falsedad de la riqueza material como baluarte único del éxito en la vida, se ha abierto paso en aquel país, al cual sólo conocíamos como adorador del dólar. Y recomienda, además, el nuevo Presidente, que no se considere a la Oficina Pública o a la elevada situación política por su único aspecto del orgullo personal o del beneficio material conseguido con tales cargos; en los cuales se ha de aspirar en primer término a lograr el progreso del país por el único medio posible que consiste en la restauración de la moralidad en todos sus aspectos.

Acción, y acción inmediata, es verdaderamente necesaria en la mayoría de los países del globo para que cese cuanto antes el miserable estado de las numerosas familias que no se sabe cómo viven; estado que además tiende automáticamente a rebajar el nivel moral de los pueblos; cuando, como dice muy exactamente Roosevelt, lo que urge es elevar la moralidad de las gentes altas y bajas, ya que cualesquiera que hayan sido las normas políticas, los sistemas de gobierno, las teorías filosóficas dominantes, la experiencia histórica demuestra que, cuando ha faltado la base de la moralidad, los pueblos y las civilizaciones enteras han sucumbido.

Acción, y acción inmediata, sí; pero siempre en el sentido que exige el verdadero concepto de lo que es el progreso de la civilización, que consiste en acrecentar el mayor bienestar posible para el mayor número de hombres que sea posible. Acrecentar el bienestar del mayor número significa restar fuerza a los movimientos destructores de las sociedades humanas; es consolidar la estabilidad de los pueblos, es afirmar las instituciones capaces de mantener y elevar en todos conceptos el prestigio de las naciones. La estabilidad social basada exclusivamente en el poder público y en la violencia es siempre efímera. El descontento de los más, cuanto más comprimido está, con más estruendo determina, el día más inesperado, una explosión demoledora. Los que estiman que el ideal de los pueblos es la inmovilidad, o la reposición de estados sociales que ya pasaron, no se dan cuenta de que con sus tendencias estáticas, con sus amores por el estancamiento de las cosas y de las ideas, sólo consiguen aumentar la energía de la compresión y facilitar el que lleguen, en la forma que sea, las explosiones que tanto temen.

Acción, y acción inmediata, indudablemente. Pero antes de obrar es preciso tener idea clara de lo que se quiere realizar, de lo que se anhela conseguir por medio de la acción potente, fulminante. El concepto de que a la realización de las cosas ha de preceder un estudio detenido de los medios de llevarlas a cabo, y de los fines concretos, precisos, de lo que con su realización se desea alcanzar, no hay medio de que arraigue en las costumbres públicas de los pueblos y menos en las del nuestro, amante como pocos de las improvisaciones y de los cambios radicales de dirección, marcada generalmente por el impulso exclusivo del que está al frente del correspondiente Departamento ministerial.

Se ha escrito mucho contra los rusos y contra el desenvolvimiento de su Plan Quinquenal. Probablemente la mayoría de los defectos que se le achacan y de los obstáculos que su ejecución encuentra son ciertísimos; pero, al fin, es un plan. Y yo quisiera ver quién es el audaz que pretenda demostrar las excelencias que se derivan de obrar sin plan alguno, salga lo que saliere, derrocando hoy lo que empezamos, y no terminamos ayer. Sin llegar a los extremos de Rusia, en la concepción de los planes de acción, aun puede tomarse ejemplo del Plan de Herramental Nacional preparado por Francia, el cual es, evidentemente, un camino preciso y eficaz para mejorar el estado económico general del país vecino. Por desgracia, las agrupaciones políticas son, en general, contrarias a estas concepciones de planes de acción, por entender que restan vigor a sus poderosas iniciativas; y el resultado final se puede observar con desdichada frecuencia cual suele ser.

Acción, y acción inmediata; atendiendo, naturalmente, a los medios de obrar que efectivamente, se poseen. Llevar los límites de la actividad más allá de lo que las fuerzas propias permiten es crear, en una u otra forma, un estado de nerviosidad absolutamente artificial que a la larga determina consecuencias desagradables. Forzar el ritmo natural de la actividad de un Pueblo es producir en él una congestión de elementos extraños de los que luego es difícil desprenderse; es despertar ambiciones y esperanzas que no pueden lograrse, es preparar el terreno para que al fin se produzcan estas crisis de la inactividad nacida de que, habiéndose forzado el ritmo de la actividad, ha sobrevenido necesariamente, fatalmente, el agotamiento.

Sin un plan determinado, sin una lista ordenada y completa de lo que nos proponemos hacer, cómo lo queremos hacer, y los medios de que echaremos mano para realizarlo, podemos tener la certeza de que no pasaremos de los tanteos incoherentes, de los ensayos de funciones teatrales en cuya representación nadie puede confiar. Un pueblo sólo es fuerte y progresivo cuando desea algo fijo, concreto, determinado, que quiere lograr a toda costa. Si no sabemos al pie de la letra lo que deseamos, es muy difícil que lo lleguemos a conseguir. Y los tiempos no están para prolongados titubeos, sino por la acción, la acción inmediata.


Mariano Rubió y Bellvé; Abril de 1933.







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