domingo, 15 de noviembre de 2015

GERMANOS Y SEMITAS (15): "La Prensa Nacional-Socialista empleó ayer y hoy una fraseología y un tono sólo comparables al de los periódicos nacionalistas en los primeros días de agosto de 1914."

Propaganda Judía (anti-alemana)


EL BOICOT

“También de esta batalla saldremos nosotros vencedores”, anunciaba esta mañana en enormes caracteres, a toda plana, el Völkischer Beobachter. La Prensa Nacional-Socialista empleó ayer y hoy una fraseología y un tono sólo comparables al de los periódicos nacionalistas en los primeros días de agosto de 1914. En “Der Angriff” rezaba la titular: “El mundo entero ha de enterarse de cuál es el poder de la Alemania Nacional-Socialista”. "La guerra es ahora contra el judío". “Los judíos sufrirán en su cuerpo las consecuencias de la declaración de guerra contra Alemania”. “Alemán, defiéndete”. Una guerra de un Estado moderno, poderoso, con ilimitadas atribuciones, contra medio millón de ciudadanos, súbditos suyos, comerciantes, médicos, profesores, escritores, obreros pacíficos y desarmados que han tenido la malaventura de nacer judíos.

En el “Der Angriff”, entre las tremendas frases con que estos dos últimos días ha cargado la pólvora la campaña contra los judíos invitando al Pueblo alemán a “aniquilarles económicamente”, podía leerse el siguiente argumento: “Esos desvergonzados judíos, que siguen viviendo en Alemania y disputándoles el pan a los alemanes, a pesar del número de 'germanos' que se encuentran dentro de la tierra alemana, sin trabajo”. Claro está que “Der Angriff” no se acuerda de que en el mundo entero viven 12 millones de alemanes que mal lo iban a pasar si la prensa de los respectivos países adoptara contra ellos la táctica que “Der Angriff” adopta contra los judíos alemanes.

Como era de esperar, el Partido Nacional-Socialista ha aprovechado la falsa e inicua campaña que en algunos países se ha llevado a cabo contra Alemania, tomando como pretexto la comisión de imaginadas atrocidades contra los judíos y presos políticos, para “montar” un nuevo espectáculo propagandístico. El sábado, primero de abril, no tuvo otro sentido que el que tuvieron los días 4 o 21 de marzo: ofrecer al Partido Nacional-Socialista posibilidades para darles una cara dominada por el Nacional-Socialismo a todas las calles de Alemania.

No es preciso decir en España que en la propaganda negra extranjera contra Alemania los judíos no han tenido más participación que otro cualquiera de los sectores raciales. Pero, en Alemania, por motivos de política interior, convenía darle el aspecto de que había sido mefisto el judío el espíritu malo de la denigrante propaganda. Y el Partido Nacional-Socialista, consecuente con su táctica de conducir cada hecho hasta sus últimas consecuencias propagandísticas, ha armado en grandiosas proporciones el boicot contra los pobres judíos. Contra los pobres, digo, porque los judíos ricos están tomando el sol en primavera, hace ya días, en la Costa Azul, despreocupados de los discursos de Goebbels.

“Ningún alemán puede entrar en un comercio o un negocio judío; nadie ha de pedir auxilio a los médicos o a los abogados judíos”. “Todos los obreros y empleados pertenecientes a la raza maldita deben ser despedidos a las diez en punto del día primero de abril”. Así se anunciaba el boicot, al principio con plazo indefinido, por último -debido, según parece, a las discrepancias de criterio dentro del Gobierno- limitándolo al día primero de abril exclusivamente, con la amenaza de que si la propaganda negra no cesa, será reanudado el día 5.

El momento de iniciarse el boicot se convirtió, en Berlín, como todo lo que realiza el Partido de Hitler, en una sensación popular. Con gran gesto “militar” y gran aparatosidad, a las diez en punto las Tropas de Asalto tomaron las calles más importantes de la ciudad y, en cada calle, los comercios, cafés y demás establecimientos judíos. En los escaparates pegaron grandes carteles que decían: “Alemán, defiéndete contra la campaña judía; compra sólo en casa de alemanes”; “Prohibido comprar en este establecimiento, porque es de judíos”; “No cebes a los judíos, mientras haya alemanes que pasen hambre”. Delante de cada una de las puertas de los establecimientos boicoteados estaban formadas, cubriendo la entrada, materialmente, Tropas de Asalto. Aunque las “órdenes” para la realización del “boicot” aseguraban “que a nadie se le prohibiría entrar en los establecimientos boicoteados”, la verdad es que de hecho la prohibición ha sido absoluta. Muchos establecimientos se adelantaron a la acción Nazi, cerrando sus puertas.

Por lo demás, la estampa de la ciudad ofrecía casi un aspecto normal. No puede afirmarse que el Pueblo de Berlín haya tomado activa parte en el boicot, pero sí puede decirse que, influenciado por la campaña Nazi, lo ha presenciado con absoluta tranquilidad. Sólo en los barrios obreros podían advertirse grupos de discutidores que, en todo caso, se disolvían tan pronto surgía la policía.

Donde el boicot ha adquirido un carácter extraordinariamente desagradable, ha sido en la Universidad y en la Biblioteca Nacional, a donde no les era permitido el acceso a los que no podían demostrar que no eran judíos. Y este lamentable control, más lamentable que en ningún lado en la Universidad Alemana, matriz de las mejores ideas que ha alumbrado el mundo moderno, lo ejercían los mismos estudiantes.

Con el día del “boicot” se ha precipitado hasta las últimas consecuencias el despido de empleados, médicos, abogados, maestros, profesores, jueces, etc., judíos de diversas posiciones. Todos los médicos judíos de los hospitales, de las cajas de seguros, etc., han sido expulsados. Conozco una señorita médica, de grandes aptitudes, que había ganado una plaza en un hospital hace un año y que ayer se encontró con un oficio que dice: “Le comunicamos que ha quedado usted despedida por pertenecer a una raza ajena”. Han sido depuestos todos los jueces judíos; a los abogados se les ha prohibido el ejercicio de la profesión en la mayoría de las audiencias. Por un decreto del Ministerio de Instrucción todos los catedráticos y profesores judíos han sido destituidos, sin excepción.

El alcance que estas medidas, si no son rectificadas, van a tener para la vida de Alemania -aparte de las miles de familias lanzadas repentinamente a la más horrorosa miseria, sólo por el delito de haber nacido judías- es apenas previsible. Quienes más clara y decididamente hemos tomado posición contra los difamadores de Alemania, lanzados desbocadamente a su “negocio” en estos últimos días, estamos obligados a informar con más escrupulosidad que nadie sobre la desmedida represalia económica (verdadera guerra económica) contra una minoría oprimida. Y sobre todo contra aquella parte intelectual y científica de dicha minoría; pues el boicot para los comerciantes sólo dura un día, pero la miseria para aquellos a quienes se les arrebatan sus empleos y sus funciones, durará toda la vida. Ello será tema de otra crónica.


Augusto Assía; Berlín, abril de 1933.






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