sábado, 12 de diciembre de 2015

ADOLF HITLER 100 (color): "La enseñanza Nacional-Socialista no está al servicio de los intereses políticos de nacionalidades privadas, sino que tiene la misión de determinar la vida de un Pueblo. Coordinación. Así como para los Panteístas es el Sol la fuerza reguladora del Universo, así es, para los Nacional-Socialistas, protoplasma regulador de Germania, el corazón ardoroso del Führer."



GLEICHSCHALTUNG

Con el decreto publicado el día 08 de abril sobre el establecimiento de delegados del Reich al frente de cada uno de los antiguos países independientes alemanes, se produce un hecho angular en la crónica de la vida germánica. Las diferenciaciones, que habían de formar la Alemania múltiple de Bismarck, se originan en el mismo momento en que el Pueblo germánico, acampado entre el Rhin y el Elba, abandona su estado de barbarie (coincidiendo con la iniciación de la Era Cristiana), y se convierte en sujeto de la historia. La historia del Pueblo germánico hasta la fundación del Reich en 1871, va acompañada en sus progresos por la elástica sombra de las diferenciaciones nacionales. Y Bismarck fundó el Reich sobre el tablero de las distintas nacionalidades, aglutinándolas. Pero el Reich no nacía sobre el cadáver de las nacionalidades sino nutriéndose de la vida de ellas. Uno de los más sanos principios del Canciller de Hierro, y uno de los que facilitó más el desenvolvimiento de Alemania, fue aquél que axiomáticamente dispuso: “el Reich no ha de absorber ‘todo lo que pueda’ a las nacionalidades, sino que éstas han de otorgarle al Reich lo ‘indispensable’ para que el Reich subsista”. El mayor Federalismo dentro de la unidad mínima.

La República de Weimar ha mantenido un religioso respeto ante la “voluntad que había creado el Reich”. Según la Teoría Democrática Constitucional, el Estado alemán, es decir, el Reich, sólo podría subsistir nutriéndose de la libre savia de los Estados independientes. Uno de los factores que más colaboraron a denigrar ante las masas el régimen de Weimar, ha sido el de las contradicciones entre las distintas nacionalidades y el Gobierno Central. Mientras al frente del Reich había un Gobierno de izquierdas, dirigido por los Socialistas, en algunas regiones imperaban Gobiernos de derechas en rebeldía contra el Reich. Colisiones en las que, por la fuerza de la convicción democrática, había de ser siempre el Reich el que cediera. No pocas batallas ganó la reacción por este camino. Basta con mencionar las de Turingia y Brunswick, que están todavía en la memoria de todos. No obstante, la República no ha osado jamás mermar las prerrogativas de una sola nacionalidad.

Las nacionalidades, con su enorme fuerza histórica, proyectaban, en los primeros días del arribo al poder de Hitler, un agudo peligro sobre el Gobierno Nacional. A pesar de que Prusia había sucumbido ya ante el primer Gobierno de Franz von Papen, subsistían todavía algunas regiones, entre ellas Baviera, hostiles a la dirección que adquirían los acontecimientos. Aquí mismo fue comentada la actitud de Baviera contra Hitler, dándole el alcance que en aquel momento poseía. Más, el triunfo electoral del día 5 de marzo reforzó al Gobierno, potenciándole para encararse con las nacionalidades. Los comisarios del Reich establecieron a tabla rasa las sumisiones a la voluntad central.

La “voluntad única” de Hitler estaba ya impuesta, aunque de modo gubernamental y transitorio. Luego el Gobierno Central, por medio de sus comisarios, ordenó la disolución de todos los Parlamentos y la constitución de otros nuevos, sin elecciones, tomando “como patrón” el resultado electoral del día 5. Ahora el decreto del día 8 de abril viene a sancionar, legalmente, y a convertirlo en sistema, el procedimiento seguido hasta ahora con la Política de las Nacionalidades. Las distintas nacionalidades que forman el Reich han perdido toda su independencia y autonomía. Las funciones del Gobierno de cada una de ellas serán exclusivamente de carácter administrativo. Al frente de cada uno de estos Gobiernos estará un delegado del “Canciller del Reich”, que tendrá la prerrogativa de destituir y nombrar Ministros, de disolver y convocar el Parlamento, etcétera. Por primera vez, después de los tiempos de Bismarck, vuelve a emplearse en este decreto no la fórmula “el Gobierno del Reich”, sino “el Canciller del Reich y su Gobierno”.

Naturalmente, Hitler, como todo político de emperamento autoritario y dictatorial, no es Federalista, sino Centralista. En realidad toda la estructura ideológica del Nacional-Socialismo, cuya piedra angular consiste en la idea del “Jefe”, es Centralista.

La misma organización del Partido Nazi es totalmente Centralista. En su libro “Mi lucha”, Hitler polemiza contra la idea Federalista, y al final dice: “La enseñanza Nacional-Socialista no está al servicio de los intereses políticos de nacionalidades privadas, sino que ha de convertirse en la dominadora de la nación alemana. Tiene la misión de determinar la vida de un Pueblo, ordenándola de raíz, y debe requerir el derecho de desbrozar las fronteras que se opongan a su desarrollo”.

Hay una palabra alemana que preside los acontecimientos de estos días y llena de su sonido acerado las planas de los periódicos y el tono de las conversaciones: “Gleichschaltung”; esto, es: Coordinación. Todo ha de ser coordinado con arreglo a la voluntad reguladora que funciona en los salones de la Cancillería. Los países independientes, lo mismo que las Universidades; los colegios de médicos, lo mismo que los teatros; los periódicos, igual que las conversaciones particulares. Así como para los Panteístas es el Sol la fuerza reguladora del Universo, así es, para los Nacional-Socialistas, protoplasma regulador de Germania, el corazón ardoroso del Führer.


Augusto Assía; Berlín, abril de 1933.






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