domingo, 20 de diciembre de 2015

DEMOCRACIA OCCIDENTAL: "El Anarquista maldice del Parlamento, como de todo órgano de Poder. El Sindicalista es, por definición, apolítico y no quiere ni oír hablar de Parlamentos. ¿Y el Socialista? Su pensamiento está reflejado en editoriales muy recientes del periódico de su Partido."



DEMOCRACIA Y PARLAMENTO

El artículo que se reproduce a continuación es producto de la opinión pública que se tenía a la llegada reciente del Nacional-Socialismo al poder en Alemania, aunado a la incertidumbre y desconfianza internacional que reinaba posterior a la Primera Guerra Mundial. Para esta fecha el Proyecto Social NS aún era desconocido para todos. Cabe resaltarse, que en la Doctrina Política NS llegó a contemplarse la "Democracia" como Forma de Estado, pero con una concepción nueva, diferente y revolucionaria al tradicional concepto que impera en Occidente. No obstante, como se sabe, la Teoría del Estado NS no llegó a terminarse debido a la guerra. Por otro lado, el autor del presente artículo hace mención del "Fascismo" (que siendo estrictos es el Nacionalismo Italiano), y no del NS, que si bien es fuente inspiradora para Hitler (Nacionalismo Alemán), no es igual.

El Profesor Boris Mirkine-Guetzevitch, popular por sus trabajos difusores de las Constituciones de la Postguerra y por su Teoría de la Racionalización del Constitucionalismo, acaba de dar tres conferencias en la Universidad madrileña, acerca de “El Régimen Parlamentario de las Democracias modernas”. Su conclusión quintaesenciada puede concretarse en estas pocas palabras: "la complicación de la vida social contemporánea hace que el Estado Administrador nos toque más de cerca que el Estado Legislador"; cobra así primacía el Poder Ejecutivo; mas no por ello ha de prescindirse del Parlamento, puesto que aquél ha de apoyarse en éste. Cuando los electores votan a los candidatos de tal o cual tendencia, lo que en realidad buscan es un ministerio de determinada significación, el cual ha de actuar fiscalizado por el Parlamento mismo. Engendrar y controlar (¡perdón!), son las misiones de las Cámaras con relación a los Gobiernos.

Bien se ve que la tesis no envuelve gran novedad, ya que no fue otra la esencia del Régimen Parlamentario durante el siglo XIX. Sostener Gobiernos mediante el voto de la mayoría y vigilar su conducta, fueron siempre funciones características de todas las Cámaras.

Registró, asimismo, el conferenciante, que la función de legislar "es cada día más técnica, y menos política", por lo cual la iniciativa de las leyes ha pasado virtualmente de los Congresos a los Gobiernos y a sus órganos asesores. Mas tampoco es esto verdad sino a medias, pues coexisten dos tipos de leyes, unas de carácter ciertamente Técnico, como un Código Civil o una ordenanza aduanera, y otras típicamente Políticas, por ejemplo las que atañen a las religiones y a los cultos, o las que orientan posibilidades de paz o de guerra.

Cree, en resumen, Mr. Mirkine que será forzoso atemperar el sistema parlamentario a las necesidades (de complejidad, de especialización, de urgencia) propias de nuestro siglo; mas no apartarse de la substancia parlamentaria estructurada en el siglo XIX, porque al faltar ésta surge la Dictadura, nada recomendable en opinión del ilustre Secretario del Instituto Internacional de Derecho Público.

Deben meditar sobre estas ideas cuantos se entregan irreflexivamente a denostar o, cuando menos, a menospreciar al Parlamento. En él se concentra hoy todo el mecanismo evolutivo de la sociedad. Fuera de él surgirá fatalmente la revolución sangrienta.

El Anarquista maldice del Parlamento, como de todo órgano de Poder. El Sindicalista es, por definición, apolítico y no quiere ni oír hablar de Parlamentos. ¿Y el Socialista? Su pensamiento está reflejado en editoriales muy recientes del periódico de su Partido. “Nosotros no hemos tenido nunca especial devoción por el Régimen Parlamentario. Le apoyamos mientras responda a sus fines y lo practiquen lealmente los Partidos Republicanos. Pero si éstos nos demuestran que a ellos no les importa... a nosotros menos.”

En plata: que en cuanto desaparezca el freno parlamentario, hará explosión la Política de Clase, con una de estas dos fórmulas de expresión: o el Comunismo Anárquico o la Dictadura del Proletariado. Esto es, en fin de cuentas, lo que inconscientemente van buscando cuantos atacan al Parlamento en tertulias, corrillos y comadreos, y los propios Parlamentarios que, con obcecación absurda, se esfuerzan en quitar a las Cortes eficacia y prestigio.

¿Habrán pensado bien, unos y otros, las consecuencias de su conducta? El día en que el ordenamiento de convivencia no venga forjado en las leyes, sino impuesto por la masa arrolladora o por la minoría turbulenta y audaz; el día en que la “Gaceta” sea suplantada por los fusilamientos, ¿qué instrumento emplearán aquellos críticos demoledores para defender al país? Una parte de ellos fiará en la Dictadura del Sable, olvidando los resultados que la Dictadura del Sable produjo en España hace dos años justos. Pero la mayoría, esa gran mayoría que, con razón, abomina en igual medida de la tiranía Militarista y de la Obrera (que acaba siendo militarista también), ¿dónde encontrará amparo? ¿En qué instituciones buscará el desarrollo normal y pacífico de la vida nacional?

Convénzanse las gentes, socialmente conservadoras, de que no hay nada tan conservador como la Democracia; y de que la Democracia no tiene órgano de expresión mejor que el Parlamento. Frustrar la obra de éste es precipitar una conmoción trágica.

Confiemos en que el instinto de conservación iluminará mentes y conductas, permitiendo que nuestras Cortes constituyentes llenen sus fines, entre los cuales quizás el más transcendente es “vivir”. De igual modo que el aristócrata francés condensaba toda su labor útil, durante la Revolución, en haber vivido, así también nuestras Cortes cumplen cada día que viven una función esencial: la de evitar que se repita el 1873. En eso debe estar su primordial empeño, y en eso radica hasta hoy el más grande de sus éxitos.

Ha dicho el Profesor Mirkine, en la última conferencia, que España, al implantar en 1820 la Constitución de 1812, defendía de la tiranía a toda Europa; y que de igual manera hoy, con la Constitución de 1931, está defendiendo para toda Europa la causa de la libertad.

Ese es, en efecto, el cometido de nuestro Pueblo. Oponer normas de Derecho a las embriagueces Fascistas, Comunistas y Anarquistas.

¿Parece ilusorio el empeño? ¡Bah! Otras veces, en el curso de la Historia, hemos sabido marcar rumbos a la Humanidad. Nuestros son los murales en que se estrellaron turcos y árabes. Nuestros son los progenitores del Derecho Internacional. Nuestros los autores de las Leyes de Indias. Nuestros los debeladores de Napoleón. Nuestros los luchadores frente a la Santa Alianza. ¿Por qué no hemos de sentir, en este instante crítico, en este tránsito de una etapa a otra de la Historia, la inspiración sublime de una misión transcendental?


Ángel Ossorio; 18 de abril de 1933.






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