lunes, 18 de enero de 2016

CRISIS ECONÓMICA (7): "En Economía, como en Política, luchan ahora, como han luchado eternamente, dos principios: el de Libertad y el de Autoridad. Decidir si la Economía Liberal o la Economía Reglamentada es más favorable a la prosperidad de un Pueblo, es asunto que cae dentro de los límites de la Ciencia Económica."



¿LIBERALISMO INTERNACIONAL O SOCIALISMO INTERNACIONAL?

Prosiguiendo el examen de las ideas expuestas últimamente por Werner Sombart, sobre la crisis económica. El gran renombre del expositor, justifica la conveniencia de este examen. Con él aquilataremos la luz que puede esperarse de la Economía oficial sobre el primero y fundamental de los problemas económicos que asedian al mundo.

¿Qué remedios oponer a la crisis?

Los innumerables arbitrios ideados - dice Sombart - pueden agruparse en dos tendencias: una Liberal, otra Reformista; la primera se inclina a la vuelta al “laissez faire”; la segunda a una “economía reglamentada”.

La clasificación es exacta. En Economía, como en Política, luchan ahora, como han luchado eternamente, dos principios: el de Libertad y el de Autoridad. El fenómeno no es nuevo ni exclusivo de esta época o de la Economía. Tiene su raíz filosófica: es la pugna entre la confianza en la acción de las leyes naturales - que nace del concepto mismo de leyes naturales - y la desconfianza en esas leyes naturales, cuya acción se trata de corregir mediante la intervención reguladora – reglamentaria - del hombre. Es la antítesis entre la creencia de que Dios es el bien, y el hombre quien perturba lo ordenado por él (supuesto de los creyentes); y la creencia de que la obra de Dios es el desorden y el hombre ha de ponerle una fe de erratas (supuesto de los incrédulos). De la primera participan los Economistas Liberales; de la segunda, los Socialistas. He aquí por qué el Socialismo es, forzosamente, Autoritario en Política, Estatista en Economía, Pesimista en Filosofía y Ateo en Religión. Todas las fases del espíritu están emparentadas. Un vástago de la idea central del Socialismo - “autoridad” sobre todo y en todo - es la Economía “reglamentada”, “dirigida”, “fiscalizada”, “vigilada” o “intervenida”, que de todas esas maneras se llama.

Pero, ¿cuál de ambas tendencias es la más acertada? ¿Cuál la mejor? ¿Cuál deben seguir los pueblos para salir de la horrible situación en que están sumidos y que, a través de las crecientes convulsiones sociales y peligros de guerra, amenaza destruir la penosa y larga obra de la civilización? Ese es el problema inquietante, punzador, la interrogación anhelosa que las gentes dirigen a los “sacerdotes y depositarios” del saber en materias de Economía Política.

Pues he ahí lo que contesta a esa pregunta uno de sus más autorizados dignatarios, Werner Sombart:

“Esa es una cuestión que excede los límites científicos. Dentro de estos límites, lo único que podemos hacer es comprobar las “posibilidades” de cada tendencia.”

Por “posibilidades” no entiende aquí Sombart, como pudiera creerse, la “capacidad de solución del problema que cada una de esas dos tendencias encierra”, lo cual equivaldría a decidir cuál es la mejor, sino las probabilidades de prevalecer que a cada una de esas corrientes acompañan.

Esto es: a la pregunta de cuál es la dirección más acertada para resolver la crisis, si la Economía Liberadora de las actividades ciudadanas o la Economía Reguladora o Estatificadora que es su opuesto, Sombart contesta seriamente: “la Ciencia Económica no tiene por misión decir cuál de ambas es dirección más atinada; lo único que puede hacer es apreciar cuál de ambas corrientes es hoy más fuerte.”

Más, para que nos diga eso, no necesitamos un Economista; nos lo puede aclarar lo mismo un torero o un boxeador. Lo que queremos saber no es cuál de esas corrientes tiene más ímpetu, sino cuál conduce a puerto. Claro está que a renglón seguido afirma: “Las posibilidades pertenecen a la Economía Reglamentada”. Indudable. Y cuando menos, que en todas partes se ingiere el Estado de la manera más absurda y loca en las funciones económicas, desde la extracción de primeras materias hasta los detalles últimos del comercio, no puede cabernos duda de que esa tendencia reglamentista no sólo es la que tiene más “posibilidades” de prevalecer, sino la que ha prevalecido incontestablemente. Podemos profetizar confiadamente hechos ya ocurridos.

Pero lo que necesitamos saber es, no la tendencia que prevalece o prevalecerá, sino cuál debía prevalecer. A eso nos responde Sombart, que el problema de la bondad o acierto respectivo de esas tendencias “es cuestión que cae fuera de los límites de la Ciencia Económica”; esto es: que no debemos dirigir tal pregunta a la Economía. ¿A quién entonces? ¿A la Química? Si la Ciencia de la Economía no es la llamada a trazarnos la pauta de nuestra conducta en un problema económico, ¿cuál será? ¿La Medicina o la Crotalogía?

“Cae fuera de los límites de la Ciencia Económica”; es decir, la Ciencia Económica no se ocupa de eso. Pues, ¿de qué se ocupa? A esto ya respondió Sombart en su primera lección: “de los hechos económicos”. Pero eso no es la Ciencia Económica; es una rama de la Historia, la historia de los hechos económicos; como las relaciones legales en que las económicas se encuadran, es una rama del Derecho, pero no es la Economía. Si lo primero es un error de Sombart, lo segundo es un error de Stamler, que apareció explícitamente en el informe de la Facultad de Derecho de Madrid, sobre la creación de la Facultad de Economía, y que ha venido a reflorecer en el último plan de organización de los estudios universitarios, incorporando absurdamente los de Economía a los de Derecho, que son y serán siempre subordinados y accesorios de aquéllos, como la forma lo es del fondo, y lo derivado de lo principal.

En su primera lección afirmó Sombart que el pensamiento económico actual es caótico; pero no acertó a explicar claramente por qué. La explicación la tiene en su propia posición ante la pregunta de cuál es más acertada tendencia para combatir la crisis. Es caótico porque los economistas oficiales, en vez de cultivar la Ciencia Económica, la suprimen y la reemplazan por un amasijo de hechos y datos, como único medio de suprimir los problemas que no resuelven y desorientan al ingenuo interrogador.

Pero una ciencia verdadera es la que investiga y halla las relaciones permanentes entre los hechos, la que esclarece la cadena de la causalidad entre los hechos, en una palabra: la que descubre aquellos vínculos de secuencia invariable a que llamamos “leyes naturales”, con frase ostensiblemente metafórica. La Ciencia de la Economía Política trata de las relaciones de causalidad entre los hechos económicos, no del proceso histórico de esos hechos; y al descubrir esas relaciones de casualidad, establece las leyes naturales de la economía. Esas leyes son el punto de mira que nos sirve para apreciar el acierto o error de una tendencia, la bondad o maldad esencial de una Política Económica, buena cuando facilita la acción de esas leyes naturales - que, por serlo, son inderogables e incontrastables -, mala cuando las perturba o contraría, como las leyes mecánicas sirven de norte para apreciar la solidez o fragilidad de una construcción.

Decidir si la Economía Liberal o la Economía Reglamentada es más favorable a la prosperidad de un Pueblo, es asunto que cae dentro de los límites de la Ciencia Económica; y es menester exclusivo de ésta. Afirmar lo contrario un economista no es una opinión, es un suicidio.


Baldomero Argente; 05 de mayo de 1933.






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