lunes, 11 de enero de 2016

DÍA DEL TRABAJO NACIONAL (2): "El Primero de Mayo hay que transformarlo de tal modo, que su carácter de Lucha sea convertido en Fiesta, y su sentido de Clase en Fraternización de todas las clases. Superar el signo contrario que el mismo día se celebra en Moscú."



PRIMERO DE MAYO: FRATERNIZACIÓN Y LUCHA

Ya he hecho referencia en otras ocasiones a la decisión con que el Gobierno arrostra un hecho dado y sabe sacar de él consecuencias favorables a sus designios políticos. La proclamación del día Primero de Mayo como “Fiesta Nacional del Trabajo” es un caso excelentemente revelador del espíritu que en este sentido anima al Gobierno.

La jornada de lucha del Primero de Mayo, instaurada por la Internacional Socialista para concentrar en un día internacionalmente la lucha de clases, dispone, por razones fáciles de imaginarse, de un gran abolengo en el sentimiento de las amplias masas obreras alemanas. A la fecha del día Primero de Mayo están unidos recuerdos indelebles en la vida de muchos trabajadores que hoy se encuentran al lado del Nacional-Socialismo y de otros muchos que el Nacional-Socialismo intenta conquistar. Con prohibir la fiesta del Primero de Mayo no conseguiría el Gobierno sino herir esos sentimientos. Transformándola en “Fiesta Nacional del Trabajo”, se conecta con ellos y los promueve en dirección de los fines del Gobierno.

Miles de obreros alemanes se encontrarán el día Primero de Mayo manifestándose en favor de una idea diametralmente opuesta a la idea en favor de la cual se manifestaron el año pasado y múltiples años pasados sin apenas darse cuenta de ello. La gran habilidad del Nacional-Socialismo: injertarse en la psicología del Pueblo - ciega fuerza - y emplearla en mover las aspas del molino Nacional-Socialista.

Inflamada por la imaginación exuberante del Doctor Joseph Goebbels: "La Fiesta Nacional del Trabajo, adquirirá un colorido fastuoso y unas proporciones monumentales. La consigna central reza: el Primero de Mayo hay que transformarlo de tal modo, que su carácter de Lucha sea convertido en Fiesta, y su sentido de Clase en Fraternización de todas las clases, profesiones y oficios. Las directivas, todas, tienden a superar en fuerza impresionante, en expresión espectacular y en grandiosidad a la fiesta de signo contrario que el mismo día se celebra en Moscú."

El adorno, el engalanamiento agradable a la vista y a los sentidos jugará, como en todo acto Nacional-Socialista, un papel predominante. Al lado de los colores y los símbolos nacionales será erigido símbolo de la “Fiesta Nacional del Trabajo” la Rama Verde. "Todos los balcones, todos los edificios públicos, los transportes, las estaciones, los automóviles se engalanarán con una Rama Verde al lado de las banderas nacionales", dispone el Doctor Goebbels.

Desde distintos puntos del Reich serán transportadas a Berlín delegaciones obreras en grandes aviones dispuestos al efecto. Las delegaciones obreras serán hospedadas en los mejores hoteles de Berlín: Esplanade, Adlon, Bristol, etc. Serán recibidas por Hitler, y desde la tribuna del Canciller presenciarán el desfile de la impresionante manifestación.

La “Manifestación de los Dos Millones”, como se la designa ya.

Esta imponente manifestación - imponente, por lo menos, en la evocación que los periódicos hacen de ella - tendrá lugar por la mañana; en el Lustgarten, donde desde hace 15 años realizaban todos los primeros de mayo sus grandes manifestaciones los Socialistas y Comunistas. El Doctor Goebbels hablará a la multitud y dará lectura a un saludo del Presidente de la República. Por la noche, en el Estadio de Neukölln, al sur de Berlín, se reunirán 80 mil personas para oír a Hitler. Las entradas, que costaban entre 2 y 10 marcos, están ya agotadas y han comenzado a revenderse a precios inverosímiles.

En este discurso, al que se le otorga gran trascendencia nacional e internacional, enunciará el Führer el programa de trabajo que el Gobierno va a realizar en su primer año de vida.

Proclama el Doctor Goebbels en su manifiesto: “El Primero de Mayo debe representar la unidad y solidaridad del Pueblo alemán, constituyendo una señal, para el mundo entero, de que Alemania ha despertado.”

Si la fiesta ha de tener otro sentido que el puramente festivo y propulsar todavía más - como hasta ahora lo han hecho, todas las fiestas imaginadas por el Gobierno - la preponderancia de los Nacional-Socialistas dentro de la correlación de fuerzas gubernamentales, apenas si puede columbrarse todavía, a la hora que es escrita esta información. Sin embargo, lo que sí puede afirmarse, con el programa a la vista, es que lo mismo que en todos los demás actos de contacto con el Pueblo que hasta ahora se han organizado, también esta vez los Nacionalistas de Hugenberg y von Papen quedan totalmente excluidos.

Los sucesos de estos últimos días, sobre todo las divergencias surgidas con motivo de la pugna por la dirección económica de Prusia, han modificado no poco las circunstancias. El manifiesto de Hugenberg y sus declaraciones, así como el tono reticente que respecto a Hitler adoptó en las últimas horas la prensa de Hugenberg, por un lado; los discursos de Hitler, Goering y Kube, y la “manifestación de la prensa”, por el otro, hablan con un lenguaje, apenas disimulable de resurgimiento de profundas incompatibilidades que amenazan resquebrajar el “modus vivendi” que ha servido de plataforma para la combinación del 30 de enero.

De la inquietud y desorientación que el avance de las discrepancias en el seno del Gobierno despierta entre los elementos industriales, habla expresivamente un artículo del redactor en jefe de la “Daz”, que acaba de aparecer. De otro lado, el acuerdo inesperado del “Partido Populista” - íntimamente ligado a elementos de la Gran Industria -, rectificando su tendencia a disolverse e ingresar en bloque en el Partido Nacional-Socialista, es también una prueba significativa de que, entre algunos elementos industriales, comienza a contemplarse con recelo la tendencia que al curso político de Alemania le imprime Hitler.

Pero que los elementos en torno a Hitler no están dispuestos a retroceder, parece también indudable. Su empuje hacia la conquista de la hegemonía absoluta y el derecho de iniciativa dentro del Gobierno es cada día más impetuoso. En este sentido, la “Fiesta Nacional del Trabajo” estará presidida por un signo contrario al signo proclamado públicamente de “unidad y solidaridad”. La experiencia italiana de que el Estado Fascista encierra en su entraña la exigencia del monopolio político, está mostrándose como insoslayable también en Alemania.


Augusto Assía; Abril de 1933.






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