lunes, 11 de enero de 2016

POLÍTICA Y RELIGIÓN (22): "En su origen, el Nacional-Socialismo traía en el pecho joven y ardoroso, llamas de lucha contra Roma, contra la influencia religiosa Católica que sometía el pensamiento alemán a presiones extrañas. Hoy Hitler no sólo pacta con la Iglesia Romana, sino que además busca también la Inspiración Política en la misma Roma. El Catolicismo sigue teniendo una posición extraordinariamente fuerte dentro de Alemania. La existencia del Fascismo italiano no sólo no debilita la influencia de la Iglesia, sino que la intensifica."



ROMA: MAGISTERIO TEMPORAL Y ESPIRITUAL

La subida de Hitler al poder ha vuelto a desplazar hacia Roma el centro irradiante de Europa. Como en la Edad Media peregrinaban los arzobispos de las más lejanas provincias a libar en la colmena romana la sapienza de regir los pueblos, peregrinan ahora los políticos para beber en la fuente del Fascismo el arte de gobernarlos. Después de la visita de Ramsay Mac Donald y su Ministro de Estado, estuvieron en Roma el Vicecanciller del Reich, Franz von Papen; el Ministro del Reich, Hermann Goering y el Canciller austríaco, Engelbert Dollfuss. Para dentro de poco ha anunciado ya su viaje a la Ciudad Eterna el Ministro de Propaganda, Doctor Joseph Goebbels.

En su origen, el Nacional-Socialismo traía en el pecho joven y ardoroso, llamas de lucha contra Roma, contra la “influencia religiosa Católica que sometía el pensamiento alemán a presiones extrañas”. El Nacional-Socialismo proclamaba el alumbramiento de una nueva religión. Ante las masas clamaba Adolf Hitler: “Nosotros no queremos ningún otro 'dios' que el que se llame Alemania”, y Alfred Rosenberg, el teórico “Nazi”, escribía comentando, hace ya años, una Pastoral del Arzobispo de Munich, Michael von Faulhaber: “De entre todas las clases, de entre todas las religiones nace y crece una nueva religión. La religión que un día formará la cúpula bajo la cual han de vivir y luchar, no todas las razas, pero sí todas las ramas del Pueblo germánico.”

El General Erich Ludendorff, uno de los más aguerridos enemigos de la influencia Católica en Alemania, fue uno de los animadores del Nacional-Socialismo en sus primeros pasos. Y a pesar de que la mayoría del estado mayor del Partido estuvo siempre compuesto por católicos - Hitler es católico y católicos son Goebbels, Goering, Strasser, entre otros -, la concepción político-filosófica Nacional-Socialista ha persistido en su animosidad contra Roma hasta tiempos recientísimos. De tal modo, que ésta se vio obligada a declarar la incompatibilidad de las teorías “Nazis” con la Doctrina Católica, excomulgando a la inmensa mayoría de los dirigentes Nacional-Socialistas. Excomunión que no ha sido levantada todavía. Se recordará que el día 21 de marzo, Hitler y los demás jefes “Nazis” católicos no pudieron oír la misa que se dijo antes de la solemne apertura del Reichstag, debido a que se encontraban sometidos a la sanción episcopal que les considera como “fuera de la Iglesia”.

A consecuencia de su desenvolvimiento político, hoy Hitler no sólo pacta con la Iglesia Romana, sino que además busca también la Inspiración Política en la misma Roma. Según oficialmente se declara, el viaje de von Papen tiene como objeto, precisamente interceder cerca del Papa para ordenar la situación de Hitler y los demás Jefes Nazis respecto a la Iglesia. Y el de Goering tiene como objeto tratar cuestiones políticas y de aviación con Mussolini y sus Ministros. Aparte de esto, el hecho de que Goering haya seguido inmediatamente a von Papen en su viaje a Roma, no es sino un nuevo reflejo del juego del ratón y el gato a que con asiduidad se dedican las dos tendencias ministeriales.

A pesar de que después de aquella primera tendencia Nacional-Socialista de fundir la religión en el movimiento político, arrebatándole el campo de acción al Catolicismo, los órganos del Partido de Hitler especialmente se han declarado reiteradamente “independientes” en lo que a la cuestión religiosa se refiere, considerando como iguales en Alemania las dos confesiones cristianas, la verdad es que la teoría de una fusión de la Religión con el Estado no ha sido abandonada totalmente.

Hitler mismo, en su libro “Mi Lucha”, califica las discrepancias religiosas dentro de la teoría del partido “como una maniobra realizada para subdividir al movimiento”. Pero ahora, en este preciso momento, comienza a hablarse, con gran alarma por parte de los órganos católicos, de una coordinación (el “Gleichschaltung”), entre el Estado Nacional-Socialista y la Religión Protestante. Es decir, la Religión Protestante sancionará doctrinalmente las teorías del Hitlerismo y verbigracia, no le dispensará los sacramentos matrimoniales al alemán o alemana que se casen con un extranjero, por citar el mismo ejemplo que el Congreso Evangélico ha aducido. De este modo la Religión Protestante sería convertida, contra sus propios principios, en Religión del Estado. Y digo contra sus propios principios, porque una de las reformas introducidas por la Doctrina Protestante consiste en la negación de que pueda existir una religión oficial, privilegiada con respecto a las demás. La teoría que hoy defiende en Alemania la Iglesia Católica.

Sin embargo, es difícil que estos intentos y proyectos puedan ser llevados a cabo. El anti ultramontanismo ha dejado de ser un arma de propaganda para los Nazis desde el momento que se entienden con Mussolini y buscan inspiración en la Política Fascista. Difícilmente puede hacérseles comprender a las gentes que la Influencia Católica Romana es perjudicial a la pureza del espíritu germánico, y que en cambio la Influencia Política Romana le es ventajosa. No importa que la Iglesia Católica continúe siendo la única voz que se oye clamar contra la práctica Nacional-Socialista, que haya sido el Arzobispado Católico la única institución que se ha atrevido dentro del suelo alemán (cuando callan las Universidades, las instituciones encargadas de defender el Liberalismo, cuando callan las mismas organizaciones obreras) a protestar contra la persecución económica de que son objeto los intelectuales, los profesionales y los empleados judíos. No importa, el Catolicismo sigue teniendo una posición extraordinariamente fuerte dentro de Alemania.

Por una vez, quizá la única vez desde su implantación, la existencia del Fascismo italiano no sólo no debilita la influencia de la Iglesia, sino que la intensifica. El hecho de que a través del triunfo Nazi en Alemania, Roma haya adquirido nueva importancia internacional, ha incrementado también el papel de la Iglesia Católica en este momento de la historia.


Augusto Assía; Berlín, abril de 1933.






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