domingo, 14 de febrero de 2016

LA PALINODIA DE LA PAZ: "Es de temer que las potencias hayan de cantar un día en torno al cadáver de la paz: 'Todos pusimos las manos en ella.'"



¿POR LA PAZ?

Compendiemos la labor del Comité General del Desarme en estos días. Comenzó el debate a disgusto de Francia por no comenzar Arthur Henderson, el Presidente de la Conferencia, por las garantías, sino por las modalidades de armamentos. Este disgusto se explica: terminada la Guerra, los Estados Unidos no ratificaron el Pacto de Garantía a Francia en su orilla del Sarre. Inglaterra, por sí sola, tampoco lo hizo. Una de las razones con que los Estados Unidos pretenden justificar su abandono de la política colaboradora de Woodrow Wilson, es que la Cancillería británica no puso al corriente a la de Washington de ciertos compromisos secretos con Japón. Norteamérica no quiso pisar terreno falso, y se acogió a su “magnífico aislamiento”.

Desde entonces todos los esfuerzos del Desarme se vienen estrellando contra el primer escollo de las garantías. Comprometerse así con Francia comportaría para Norteamérica el peligro de tener que intervenir otra vez en una posible contienda europea. Y Francia, sin garantías de sus aliados, no ha hecho sino exacerbar el Nacionalismo alemán con su táctica nacionalista y de nación vencedora. La explosión Pangermanista alarma hoy a los mismos defensores del trato amistoso a Alemania. Las reservas de Konstantin von Neurath en Ginebra al Plan Británico, que es el que sirve de pauta a la discusión, han llegado a exacerbar a franceses, ingleses y norteamericanos, creando una situación tirante.

Las principales objeciones se refieren a la “estandarización” de los ejércitos, lo cual supone distinguir claramente entre "Fuerzas Nacionales" propiamente dichas y "Policía/Milicias de Partido". La Policía y las Compañías Hitlerianas, como los Cascos de Acero, fueron declaradas fuerzas ajenas al Ejército. Con todo, Alemania consiguió que se aceptase adscribir a su ejército un diez por ciento de dichas fuerzas. Alemania pide que las tropas coloniales próximas se incluyan en el cupo nacional, a lo que Francia no puede por menos de oponerse. También sobre las reservas hay fundamentales discrepancias: Alemania opina que cada 52 reclutas que hacen la instrucción una semana al año, equivalen para el cómputo a un soldado en servicio los 365 días seguidos. En el Proyecto Británico se conceden 200 mil hombres a Alemania y a Francia. No satisface esta cifra a los Nacional-Socialistas. Sin embargo, Berlín aceptó la igualdad gradual, en un plazo de años previsto. Esta igualdad, Rudolf Nadolny la pide de una vez, es decir, que si los vecinos de Alemania no reducen hasta el mínimo de las cifras que a ella le están ahora consentidas, el Ejército alemán aumentará hasta ese nivel de los demás. Esto equivale a rearmar, que no es precisamente lo concedido.

No son las dificultades alemanas las únicas, pues cuando el Delegado soviético condicionó la “estandarización”, a que fuese extensiva a todos los Continentes, los Estados Unidos se negaron a una reorganización semejante de su defensa. Washington nunca se pondrá en desventaja ante Tokio. Por todo lo cual, es de temer que las potencias hayan de cantar un día su palinodia en torno al cadáver de la paz: “Todos pusimos las manos en ella”.


La Vanguardia; 10 de mayo de 1933.






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