domingo, 28 de febrero de 2016

PRENSA EXTRANJERA (4): "La Propaganda, arma de dos filos, es de manejo delicado. Ni insistencia ni ausencia. La creciente rapidez de las comunicaciones, ha transformado sensiblemente la misión de los que por razón profesional tienen que intervenir en las relaciones de unas naciones con otras."



PROPAGANDA EN TIERRA AJENA

El tema de la Propaganda Francesa en el extranjero ha sido objeto de discusión en el Senado, como lo fue antes en la Cámara de los Diputados. En la Alta Cámara ha planteado la cuestión el Presidente de la Comisión de Negocios Extranjeros, al examinarse el presupuesto del Quai d'Orsay. Ha dicho el señor Berenger en su informe que los servicios de propaganda han estado desatendidos durante varios años y que la persistencia de semejante descuido presenta graves inconvenientes en un momento en que otros países aceleran la labor de difusión de sus valores peculiares.

Es cierto que frente a la iniciativa del Gobierno del Reich, que crea un Ministerio de Propaganda, cuya dirección encomienda a Goebbels, Lugarteniente del Canciller, y a la actividad que despliega el Gabinete de Roma en todo lo que sea irradiación exterior, los diferentes Gobiernos de Francia que se vienen sucediendo en estos últimos años no han presentado atención excesiva a los organismos de Propaganda. El viaje efectuado a Madrid el pasado noviembre por el entonces Presidente del Consejo, señor Herriot, y los incidentes registrados en aquella ocasión al crear sorpresa en los medios parlamentarios, galvanizaron la inercia del ambiente y las comisiones interesadas se decidieron a considerar un tema al que asignaban reducido interés. Fruto de la inquietud parlamentaria en materia de actividad exterior ha sido la reorganización del Ministerio de Negocios Extranjeros y el robustecimiento del Servicio de Información y Prensa, de cuya dirección se ha encargado el señor Comert, ex corresponsal de “Le Temps” en Londres y Extremo Oriente, y ex Jefe del servicio de Información de la Sociedad de Naciones.

Francia consagra actualmente una suma global de 71 millones de francos a la Propaganda en el extranjero, en tanto que Alemania destina a la misma finalidad 256 millones, Italia 169, e Inglaterra 69 sin contar los fondos especiales del “Intelligence Service”. La cifra de los 71 millones se descompone en la forma siguiente: servicio de fundaciones, 200.000 obras francesas en el extranjero, francos 37.645.750; servicio de Información y de Prensa, 380.745; fondos especiales para la información francesa en el extranjero, 33.000.000. ¿Es suficiente dicha suma para imprimir a la Propaganda el rumbo eficaz que se desea? El Presidente de la Comisión de Negocios Extranjeros del Senado, Señor Berenger, se pronuncia en sentido totalmente afirmativo, a condición de que en la distribución de los créditos se observe un criterio inteligente y de que se tengan en cuenta las circunstancias especiales que pueden concurrir en cada caso.

Se han formulado numerosas sugestiones acerca de la forma concreta de la Propaganda exterior. La impresión de folletos, tarjetas postales, etc., que cautiva a los elementos directivos alemanes e italianos cuenta con pocos partidarios en Francia. Se hace observar, con buen sentido, que la Propaganda marra el blanco tan pronto como el vehículo que se utiliza delata su verdadera naturaleza en forma ruidosa. Insinuar más bien que mostrar con ostentación, parece ser la divisa de los que asumen la gestión de la Propaganda en el Quai d'Orsay. Algunos quisieran incluso eliminar el vocablo “Propaganda” y sustituirlo con otro menos alarmante. Hace algunos meses, cuando el Señor Herriot anunció su intención de reformar el funcionamiento del Ministerio de Negocios, los corresponsales en París de los diarios americanos comunicaron a sus diarios el plan de campaña que quería aplicar el Gobierno francés para cultivar la Propaganda en el extranjero y de modo especial en los Estados Unidos. Los cables de París fueron glosados irónicamente por cronistas y dibujantes, y aún aparecen en los “tabloids” (periódicos de tipo especial de formato menor que el diario y de tendencia sensacionalista) de Nueva York, y de las ciudades importantes del territorio federal frecuentes alusiones a los propósitos de Francia en ese orden de ideas.

La Propaganda, arma de dos filos, es de manejo delicado. Más que millones se requiere un tacto singular y un conocimiento profundo de los países en los que va a ejercerse. Ni insistencia ni ausencia. Los viajes de personalidades eminentes a las que se confiere una misión oficial y el contacto asiduo con los corresponsales extranjeros a los que se informa con lealtad dentro de las limitaciones naturales que imponen ciertos temas, constituyen los puntos esenciales de toda labor de Propaganda. Francia, probablemente, va a inspirarse en esas normas. Los recientes debates del Senado y de la Cámara han revelado en todo caso la necesidad de adaptar la diplomacia a las nuevas necesidades. La creciente rapidez de las comunicaciones, el hábito de las conferencias internacionales y la importancia de la Prensa, han transformado sensiblemente la misión de los que por razón profesional tienen que intervenir en las relaciones de unas naciones con otras.


Juan Aramburu; 11 de mayo de 1933.






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