jueves, 31 de marzo de 2016

ALTERNATIVA AL MATERIALISMO: "Estas reuniones tienen la ventaja de despertar o revelar vocaciones que, en otro caso, hubieran pasado inadvertidas en el curso vulgar de la vida. Y es de notar las sorpresas que procuran estas relaciones científicas, descubriendo en personas modestas verdaderos tesoros de espiritualidad."



SOCIABILIDAD CIENTÍFICA

Son particularmente brillantes en la historia de las Ciencias matemáticas los siglos XVII y XVIII, en plena floración del Renacimiento. Era cuando, por ejemplo; el P. Mersenne, íntimo de Descartes, proponía problemas y arduas cuestiones de Ciencia entre los sabios de su tiempo y reunía en su casa, para ponerles en noble pugna, a hombres como Pascal, Roberval, Desargues, Hardy. Era cuando los Bernoulli se aprestaban a resolver cuestiones matemáticas, interviniendo en estos inmortales, debates, no siempre fraternales, personalidades tan ilustres como Leibniz, Huygens, Varignon, el marqués de l'Hôpital, Taylor, etc. Gracias a estas discusiones, apasionadas muchas veces, se perfeccionaron y crearon teorías notabilísimas y de valor positivo, en el terreno de las aplicaciones, sobre Mecánica y Cálculo infinitesimal, resolviéndose cuestiones difíciles, como la representación de la catenaria en sus variadas condiciones, como las curvas tautócronas y braquistócronas, como la teoría de los isoperímetros o la famosa espiral logarítmica (la “spira mirabilis” que la llamó Jakob Bernoulli y que quiso figurarla en su lápida sepulcral, como Arquímedes lo exigió también con la propiedad de la esfera inscrita en el cilindro).

A pesar de los difíciles medios de comunicación en aquellos tiempos y de la escasez de publicaciones, los intercambios de los que se ocupaban con apasionamiento de las Ciencias, separados muchas veces por grandes distancias, se mantenían con viveza y con porfía.

Ciertamente que la cantidad de labor científica es, en la actualidad, incomparablemente superior a la de algunos siglos atrás; pero no es menos cierto que el “fervor” científico ha disminuido relativamente en grandes proporciones. Tal vez ha influido en ello la superabundancia de publicaciones, que ahoga las obras maestras. Pero en lo que no cabe duda es que la mentalidad general del mundo, en nuestros tiempos, está influida por un ambiente de escepticismo que lleva consigo un desvío por los estudios de la Naturaleza, de esta Naturaleza considerada por algunos de inmoral, o como resultado del ciego azar, o peor aún, de una indeterminación que relega los fenómenos naturales a un caos acéfalo e incoherente. Apenas se aprecia el valor de la observación y del razonamiento honrado, mientras se orientan los esfuerzos a la obtención rápida del rendimiento material, cuando no a la invención de teorías en las que se busca más que nada la nota sensacional con la absurdidad de sus conclusiones. Claro que todo ello con las honrosas excepciones que son de rigor.

La verdad es que quien dedica sus actividades al estudio por su sólo valor intrínseco se halla, por lo común, más aislado en la actualidad que en los tiempos del P. Mersenne. Y no será ello por falta de sociabilidad entre los hombres, va que existen agrupaciones que propenden a las más extravagantes finalidades. En estos inmensos desiertos de 50 habitantes por kilómetro cuadrado sólo aparece alguna que otra entidad en que se avive ese calor sacro por saber, por discutir; y no entre profesionales precisamente, sino entre aficionados, que desean extender sus conocimientos y gozar en la contemplación de panoramas reservados a los espíritus selectos. Una de estas entidades es la Sociedad Astronómica de España y América.

Esta benemérita Sociedad que ya cuenta 22 años de existencia y que en 1921 celebró una inolvidable Exposición Astronómica en Barcelona, ha organizado, desde algún tiempo a esta parte, unas reuniones periódicas en las que se exponen y discuten temas científicos de actualidad. Por tratarse de reuniones organizadas por una Sociedad Astronómica, es natural que los temas discutidos sean en su mayoría astronómicos, pero no son escasos los que se refieren a la Meteorología, a la Geología, a la Sismología, y, en general, a las Ciencias afines. Se resuelven problemas, se proyectan fotografías y cada concurrente puede, a su antojo, hablar o simplemente escuchar. En tono familiar y sin esos empaques que no tienen otro objeto que disimular la variedad del conferenciante, se desarrollan y se improvisan los más interesantes temas, que luego son discutidos con toda libertad por los concurrentes. Durante estas reuniones puramente espirituales, y que bien podríamos calificar de selectas, es cuando uno se siente desligado en absoluto de esas molestias de bajo nivel que el hombre parece complacerse en crear contra sí mismo.

Por lo demás, estas reuniones tienen la ventaja de despertar o revelar vocaciones que, en otro caso, hubieran pasado inadvertidas en el curso vulgar de la vida. Y es de notar las sorpresas que procuran estas relaciones científicas, descubriendo en personas modestas verdaderos tesoros de espiritualidad.

Yo creo que la obra cultural organizada por la Sociedad Astronómica de España y América tendría que ser secundada por otras entidades  científico-populares. Estas iniciativas, en absoluto al margen de todo cariz político y difundiendo en todas las clases sociales amplias ideologías, podrían ser el antídoto contra esos desbordamientos materialistas que con mayor o menor intensidad se manifiestan en casi todo el mundo. Los sabios, por su parte, debieran también discutir con criterio ponderado los desbordamientos de sus teorías, afectadas igualmente de ese trastorno general.


José Comas Solá; 17 de mayo de 1933.






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