martes, 8 de marzo de 2016

EL DESARME (13): "Las palabras apaciguadoras del Canciller Hitler, la tendencia a entenderse buenamente con Polonia y la ratificación del Tratado de Berlín, eran muestras de un deseo de armonía con los demás países."



ALEMANIA SALVA SU RESPONSABILIDAD

Mientras Alemania irradia su Política Exterior con la decisión que caracteriza toda la obra de la Revolución Nacional-Socialista, en torno a sus representantes (Rosenberg en Londres, von Neurath en Ginebra y Schacht en Washington), se crea una atmósfera atosigante, de reserva y aun de hostilidad; actos irresponsables de descortesía, debates apasionados en las Cámaras, las mismas declaraciones de Roosevelt al saludar a Schacht, reveladoras de profundo disgusto, diatribas periodísticas… Todo se conjura como un reproche al Reich por su actitud intransigente en los trabajos del Desarme. Y si algún comentarista pide comprensión para con los alemanes, lo hace a la mañera de Paul Bastild, no en nombre de una realidad halagüeña, sino porque opinan que a un régimen como el de Hitler debe conllevársele, ya que su caída significaría el caos.

Ahora bien, bajo la presión de un fantasma, ¿podrá la Comisión General del Desarme preparar una labor efectiva y seria? Las palabras apaciguadoras del Canciller Hitler, la tendencia a entenderse buenamente con Polonia y la ratificación del Tratado de Berlín que renueva el acuerdo de arbitraje Germano-Soviético de 1929, eran muestras de un deseo de armonía con los demás países. Pero durante esta semana la tarea de von Neurath en Ginebra ha sido de sistemática oposición, cuando Alemania había aceptado en principio el Proyecto Británico.

Dicho Proyecto comienza por establecer la igualdad de sistema de reclutamiento, a fin de permitir la regulación, el control internacional de los efectivos. Para ello es menester que la Reichswehr, que consta de 100 mil profesionales de las armas, se convierta en un ejército obligatorio de servicio de breve duración. Pero Alemania se resiste a ello, aunque en repetidas ocasiones se había quejado de la organización voluntaria que por fuerza se había dado a su ejército.

Al no hallar solución a este punto fundamental, Alemania dice que se deje esto de los efectivos al estudio de un Comité, y que la mesa pase a estudiar la segunda parte referente al material o armamentos. Esto hunde por su base la obra que tras tantos tropiezos se había decidido edificar y rematar. El “Times” trata de explicarse así esta actitud: “¿Acaso Hitler cree que no es éste el momento oportuno para llamar al servicio de las armas obligatoriamente a una población en la que habrá muchos desafectos?”

Sin que ello suponga expresión de juicio propio, creemos reflejar en estas líneas el estado presente de los trabajos del Desarme. Por su parte el Comité de Efectivos opina que dentro de las cifras totales del ejército deben comprenderse las milicias y organizaciones de entrenamiento militar, pues ellas constituirían un segundo ejército en caso de movilización.

El martes se suspendió la discusión para que Inglaterra arreglase directamente con Alemania el escollo de la uniformidad de los ejércitos en toda Europa.

Hoy el Comité de los Cinco declara que toda tentativa ha fracasado. Una vez más la Conferencia del Desarme se halla en un punto muerto. ¿Quién la salvará? Y lo más grave es que, a pesar del optimismo y la cordialidad protocolaria con que está redactado el comunicado de la Casa Blanca sobre la entrevista Roosevelt-Schacht, se hace constar en el mismo que el éxito del Desarme, o sea la confianza política, es base de toda la esperanza que se ha cifrado en la Conferencia Económica. No es de creer que sea aplazada la discusión del Plan Británico de Desarme hasta después de la Conferencia de Londres. Seña dar vueltas por un laberinto.


La Vanguardia; 13 de mayo de 1933.






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