jueves, 31 de marzo de 2016

EL OCASO DE LAS RAZAS: "Ahora, lo que hay que preguntar es: esas razas, esos pueblos, esas civilizaciones, ¿murieron de veras? El espíritu de ellas ha sobrevivido. Razas milenarias, que acaso se daban por muertas, se rejuvenecen en un remozamiento casi milagroso. La Sociedad no muere y a lo sumo, como el Ave Fénix, renace de sus propias cenizas."



LA MUERTE SOCIAL

Oswald Spengler, tan de moda en estos últimos años entre los intelectuales, anunciaba en su famoso libro que la decadencia de Occidente era un hecho ineluctable, derivada precisamente del desarrollo del organismo social que atraviesa; a tenor de la Ley Natural, todas las fases de la evolución, como en el individuo, hasta llegar al término fatal de la muerte. Así, la civilización presente ofrece signos de decrepitud que anuncian su fin.

Esa teoría se ha abierto camino. Y los pesimistas profetizan el derrumbamiento inevitable de la cultura y la descomposición mortal de la sociedad contemporánea.

Ahora sale a la palestra el Doctor Kotsovsky, que vuelve a la carga sobre el mismo tema. Pretende “aplicar a las organizaciones sociales y políticas la noción biológica de la vejez, e intentar concebir el proceso histórico desde el punto de vista de la decrepitud y de la muerte del organismo social”. La Sociedad debe ser estudiada como el individuo, y por tanto a la Sociología debe aplicársele el Método Biológico. Hay fenómenos generales que deben ser tenidos en cuenta: el envejecimiento de razas, la decrepitud de naciones moribundas, la descomposición de Estados, cuyo funcionamiento interno se debilita en una impotencia incurable y en una parálisis progresiva.

Los hechos son exactos. La dificultad estriba en cómo han de interpretarse.

Kotsovsky se muestra indeciso: “Hablar de vejez en cuanto a los fenómenos sociales sin haber visto claramente de qué grupo se trata, es arriesgarse mucho. ¿La Sociedad muere? ¿Envejece?... Si no hubiesen sido exterminados los Pieles Rojas por el fuego y el alcohol, sus sociedades no sólo hubiesen alcanzado nuestro tiempo, sino que de añadidura se hubieran multiplicado. Los japoneses, los chinos, los indostánicos, aun siendo pueblos de la mayor antigüedad en el mundo, no sólo no han muerto, sino que hoy dan signos de una poderosa vitalidad y acaso a ellos pertenezca el misterioso porvenir.”

Pues bien, ¿cómo se produce la vejez y como consecuencia la muerte? Según los biólogos, por una “autointoxicación” del organismo humano. Y esa doctrina se aplica a la Sociedad. Es decir, que a la vejez y a la muerte del Organismo Humano corresponden la vejez y la muerte de la Sociedad. En el organismo natural, la vejez se caracteriza por la aglomeración de productos tóxicos nacidos de la actividad celular en los tejidos más diferenciados y la imposibilidad de intercambiarlos y eliminarlos. El envejecimiento y la muerte de la Sociedad se produce a consecuencia de productos del poder creador económico e intelectual en las clases sociales más diferenciadas y la imposibilidad de intercambiarlos o de eliminarlos produce el desgaste y la ruina de esas clases. La falta de compenetración entre ellas, la oposición entre ellas, son los factores que determinan en la Sociedad la decrepitud y la muerte.

Para explicar este fenómeno se apela a las enseñanzas históricas. Grecia y Roma, en la antigüedad, comenzaron a decaer, a envejecer cuando la oposición entre las clases sociales llegó a sus extremos límites.

La Grecia Antigua, en el curso de su desenvolvimiento de siglos, pasó por diferentes períodos históricos de avance y de retroceso, incubando una y otra civilización que desaparecían en seculares etapas de tinieblas y barbarie hasta llegar a la época clásica, la del apogeo dé la Cultura Helénica. En ese largo proceso de siglos, fermentaba una dura lucha de clases entre “pobres y ricos”, con las expropiaciones y reparticiones continuas de bienes y tierras, aboliciones de deudas, apariciones periódicas de tiranías y de oligarquías y entretenimiento de guerras que inundaban los mercados de esclavos. Grecia cayó luego bajo la dominación romana, la dominación del más fuerte, y con ella vino la decadencia helénica, cesando la creación cultural, viviendo en “una paz de sepulcro”, pero persistiendo la división en clases, aunque éstas ya sin la energía de antes para mantener sus ardientes luchas interiores.

Sin embargo, aun se mantenía vivo algo del viejo espíritu helénico. En efecto, en el período bizantino, en el curso del cual los griegos, aquellos “Romanos de Oriente”, a pesar de la inmovilidad en la decadencia y la jerarquía complicada del régimen político, destacaron una vez más su vieja civilización, que brilló como un faro en medio de la oscuridad tenebrosa del mundo invadido por los bárbaros de la Europa medieval. Y fueron las luchas intestinas, más que la opresión de las tribus Septentrionales invasoras lo que acabó la decadencia de los griegos y extinguió el resplandor agonizante de la moribunda Bizancio.

En cuanto a Roma, ella estuvo siempre trabajada por una separación y lucha de clases. Lucha agraria y política entre la Plebe y el Patriciado; luego el período de la oposición entra el ProIetariado y la Aristocracia; después la época en que, según Plinio, “los latifundios perdieron a Italia”; a seguida el surgimiento del Despotismo Imperial para ahogar toda clase de rebeldías, manteniendo el poder en una sola mano, una mano de hierro que contaba con el apoyo de los Pretorianos. Y cuando el Cesarismo se debilita, bajo la acción corrosiva de las ambiciones que intrigan arriba y de la indisciplina que resurge abajo, entonces Roma inicia su decadencia y hace que se precipite la ruina de su poderío y de su grandeza. Y con ellas la extinción de la energía vital que creara su cultura, cuyas bases jurídicas sirvieron de norma a las nuevas naciones que surgieron, y dando al mundo una de las más poderosas civilizaciones.

La historia de Roma se puede seguir paso a paso, a través de los historiadores antiguos y de los evocadores y comentaristas modernos, a lo largo de sus diferentes etapas, desde la iniciación de su desenvolvimiento hasta el triste trance de su irremediable decadencia. Así vemos cómo se van sucediendo los fenómenos políticos y sociales, las luchas crueles entre los grupos sociales, la formación del Militarismo como casta, de un lado, y de otro la formación de un Proletariado parasitario, y a renglón seguido las Guerras Civiles, la pugna entre una Aristocracia degenerada y una Democracia desmoralizada, en que el poder va de unas manos a otras, según sople el éxito, de los Imperialistas a los Republicanos, y a la inversa.

Roma envejeció, no sólo porque su poder no podía mantenerse sobre los inmensos territorios que había conquistado, sino porque las luchas internas habían producido su fatal descomposición y con ella su ruina inevitable. Cuando los bárbaros llegaron a las puertas de Roma, poco esfuerzo tuvieron que hacer para dominarla. Era ya sólo un cadáver que por milagro se mantenía en pie. Sus clases, en lucha encarnizada, la habían empobrecido y ni aun por instinto de conservación supieron resistir y antes por el contrario, por el odio recíproco que las movía, se prestaron a entregarse cobardemente al pujante invasor.

Ahora, lo que hay que preguntar es: esas razas, esos pueblos, esas civilizaciones, ¿murieron de veras?

El espíritu de ellas ha sobrevivido. Siglos más tarde de su inactividad, el Helenismo vuelve a surgir en aquella explosión prodigiosa del Renacimiento Italiano. Y el Cesarismo, ¿no encarnó de nuevo en aquella epopeya heroica de Bonaparte?

Razas milenarias, que acaso se daban por muertas, se rejuvenecen en un remozamiento casi milagroso. Japón, acaso China, tal vez la India.

La Sociedad no muere y a lo sumo, como el Ave Fénix, renace de sus propias cenizas.


José Betancort; 17 de mayo de 1933.







1 comentario:

  1. La acción premeditada y explicitada sin tapujos ni vergüenza en forma pública por líderes de potencias egemónicas como Gran Bretaña han conseguido crear un enfrentamiento tan extremo y aparentemente irreconciliable en la sociedad argentina, que un país dueño de uno de los lugares más ricos del mundo y con una población altamente capaz se encuentra en las mismas condiciones que anunciaron la destrucción tanto de Grecia como del Imperio Romano. Dios se apiade de nosotros

    ResponderEliminar

¡SE AGRADECE SU APORTACIÓN A ESPEJO DE ARCADIA!