miércoles, 20 de abril de 2016

ADOLF HITLER 106 (color): "Su biografía ha sido profusamente popularizada. Lo fundamental en la vida de Hitler es que ninguna de sus grandes ideas ha sido adquirida por medio de un fenómeno reflexivo, sino a través de un impulso. Los impulsos, son casi siempre producidos por sensaciones plásticas. Esa sensibilidad que habría de hacer de Hitler uno de los mejores propagandistas que conoce la Historia."


LA CARRERA DE HITLER

El pasado abril cumplió Adolf Hitler 44 años. Con tal motivo su biografía ha sido profusamente popularizada en toda Alemania. Pero fuera de ella la vida del Führer es muy poco conocida. Vale la pena dar a mis lectores un resumen de esta carrera excepcional.

Hitler nació en Braunau, una pequeña aldea, puente sobre el río Inn y sobre la frontera austriaco-alemana. En la historia de Alemania apareció Braunau otra vez antes de ahora, cuando Napoleón hizo fusilar sobre uno de sus verdes prados al librero Paim. El padre de Adolf Hitler era allí empleado de aduanas del Estado austríaco, puesto al que se había elevado desde la pobrísima cuna que sus padres, campesinos arrendatarios, le habían dado. En las fotografías de familia, que ahora desempolvan las revistas, puede verse al viejo Hitler luciendo orgullosamente su barba de postillón y su bien ganado uniforme de aduanero del Sacro Imperio. Un uniforme emplumado y ostentoso. El mismo Adolf Hitler cuenta que su padre estaba tan poseído de su rango, del puesto a que había llegado desde humilde obrero, que para él no había nada semejante a empleado del Estado. Y, naturalmente, su supremo ensueño consistía en que también, andando el tiempo, su hijo ingresara al servicio del Estado.

El ensueño del padre era la amargura de Hitler, el cual sentía un horror profundo ante la perspectiva de una vida burocrática y abrigaba anhelos de llegar a ser un artista famoso. Con esta disidencia explica Hitler el hecho de su escasa aplicación en la escuela: “todo lo que no me producía un placer o lo que comprendía que no habría de serme provechoso para mi carrera de artista, lo saboteaba decididamente”. Según los pocos recuerdos que en torno a su niñez han podido recogerse, era ya de chico un temperamento extremadamente exaltado. El choque con su familia y el choque con sus camaradas siembran ya en la niñez de Hitler la inadaptación con el medio que le rodea, lo que ha de convertirse más tarde en uno de los imperativos categóricos del creador del Nacional-Socialismo.

Cuando apenas Hitler había alcanzado la edad de 15 años muere el padre y poco después la madre. Con los menguados restos de una escasa fortuna, Hitler se prepara para ingresar en la Academia de Arte de Viena. Un suspenso termina las últimas ilusiones artísticas, al propio tiempo que se agotan los últimos recursos económicos. 18 años. Es entonces cuando comienza el período del Hitler peón de albañil, obrero ocasional - ocasional en el doble sentido -, Adolf Hitler se encuentra anonadado por las circunstancias. En “Mi lucha” cuenta esta época de su vida con profundos y tétricos colores. Al fracaso de las ilusiones se une la necesidad de ganarse el pan duramente. La inadaptación con el ambiente se eleva entonces ya a un grado superior. No se trata con sus compañeros de trabajo ni se entiende con ellos. Durante las horas de descanso, cuando todos se reúnen a charlar y discutir, cuenta Hitler que él “bebía su botella de leche, comía su pedazo de pan y estudiaba con recelo el ambiente o meditaba sobre su triste suerte”. Surge el primer choque con la Social-Democracia. Los compañeros de trabajo querían hacerle afiliarse al Sindicato correspondiente. Hitler, que no se consideraba como un obrero (“yo buscaba trabajo solamente para no morir de hambre y poder ir entretanto continuando mi educación”), se niega a sindicalizarse. Es expulsado una y otra vez de los sitios de trabajo. El odio contra la Social-Democracia, política que seguían los Sindicatos, había nacido ya.

Más tarde se traslada a Munich y allí, donde después de haber logrado establecerse ya como pintor independiente, le sorprende la conflagración europea. El día 3 de agosto de 1914, en un regimiento bávaro, inscrito como extranjero, parte hacia el campo de batalla el voluntario Adolf Hitler. Sus compañeros de trincheras le consideran como un hombre de ideas extrañas y extravagantes en sus aficiones. Los documentos fotográficos de la guerra en los cuales puede verse a Hitler entre sus compañeros, tienen un interés extraordinario, pues en todos ellos se sorprende a Hitler poseído por un gesto completamente ajeno al gesto del grupo. Sobre su comportamiento en el frente han corrido diversas versiones, pero un hecho irrefutable es que ha ganado la Cruz de Hierro de Primera Clase, la más alta recompensa que un soldado podía alcanzar.

La terminación de la guerra y la proclamación de la República la vive en un lazareto, sumido en las tinieblas de una ceguera producida por gases asfixiantes. Pero, ya entre las primeras tropas que al mando del General Ritter von Epp (el actual jefe del Gobierno bávaro) marchan contra la “Räterepublik” de Baviera, figura Adolf Hitler como suboficial.

Lo fundamental en la vida de Hitler es que ninguna de sus grandes ideas ha sido adquirida por medio de un fenómeno reflexivo, sino a través de un impulso. Cuenta él mismo que su Nacionalismo lo sintió por primera vez afluir al pecho, viendo de niño, unas revistas ilustradas sobre la guerra del 71, que su anti-semitismo surgió repentinamente al encontrarse en Viena, a la vuelta de una esquina, con el rostro moreno y anguloso de un judío; que su anti Marxismo se lo produjo el contacto con los obreros de Viena, una mañana de sol, en la obra en que trabajaba. Además, del impulso puede descubrirse otro factor preponderante también en la vida de Hitler: la Plástica. Los impulsos, son casi siempre producidos por sensaciones plásticas, captadas por una fina sensibilidad para los colores y los contrastes. Esa sensibilidad que habría de hacer de Hitler uno de los mejores propagandistas que conoce la Historia, en cuanto la Propaganda se refiere a efectos plásticos.


Augusto Assía; Berlín, abril de 1933.






1 comentario:

  1. Cuantas veces leo algo o mucho sobre Adolf Hitler, siempre descubro algo que me hace reflexionar sobre la vida y obra de este Gran HOMBRE, si, con mayusculas; porque he logrado con los revisionistas de muchas partes del mundo, hacerme una idea mas amplia sobre su vida y obra. Austria dio dos grandes hombres, Johann Theofilus Wolfgang Amadeus Mozart y Adolf Hitler. Ambos dieron un impulso muy grande a su pais; para envidia y frustracion de muchos, al grado que hasta hoy le siguen arrojando lodo e inmundicias a este ultimo.Saludos

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