jueves, 28 de abril de 2016

ADOLF HITLER 107 (color): "El discurso que ha pronunciado confirma plenamente las dotes oratorias del impulsor de la nueva Alemania. El discurso de Hitler y el mensaje de Roosevelt quedarán como piezas retóricas memorables. En ellas se encierran los mejores gérmenes de esperanza."



ALEMANIA Y LA PAZ 

El discurso que ha pronunciado el Canciller Hitler en el Reichstag, confirma plenamente las dotes oratorias del impulsor de la nueva Alemania. Esta vez el Jefe de los Nacional-Socialistas no se dirigía a un público familiar, no se proponía levantar el ánimo de los millones de alemanes oprimidos por las humillaciones derivadas de la derrota y por las calamidades y miseria a que sus enormes cargas de pueblo vencido les encadenaban. La Revolución Nacional-Socialista se presenta, como nunca, en forma de levantamiento del orgullo nacional, sacudiendo cadenas que amenazaban seguir oprimiendo a las generaciones germanas. El Canciller tenía que encararse con las demás naciones y decirles, desde el estrado de su omnímoda autoridad, cuál es la voluntad inquebrantable de Alemania.

El momento era sumamente difícil. La tirantez de espíritu entre los ex aliados y Alemania había llegado estos días a un grado alarmante en las discusiones del Desarme. Todas las gestiones quedaron paralizadas en el momento en que, no siendo posible proseguir los debates sobre efectivos, Nadolny fue llamado a Berlín. Los incidentes austro-germanos, los de Londres con motivo de la visita del enviado del Reich, Herr Rosenberg, las acres censuras en el Senado británico y en la prensa de todos los matices, acusando a Alemania de provocar el derrumbamiento de los trabajos por la paz y como consecuencia de impedir la anunciada Conferencia Económica, habían creado una atmósfera irrespirable. Éste era el aire envenenado que tenían que atravesar las palabras de Hitler hacia todos los puntos cardinales. Se había llegado, incluso, a hablar de sanciones inevitables.

Pues bien; a juzgar por las impresiones de los círculos responsables, las manifestaciones de Hitler tienen un carácter hasta cierto punto conciliador, sin que por ello pueda subrayarse una sola de sus palabras que comprometa las plenas demandas de igualdad de derechos. Al rechazar toda sombra de responsabilidad de la pasada Guerra, Hitler sitúa a su país en el mismo plano de sus vencedores. Una prueba de que sus conceptos responden fielmente al sentir del Pueblo alemán, es el hecho de haber sido aprobada la resolución del Reichstag incluso por los Socialistas.

No era de esperar que Hitler desatara el nudo que tiene medio estrangulada la paz en Ginebra (es decir, en el mundo). La cuestión de los efectivos tendrá que ser objeto de agudo estudio. No obstante, el Canciller reconoce la necesidad de adquirir nuevos compromisos, que Alemania no rehúsa, al deshacerse los de Versalles. Seguramente la aceptación de un período de transición de cinco años es el dato más valioso por lo concreto.

El discurso de Hitler y el mensaje de Roosevelt quedarán como piezas retóricas memorables. En ellas se encierran los mejores gérmenes de esperanza. Sin embargo, en materia de declaraciones, la historia de la postguerra es abundante y a pesar de tan bellas palabras, el mundo se halla en declive.


La Vanguardia; 17 de mayo de 1933.






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