jueves, 28 de abril de 2016

ADOLF HITLER 109 (color): "Los vencidos pueden del mismo modo que los vencedores, exigir los derechos que les da el Tratado, porque el derecho de solicitar la revisión está fundado en el propio Tratado. La Igualdad de Derechos es un derecho moral, porque Alemania ha desarmado más allá de los límites de la justicia y la razón."



PUNTOS RELEVANTES DEL DISCURSO DEL CANCILLER

El Reichstag se reunió en la Ópera Kroll. En la tribuna diplomática se hallaban los embajadores de todos los países, hallándose en otra el ex Kronprinz, que vestía de uniforme.

En cuanto a las tribunas destinadas al público, se hallaban materialmente atestadas. Después de una breve alocución del señor Hermann Goering, Presidente del Reichstag, hizo uso de la palabra el Canciller Adolf Hitler:

“Los problemas políticos y económicos con los que se enfrenta el Parlamento, proceden de los defectos del Tratado de Paz.

No debieron expresarse ideas tan peligrosas como los castigos ni las reparaciones de los daños causados.

La Política de Reparaciones ha obligado a Alemania a exportar, y la concurrencia en el Mercado Internacional ha determinado una racionalización exagerada.

Los millones de obreros parados que hay en Alemania, son la consecuencia final de dicha Política.

Una nueva guerra no podría crear un estado de cosas mejor que el que existe actualmente. Los vencidos pueden del mismo modo que los vencedores, exigir los derechos que les da el Tratado, porque el derecho de solicitar la revisión está fundado en el propio Tratado.

La Igualdad de Derechos es un derecho moral, porque Alemania ha desarmado más allá de los límites de la justicia y la razón.

Alemania está dispuesta a asumir nuevas obligaciones si los otros países se disponen a ello y se aprovecha de la igualdad que los otros reclaman.

Aceptaría un período de transición de cinco años para la realización de la seguridad, a condición de que en dicho periodo Alemania esté efectivamente en igualdad de condiciones con los demás Estados.

He recibido fervorosamente las proposiciones del señor Roosevelt, pero el Gobierno y el Pueblo alemanes, no darán bajo ningún pretexto una firma que pudiera perpetuar la descalificación de Alemania.

Se amenaza a Alemania con sanciones, y semejante procedimiento es monstruoso, porque llevaría consigo la pérdida de vigencia definitiva del Tratado y Alemania entonces podría difícilmente continuar perteneciendo a la Sociedad de Naciones.

Expongo votos porque las demás naciones comprendan la voluntad inquebrantable del Pueblo alemán de poner fin a un período de hierro para encontrar el camino que lleve a la inteligencia de todos en un plan de Igualdad de Derechos”.

El discurso del Canciller fue acogido con una ovación delirante. El ex Kronprinz, puesto en pie en la tribuna, manifestaba ostensiblemente su satisfacción. Por unanimidad absoluta, es decir, incluyendo los sufragios de los Socialistas, el Reichstag adoptó una resolución aprobando al Gobierno y afirmando “estamos con usted en esta cuestión decisiva para la vida de la Nación, concerniente a la Igualdad de Derechos del Pueblo alemán”.

Una nueva tempestad de aplausos entusiastas estalló después, tanto en las tribunas como en el hemiciclo, y la Asamblea entonó espontáneamente el himno alemán.


Agencia Fabra; Berlín, 17 de mayo de 1933.







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