lunes, 30 de mayo de 2016

¿GUERRA?: "'La guerra es inevitable', 'viene la guerra', se repiten las gentes como un nuevo saludo. La posición de Hitler no puede ser más grave ni más difícil. El Canciller hablará ante el Senado de convidados de piedra, que el Parlamento constituye hoy en Alemania, para el mundo entero. La prensa y la opinión de todo el mundo anuncian que del carácter de este discurso dependerá la paz inmediata."



ALEMANIA: ENTRE LA PAZ Y LA GUERRA

Los acontecimientos políticos que necesariamente habían de originar la exaltación de Hitler al poder se están precipitando con ritmo alarmante. Todo el mundo sabía ya antes del 30 de enero que la Política Nacional-Socialista habría de producir una conmoción general en la endeble estructura europea actual, pero apenas podía imaginarse nadie que sólo cuatro meses después de la instauración del Gabinete Hitleriano el proceso político interior y exterior pudiera llegar al grado de exaltación en que hoy se encuentra. La Alemania Nacional-Socialista ha logrado ya aislarse del mundo entero, provocar una psicosis guerrera general, en cuanto al exterior. En cuanto al interior, las divergencias dentro de los diversos sectores de la opinión conservadora adquieren cada momento más intensas proporciones. La elección del Doctor Heinrich Brüning para la presidencia, con atribuciones dictatoriales, del Partido del Centro, las peticiones del Partido Nacional-Socialista a Alfred Hugenberg sobre la Política Económica, señalan claramente profundas disensiones entre el Gobierno y las fuerzas moderadas, no conexionadas con él de un lado, y del otro dentro de las mismas fuerzas gubernamentales. Sin contar con que el General Kurt von Schleicher continúa siendo un enigma que nadie se arriesga a descifrar.

En la Política Exterior se encuentra hoy Alemania en las mismas condiciones que cuando se vio obligada, después de sucumbir en las trincheras, a firmar el Tratado de Versalles. El calvario de Walther Rathenau, de Gustav Stresemann, de Ernst Robert Curtius y de Heinrich Brüning, ha sido inútil. La misma Austria le vuelve la espalda a su aliada de siempre, e Italia, en cuya amistad confiaba el Nacional-Socialismo como piedra angular para toda su Política Exterior, ha demostrado ya en la primera ocasión (con motivo de la resolución de la Conferencia del Desarme sobre las organizaciones Nacional-Socialistas) que Mussolini es un político demasiado inteligente y sutil para embarcarse en aventuras espectaculares. La impresión que la abstención de Italia en la resolución de la Conferencia del Desarme sobre la “Adaptabilidad Militar” de las Escuadras de Asalto ha producido una profunda decepción en el Pueblo alemán, a pesar de que los periódicos no la comenten ni con una sola palabra.

Los sucesos ocurridos en Viena, con ocasión de la visita de los dos prominentes Nacional-Socialistas Hans Frank y Wilhelm Kube, el nuevo conflicto con Polonia en Dantzig y el tono que la gran prensa de todo el mundo, sobre todo, la inglesa y la francesa, adopta frente a Alemania como contestación al tono que los Jefes Nazis adoptan frente al resto del mundo, produce una situación sólo comparable a la de la primavera de 1914. Penoso sobre todo para la Política Exterior alemana ha sido el recibimiento que el Gobierno inglés ha dispensado al “Mandatario” Internacional de Hitler, señor Alfred Rosenberg. El señor Rosenberg no ha sido recibido ni por Ramsay Mac Donald ni por el Ministro del Exterior, porque, según declaraciones del mismo Rosenberg, “se encontraban excesivamente atareados”. Rosenberg ha depositado en el monumento a los muertos de la Gran Guerra, en Londres, una corona con la bandera Nacional-Socialista; esta corona fue retirada del monumento y arrojada al Támesis por un ex capitán, al que los tribunales han condenado exclusivamente con una multa de 40 chelines.

La palabra "Guerra" vuelve a llenar las páginas de todos los periódicos y a vibrar en todas las conversaciones. “La guerra es inevitable”, “viene la guerra”, se repiten las gentes como un nuevo saludo. El Secretario de Estado de Norteamérica declara públicamente que “en caso de una guerra, los Estados Unidos prestarían su apoyo moral a Francia e Inglaterra”. La Guerra Preventiva es lo menos que la opinión polaca y francesa exigen. La Conferencia del Desarme se encuentra ya de hecho fracasada y la gran Conferencia Económica Mundial que habrá de inaugurarse el día 12 de junio en Londres amenaza convertirse en una hoguera de pasiones.

Durante catorce años Hitler ha pregonado a los cuatro vientos que en cuanto él llegara al poder “quedarían hechas hilachas las cadenas de Versalles”. Las cadenas de Versalles, que ya no eran más que una metáfora después de las limaduras de Stresemann y Brüning. En un cartel de propaganda en las primeras elecciones presidenciales, un obrero alemán aparecía, como símbolo del Nacional-Socialismo, rompiendo entre sus fuertes brazos la “cadena de Versalles”. La realidad ha querido que ocurriera todo lo contrario, que la cadena amenace ahora, como nunca, con ceñirse al cuello de Alemania. El Ministro del Ejército de Inglaterra ha declarado en el Parlamento que “si Alemania no acepta las decisiones de la Conferencia del Desarme o se retira de ella, la solución no puede ser otra que la de aplicarle el Tratado de Versalles con todas las consecuencias”. Es decir, que Hitler se encontrará ante la alternativa de suprimir por sí mismo sus Escuadras de Asalto o de sufrir que a su Pueblo le sea aplicado el odiado Pacto de Versalles.

La posición de Hitler no puede ser más grave ni más difícil. En un discurso que el día después de que escribo esta crónica, va a pronunciar en el Parlamentó, convocado a este exclusivo efecto, explicará cuál va a ser la actitud de Alemania frente a la tormenta que la amenaza. El Canciller hablará ante el Senado de convidados de piedra, que el Parlamento constituye hoy en Alemania, para el mundo entero. La prensa y la opinión de todo el mundo anuncian que del carácter de este discurso dependerá la paz inmediata. Una sola cosa puede adelantarse: el aplauso de los convidados de piedra. Mientras tanto todo el mundo comienza a tomar sus posiciones. Muchos periodistas y corresponsales comienzan a concentrarse en las fronteras para presenciar los trabajos de atrincheramiento y defensa con que los pueblos empiezan a “cavar el porvenir”.


Augusto Assía; Berlín, mayo de 1933.





No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡SE AGRADECE SU APORTACIÓN A ESPEJO DE ARCADIA!