lunes, 13 de junio de 2016

DANTZIG (4): "Contemplan a la vieja Prusia, cuna de su Patria, convertida en una especie de colonia por culpa del famoso Pasillo. El Nacionalismo Hitleriano tiene allí uno de sus focos sentimentales. ¿Cómo extinguirlo? Porque Polonia se negará siempre a toda concesión."



EL PASILLO POLACO

Según parece, uno de los más conspicuos lugartenientes de Hitler ha declarado que el Tercer Reich alemán quiere, sobre todo, rectificar sus fronteras en el Este, porque en el Oeste no ha perdido más que la Alsacia, la Lorena, Eupen y Maimedy (el Sarre volverá a él tarde o temprano); mientras que más allá del Elba, fue amputado de la Silesia, de la Posnania y de Dantzig y separado de la Prusia Oriental.

Hasta los alemanes más nacionalistas comprenden que Alsacia y Lorena volvieron a Francia de una manera definitiva y que el Rhin es el límite natural de los galos y germanos. En cambio, la reconstrucción de Polonia, la unión de los tres fragmentos poloneses que poseían Alemania, Rusia y Austria, les llena de indignación y de amargura. Y esta indignación y esta amargura se acentúa cuando contemplan a la vieja Prusia, cuna de su Patria, convertida en una especie de colonia por culpa del famoso y discutido “Pasillo” de Dantzig.

Dicen los polacos:

“Alemania nos aísla comercialmente. Se ha negado a ratificar el Tratado de 1931. Rusia es nuestra enemiga tradicional, ahora más que en tiempo de los Zares. Los Soviets nos invadieron y llegaron a las puertas de Varsovia. Más tarde o más temprano nos invadirán de nuevo. Mientras cierran su territorio a nuestras producciones.

Obligados por las circunstancias, hemos tenido que volver nuestros ojos al océano. Polonia se extiende hoy desde Lituania al Brandeburgo y desde el Bug a los Cárpatos. ¿Cómo podría resignarse con un mediterranismo semejante al de Checoeslovaquia? Por eso pedimos una salida al Norte. Por eso nos dieron Dantzig. Dantzig que ha sido nuestro. Dantzig, que nos arrebataron los Caballeros Teutónicos después de degollar a diez mil de sus vecinos. Dantzig, que fue otra vez polaco hasta que se consumó el gran crimen del reparto de la nación, a fines del siglo dieciocho.  ¿Que sus moradores son hoy alemanes en un ochenta por ciento? Es verdad. ¿Que el “pasillo” célebre es una invención extraña? No tanto. Hay otros casos en la historia. Pero nosotros no tenemos la culpa de que se nos condenara a ser vasallos de poderes exóticos y de que se asesinara nuestra independencia y nuestra unidad. Restablecidas éstas, resucitada la Polonia histórica, reclamamos de los vencedores un mínimo de posibilidades de vida, Dántzig era una de ellas y nos la dieron. Y no nos la dejaremos arrebatar.

Hoy, la exportación polaca se hace por los puertos de Dantzig y de Sdynia, su anejo novísimo, en una proporción del 51 por ciento. Y aumentará. Poseemos ya líneas de navegación propias, que envían sus grandes barcos a otros continentes. Estamos creando una escuadra. No. No lograrán apartarnos del mar. Somos veintiocho millones de polacos y vivimos sobre un país de 300 mil kilómetros cuadrados. Nuestro pulmón marítimo nos es indispensable para respirar.”

Y los alemanes miran el mapa. Y ven a la Prusia Oriental, la de Koenigsberg, donde se coronaban los reyes prusianos, la de Friedland, la de Eylaw, la de las batallas lacustres de Hindenburg, arrinconada allá junto a la Lituania, sola y sombría, sin que la una con la madre patria ningún lazo geográfico. Polonia, dueña hoy de todo el curso del Vístula, se interpuso y la separó bruscamente. El alemán de Brandeburgo que quiera ir a ella, ha de salir de su país y pisar un suelo extranjero. O recurrir al aeroplano. Y volar.

Alemania se hará difícilmente a la idea de perder de un modo definitivo Posnania y Silesia. Pero quizá pasadas las actuales exaltaciones, amortiguado el dolor de la derrota, comprenda que es justo que expíe su participación en la muerte de Polonia. Más puede asegurarse que no se resignará con que la Prusia que le dieron los Caballeros Teutónicos y donde se inició el gran proceso de su unidad racial y política, esté rodeada por fronteras polacas.

Es Dantzig, con su “pasillo”, uno de los puntos neurálgicos de la Europa calenturienta de la postguerra. El Nacionalismo Hitleriano tiene allí uno de sus focos sentimentales. ¿Cómo extinguirlo? Porque Polonia se negará siempre a toda concesión...


Fabián Vidal; 23 de mayo de 1933.






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