jueves, 10 de noviembre de 2016

DANTZIG (8): "La única voz autorizada del sentimiento alemán que a estas horas nos viene de Dantzig, permite creer que la Política de Moderación bosquejada por Hitler recientemente, persevera."



MODERACIÓN GERMANA

La Política en Dantzig adquiere una sensibilidad mercurial que hace de la Ciudad Libre (y Prisionera, como se la ha llamado también) el más sensible barómetro a las presiones de la atmósfera europea.

Por eso las elecciones que se celebraron el domingo último habían despertado viva emoción en los círculos responsables. Todos los vaticinios eran favorables a las candidaturas Nacionalistas (Hitlerianas y Frente negro-blanco-rojo). Aunque estos dos bandos se combaten en sus propagandas, coinciden - y asimismo el Zentrum y otros núcleos - en un sentimiento común germanista. El triunfo de estas elecciones es rotundo en favor de esta causa.

Sin embargo, esta victoria resonante en Berlín y en todas las conciencias que apetecen el resurgimiento alemán, no ha producido, por lo menos de momento, los chispazos alarmantes que en anteriores ocasiones, y con menos causa, se habían registrado. Recuérdense las llamadas atrocidades de Brest-Listovsk, las continuas suspicacias franco-germano-polacas sobre el corredor polaco, el asalto a los locales sindicales, el grave peligro en que puso ya a Europa ese latente polvorín que es brasa viva que quedó de la guerra europeo junto al Báltico.

Es un alivio el ver el giro que toma la Política Europea. Mientras por una parte la Pequeña Entente parece reaccionar hacia el “Pacto de los Cuatro”, la única voz autorizada del sentimiento alemán que a estas horas nos viene de Dantzig, permite creer que la Política de Moderación bosquejada por Hitler recientemente, persevera. En efecto, el candidato Hitleriano a la presidencia de la Dieta de Dantzig, antes de partir para entrevistarse en Berlín con el Canciller, se ha expresado en términos serenos y respetuosos incluso con los vigentes acuerdos territoriales. No se ha producido el grito imperioso que pudo haber pedido la inmediata unión de Dantzig con Alemania. Y si Francia garantiza a Polonia el mantenimiento de las actuales fronteras, es de creer que sobre este punto hay ya un acuerdo de principio entre las cuatro potencias.

Lo cual quiere decir que el polvorín que aísla la Prusia Oriental por ahora no ofrece peligro. Pero esto no es una solución, sino una transigencia. Alemania procurará compensarse en alguna forma. Además, tarde o temprano, el Corredor Polaco entrará de lleno en las revisiones.

Sería, con todo, ingenuo suponer que el ímpetu de la nueva Alemania se estuviese ya desgastando. Lo que pasa es que Hitler comprende que si las Conferencias Internacionales de este año (Desarme y Economía) fracasasen, ello no debiera ser en manera alguna atribuible a la actitud de Berlín, pues la firmeza internacional del nuevo Reich estriba precisamente en presentarse al mundo como un puntal de la estabilidad de una futura confianza y pacificación. En este dilema, entre Moderación Exterior y Revolución Interior, el Canciller navega hábilmente, haciendo que las declaraciones peligrosas, las pronuncien von Papen y von Neurath, con lo cual habla por boca de éstos a los bizarros racistas, en tanto él se reserva el delicado papel de capear los temporales allende las fronteras. Que el Programa Nacional-Socialista no se ha desvirtuado lo prueba esa polémica sobre las minorías de la Alta Silesia y de todo el territorio alemán que ocupa ahora a la Sociedad de Naciones.



La Vanguardia; 31 de mayo de 1933.







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