lunes, 21 de noviembre de 2016

EL ANSCHLUSS: "Algo se ha quebrado entre Austria y Alemania. La frontera que separaba a las dos naciones era un absurdo. Había que borrarla, que hacer que se mezclaran todos los germanos, dentro de una Patria común."



CONFLICTO POR EL ANSCHLUSS

El artículo que se reproduce a continuación es producto de la opinión pública que se tenía a la llegada reciente del Nacional-Socialismo al poder en Alemania, aunado a la incertidumbre y desconfianza internacional que reinaba posterior a la Primera Guerra Mundial. Para esta fecha el Proyecto Social NS aún era desconocido para todos. 

Algo se ha quebrado entre Austria y Alemania. Los incidentes ocurridos con ocasión de la visita a los Nazis austríacos del Ministro bávaro Hans Frank, han sorprendido altamente en los círculos oficiales germanos. Por lo significativos. Porque señalan un cambio radical de orientación en la Política seguida hasta ahora por los partidos y los hombres públicos del pequeño Estado que tiene como capital a la enorme Viena.

Fue a Austria el aludido Ministro Frank. Y en el aeródromo de Aspern, apenas descendió del avión, le salió al encuentro un Comisario enviado por el Canciller Dollfus. Y le dijo: “Aunque su visita no era deseada, el gobierno ha tomado medidas para protegerle personalmente”.

Frank se quedó estupefacto. Era verdad que no le había invitado el Gobierno Austríaco, pero aquella manera de recordárselo le pareció escasamente protocolaria. ¿Fue por eso por lo que se lanzó, temerariamente, en sus discursos, a una campaña de críticas? Es lo cierto que en Gratz y en otras poblaciones, ante las asambleas de los Nazis de Austria, atacó duramente al Canciller Dollfus y a sus Ministros y excitó a sus oyentes a combatirles como hostiles al verdadero Germanismo, que aspira al “Anschluss”, a la entrada de Austria en el Reich Alemán. Bien es verdad que antes de emprender su viaje, estando en Munich, Frank había hablado ante el micrófono de una estación de radio, diciendo entre otras cosas: “Si las autoridades de Austria se oponen a la propaganda y al triunfo de los Nazis austríacos, nosotros los alemanes, intervendremos para impedirlo”. Luego, amenazó con el boicot, por los turistas de Alemania, de los balnearios austríacos.

Indignado por el discurso de Gratz, el Canciller Dollfus hizo saber en Salzburgo al Ministro Frank, por medio del Comisario de Policía, que “el Gobierno de Austria vería con el mayor placer que abandonase rápidamente el territorio de la República”. Así lo hizo Frank, y de vuelta en Baviera, ha procurado que la Prensa airee el incidente y ha conseguido que Hitler ordene al Ministro de Alemania en Viena que visite, en son de queja, al Canciller Dollfus.

¿Quién hubiera dicho, hace un año, que sucederían tales cosas? Austria, por el órgano de sus dos grandes partidos, el Católico Social y el Socialista, era espiritualmente, un anejo de Alemania. Hoy le vuelve la espalda. Y proclama a grito herido su ardiente resolución de defender su independencia. ¿Qué ha pasado para que en tan corto período de tiempo se haya consumado esa evolución trascendental?

Ha pasado que ya no hay en Alemania una Constitución. Que ha triunfado el Fascismo Unitario. Que Weimar fue vencido por Postdam. Que desapareció prácticamente el Federalismo, base del Reich...

Los Católicos de Austria, conscientes de que su país, formado por una cabeza gigantesca y un débil cuerpecillo enteco, es una monstruosidad política y geográfica, veían con buenos ojos los trabajos que se hacían, en Viena y en Berlín, para que el “Anschluss” triunfara de la oposición de las potencias vencedoras y de los recelos de la “Pequeña Entente”. Austria podría ser dentro del Reich, una Baviera más. Unida a ella por los lazos religiosos, contrabalancearía la influencia de la Prusia Protestante. Viena sería la capital de la Alemania del Sur. La producción austríaca, protegida por el Zollverein germano, saldría de sus angustiosas dificultades, que no acertó a conjurar la Sociedad de Naciones. Desde el mar del Norte a las fronteras magiares habría una sola nación, agrupamiento étnico justificado por la Historia y la Geografía y la igualdad de lengua.

Pero surgió Hitler: “Hitler el de la Svástica”. Hitler, el que buscó los orígenes espirituales de la nueva Alemania en Odín. Hitler, el que tronaba en sus piezas oratorias contra Católicos y Judíos y afirmaba que unos y otros eran enemigos de lo genuinamente germano.

Y apenas hubo hecho su revolución, acabó con la forma federativa del Reich. Los estados desaparecieron. Baviera, la Católica, perdió toda autonomía. Fue, en manos de los Hitlerianos, una dependencia de Prusia.

Y los Católicos de Austria, horrorizados ante la perspectiva que les ofrece un “Anschluss” realizado bajo el signo Fascista, dicen que no quieren que su República sea, en el Reich Alemán, una Baviera de segunda clase.

Los Socialistas austríacos fueron siempre discípulos obedientes de sus correligionarios de Alemania. Les imitaban en todo: en sus organizaciones, en su táctica, en su prensa, en sus sistemas de propaganda, en su lenguaje político. Durante la Gran Guerra mantuvieron con ellos una hermandad conmovedora.

Organizada Alemania en República, poderosos los Socialistas, que monopolizaban el gobierno de Prusia, gracias a Carl Severing y a Otto Braun, los Socialistas de Austria acogieron con alegría la idea del “Anschluss”. ¿Por qué no había de ser Austria un estado más del Reich, de un Reich obediente al espíritu Liberal y Republicano de Weimar? La frontera que separaba a las dos naciones era un absurdo. Había que borrarla, que hacer que se mezclaran todos los germanos, dentro de una Patria común.

Pero llegó el Fascismo. El Fascismo que ha aniquilado al Partido Socialista germano, cerrando sus círculos, suprimiendo sus periódicos, encarcelando sus “líderes”, apoderándose de sus fondos, disolviendo sus sindicatos. Y los Socialistas austríacos, aterrados, han hecho un cuarto de conversión y han repudiado la idea del “Anschluss”.

En la ceremonia conmemorativa de la victoria de Starnberg sobre los turcos, cuarenta mil milicianos católicos juraron defender la independencia de Austria. Con ellos estaban en aquel momento, de corazón, los proletarios y burgueses, la mayoría de Austria. Se ha hecho la unión sagrada frente al Hitlerismo. Y el viaje del Ministro Frank sólo ha servido para que esa unión tenga, en las alturas del gobierno, una consagración oficial.


Fabián Vidal; 02 de junio de 1933.






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