miércoles, 28 de diciembre de 2016

ECONOMÍA HOLANDESA: "Ningún país compra hoy queso, ni manteca, ni carne, ni legumbres, ni flores, principales productos de la Agricultura holandesa. Pero ni aun a los precios más bajos encuentra el campesino mercado para sus productos. Diariamente sobran en el mercado de Amsterdam miles de litros de leche y pilares enormes de queso y manteca. Cerca de Amsterdam han tenido que ser quemadas, no hace mucho, millones en legumbres."



HOLANDA BAJO LA CRISIS

Ningún país de Europa había adquirido en los últimos tiempos un apogeo semejante al de Holanda. Durante la Gran Guerra, y la época de coyuntura económica que la siguió, bajo el pabellón neutral de la bandera holandesa florecieron todos los negocios y todas las industrias. De un país predominantemente agrario, Holanda se convirtió en un gran país industrial. Los productos de su Agricultura eran arrebatados a precios exorbitantes por todos los países del mundo. La industria del queso y la manteca, alimentada por la Ganadería sin par de las praderas bajas holandesas, adquirieron un desarrollo extraordinario. Los productos de las exuberantes colonias en la Indonesia: petróleo, azúcar, cacao, café, etc., se los disputaban los más distintos mercados.

En el año 1919 Holanda extrajo de sus colonias 1426 millones de florines, que revirtieron íntegramente en beneficio de la metrópoli. Holanda entera se remozó y construyó de nuevo. El viajero que hoy atraviesa el país se encuentra con un Pueblo hecho completamente desde hace unos años. Nuevas fábricas, nuevas aldeas y villas, nuevos barrios en las ciudades. Ninguna ciudad del mundo tiene unos barrios semejantes a las colonias para obreros, construidas en arquitectura moderna de Ámsterdam.

La mayoría de esas nuevas fábricas, muchas de ellas modelo, están ya paralizadas; aldeas enteras construidas hace unos años con todos los adelantos modernos, comienzan a resquebrajarse por la miseria; cientos de casas en los nuevos barrios se encuentran desalquiladas. La Crisis Económica Mundial ha congestionado todos los conductos económicos holandeses, produciendo una catarsis general en el Pueblo. Las barreras aduaneras y la tendencia del Aislamiento Nacional ha dejado completamente en el aire una estructura económico-industrial montada, como la holandesa, con vistas a la exportación. Al año 1932 las colonias no sólo no le han producido beneficio alguno, sino que han comenzado a ocasionar pérdidas. Sobre el conflicto económico que las colonias suponen para Holanda, he de ocuparme en una próxima crónica, a fin de no desviar el tema de la presente.

El 65 por ciento de la Industria Interior se encuentra paralizada. La fábrica eléctrica Philips, la casa industrial más importante de Holanda, trabajaba en 1929 con 30 mil obreros, y hoy ocupa apenas 10 mil. La Industria del Calzado ha sido completamente destruida por la competencia alemana y checoslovaca. La Industria de Tejidos, que había adquirido importancia en tres regiones holandesas, produce apenas el 25 por ciento de lo que pudiera producir. De la magnífica Marina Mercante holandesa, se encuentra en tráfico sólo el 17 por ciento. El “dumping” ejercido por Inglaterra, Estados Unidos y Japón a través de la depreciación de sus monedas, le ha arrebatado a Holanda los últimos mercados. Incluso dentro de las mismas colonias holandesas, la metrópoli no puede resistir la competencia de Japón.

La Agricultura holandesa, la fuente inmanente de la Economía de Holanda, ha sido montada, sobre todo durante los últimos años, bajo el Principio: “intensificación de la producción”. Los agricultores holandeses han hecho cuantiosos dispendios para mecanizar y modernizar sus métodos de producción, llegando a adquirir un nivel sólo comparable al existente en los Estados Unidos. De este modo ha sido intensificada conscientemente la tendencia inconsciente, latente ya en la Economía Agrícola holandesa, por razón de sus circunstancias geográficas, que supedita todos los demás factores al factor de la producción. Hoy los agricultores holandeses se encuentran con un terreno extraordinariamente fértil por sí mismo, pero de mantenimiento costosísimo.

Como se sabe, la parte agrícolamente más importante de Holanda la forman los llamados “Polder”, es decir, la “tierra más baja que el mar”; tierra que antes ha sido mar y que hoy es preciso defenderla de los ataques de éste, regular el riego, etc., lo cual encarece terriblemente el coste de la producción. Y sobre la carestía, que pudiéramos llamar natural, del coste de producción agrícola en Holanda, se añade ahora toda la mecanización e instrumentos para la mejora del cultivo, aplicados durante los últimos años por el campesino holandés. En consecuencia, los campesinos se encuentran con una cara y enorme producción que no tiene mercados. Ningún país compra hoy queso, ni manteca, ni carne, ni legumbres, ni flores, principales productos de la Agricultura holandesa.

Según las estadísticas, el campesino holandés ha aumentado sus gastos de producción con arreglo a 1914 en un 150 por ciento, y en cambio se ve obligado a vender sus productos al 50 por ciento más baratos que en 1914. Un huevo valía en 1929 nueve céntimos y hoy vale apenas dos céntimos. Pero ni aun a los precios más bajos encuentra el campesino mercado para sus productos. Diariamente sobran en el mercado de Amsterdam miles de litros de leche y pilares enormes de queso y manteca. Cerca de Amsterdam han tenido que ser quemadas, no hace mucho, millones en legumbres.

Donde más expresivamente se refleja el proceso ejercido en la Economía Agrícola holandesa a través de la crisis, es en la historia del grandioso proyecto de secar el Golfo de Zuiderzee para convertirlo en tierra laborable, surgido durante la Guerra, con el fin de darles tierra a los campesinos sedientos de ella. Pero esta dramática historia de una de las más grandiosas e interesantes empresas de la Economía de nuestro tiempo, la explicaré en una próxima crónica.

Augusto Assía; Amsterdam, mayo de 1933.





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