jueves, 1 de diciembre de 2016

ROBERTO FARINACCI (18): "Mussolini entra vivamente y parece que penetra en el alma de todos los presentes. Me recuerda al Mussolini de los grandes acontecimientos y de las grandes decisiones. Quizá ha venteado el olor de la lucha y ha vuelto a ser el que era en los buenos tiempos de la víspera de la Marcha sobre Roma."



EL GRAN CONSEJO FASCISTA

VII

Se retiran los “Mosqueteros del Duce”

25 de julio de 1943, por la tarde.- Por fin puedo, en el jardín de mi “villa”, ordenar con calma mis pensamientos. La noche pasada ha sido de gran tensión, pero tengo la impresión de que lo ocurrido en el Gran Consejo no ha sobrepasado las previsiones hechas. No sólo las palabras, sino también el rostro de Mussolini, cuando nos separamos, expresaban por anticipado la inminencia de graves acontecimientos y la resolución de adoptar enérgicas medidas. En poco tiempo, todo debía quedar resuelto y podríamos continuar la guerra con fuerzas renovadas y rechazar al invasor hacia el mar.

Voy a tratar de resumir con cierto orden los acontecimientos de ayer y la reunión de la noche.

Ayer por la mañana no ocurrió nada importante, y tanto la mañana como la tarde transcurrieron tranquilamente. Uno de mis amigos me dijo que, antes de mediodía, Cianetti había sido invitado por Grandi a firmar el “Orden del Día”, pero que el Ministro de Corporaciones prefirió esperar a la reunión del Gran Consejo para decidirse a firmar. Solamente cuando la sesión empezase estaría en condiciones de expresar su opinión. Además, quería saber por boca del propio Duce cómo iban las cosas.

De cualquier modo, Cianetti dijo que el “Orden del Día” de Grandi le había entusiasmado por su absoluto Patriotismo. De otra parte, Scorza llamó mi atención sobre un hecho que demostraba la insinceridad de Grandi.

Grandi pidió su firma a Pareschi, y como éste dudara, porque no sabía bien lo que tramaba el primero, Grandi se aprovechó del carácter confiado de Pareschi y le aseguró que hasta el Secretario del Partido se había unido a la empresa.

De esta afirmación, dedujo Cianetti que Scorza estaba de acuerdo con Grandi, y, seguro como estaba de la lealtad Fascista del Secretario, se decidió a firmar. Pero cuando Scorza lo supo, desaprobó la acción de Grandi.

Sobre las cuatro de la tarde, un amigo vino a advertirme que estuviera prevenido, ya que había sido informado de que los “Mosqueteros del Duce”, en virtud de una orden misteriosa, habían recibido la consigna de marcharse, por pequeños grupos, en taxis, y regresar a sus casas. Habitualmente, los “Mosqueteros del Duce” eran concentrados en la Central de Policía para ir después al Palacio de Venecia.

La cosa resultaba extraña, pero no me sorprendió. Pensé que venía directamente de Mussolini, quien, consciente de que Grandi y su grupo sabían que él estaba enterado de la existencia de cierta oposición, trataba de evitar que se le achacara cualquier sospecha de temor o de querer atemorizar. La discusión debe servir para aclarar las cosas; y los que en ella participan tienen que aceptar su propia responsabilidad.

Los treinta reunidos en el Gran Consejo

A las cinco de la tarde estoy en el Palacio de Venecia. En contra de la costumbre tradicional, los coches de los jerarcas del Partido, en vez de permanecer en la plaza, habían sido estacionados en el patio.

Al entrar en la Asamblea pienso que hoy ha de desarrollarse allí un acontecimiento de importancia histórica (31). Recuerdo que cada reunión precedente había servido para sancionar un avance de la revolución de los Camisas Negras, y que no es cierto que siempre hayamos tenido que escuchar un monólogo del Duce, para terminar aprobando sus proposiciones, bien por deferencia o bien por temor. Las escenas fuertes, hechas por Balbo (32) y De Vecchi, así como las palabras - no aptas para ser dadas a la publicidad impresa - pronunciadas por Muti y por mí, palabras extremadamente sinceras y vivas aún en mi memoria, son claras expresiones de una oposición, como también lo son determinadas actitudes de Ciano, Arpinati y Michelo Bianchi.

Al comenzar la sesión del Gran Consejo, me fijo en las caras de los presentes, que están vueltas hacia la puerta por donde ha de hacer su aparición el Duce. Los asistentes son: Albini, Acerbo, Alfieri, Balella, Bastianini, Biggini, Bignardi, Bottai, Buffarini, Guidi, Cianetti, Ciano, De Bono, De Marsico, De Stefani, De Vecchi, Farinacci, Federzoni, Frattari Galbiati, Gottardi, Grandi, Marinelli, Pareschi, Pavolini, Russoni, Scorza, Suardo y Tringali-Casanova. De Secretario actúa Scorza.

Mussolini entra vivamente, echa una mirada rápida en derredor y parece que, en una millonésima de segundo, penetra en el alma de todos los Consejeros presentes. Se sienta. Me recuerda al Mussolini de los grandes acontecimientos y de las grandes decisiones. Su mirada es viva y penetrante; sus labios están apretados; sus rasgos se mantienen en calma y denotan fortaleza. Quizá ha venteado el olor de la lucha, y ha vuelto a ser el que era en los buenos tiempos de la víspera de la “Marcha sobre Roma”.

(31) El Gran Consejo Fascista fue creado en 1928. Era el organismo supremo del Régimen. De él partieron la mayor parte de los proyectos de leyes, que eran después formulariamente aprobados por las Cámaras. El Gran Consejo entendía de todas las cuestiones constitucionales y estudiaba los problemas políticos nacionales e internacionales del mayor interés. Desde el mes de diciembre de 1939, el órgano fundamental del Estado Italiano no había sido convocado hasta la presentación de la moción de Grandi.

(32) Cuadrunviro del Fascismo. Fue uno de los cuatro jefes que, a las órdenes del Duce, planearon y dirigieron la Marcha sobre Roma. Posteriormente fue nombrado Jefe de la Aviación Italiana y Ministro del Aire. Siendo gobernador de Libia pereció en 1940 en un accidente de aviación, a los pocos días de la entrada de Italia en la guerra.



Diario de Roberto Farinacci.







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