viernes, 16 de diciembre de 2016

ROBERTO FARINACCI (19): "El Duce refuta la leyenda de que los alemanes se están aprovechando de nuestra alianza, sin darnos nada a cambio. Y pasa a exponer pruebas documentales de sus afirmaciones, en las que figuran convincentes cifras sobre la imponente cantidad de material que, para ayudarnos, nos ha facilitado nuestro aliado en excelentes condiciones."



LA ENTREVISTA HITLER-MUSSOLINI DEL 19 DE JULIO

25 de Julio de 1943.- El Duce declara abierta la sesión, y anuncia, con una voz muy firme, que es su deseo exponer ante los Consejeros el estado de la situación política y militar, para lo cual va a informar, en primer término, sobre su entrevista con Hitler, celebrada el 19 de julio de 1943 en Feltre.

Mussolini: “Nuestro encuentro fue organizado apresurada y pobremente. Se perdió mucho tiempo en los viajes. Pero todo fue compensado por la gran cordialidad de Hitler. En las conversaciones entre los miembros de las dos Delegaciones hubo, naturalmente, debates sobre la intensificación de la colaboración entre las fuerzas armadas de las dos naciones y sobre un aumento del esfuerzo de guerra germano en Italia, con el fin de acudir en nuestra ayuda”.

“En el curso de mis conversaciones privadas con Hitler, le demostré la enorme importancia del territorio italiano en el tablero de las operaciones, pues era el primero en convertirse en el llamado ‘Segundo Frente’, a través del cual los anglosajones intentaban llegar hasta el corazón de Europa. Hitler me garantizó que nos enviaría ayuda, y me advirtió que sus Generales en Italia deberían, a veces, informarme a mí directamente, ya que no tenían mucha confianza en nuestros altos organismos militares. Le contesté que les recibiría personalmente, pero que tendría que hablar con ellos en presencia de mis Generales. Ello afectaba a la dignidad de Italia. En primer lugar, pedí ayuda mediante envíos de aviones y artillería antiaérea. Hitler me dio amplias seguridades.”

Cuando llegó a exponer nuestra situación, el Duce concentró sus palabras en la enorme importancia que tenía la invasión. Por primera vez, la independencia de la nación estaba en peligro.

“Éste debe ser - dijo - el momento del supremo esfuerzo para la unión de todas las clases, de todas las castas, de todas las iglesias y de todas las opiniones.”

Parecía como que el Partido Nacional Fascista se había aburguesado y que las camarillas antifascistas - que hasta ahora habían estado escondidas en el mismo seno del Partido - aumentaban nuestra debilidad por medio del más estúpido y vil de los sabotajes.

Luego, el Duce justificó con pruebas documentales sus informaciones sobre el Mando Supremo de las Fuerzas Armadas, que tanto deseaba Badoglio, así como el haber asumido él personalmente la dirección de este alto puesto. En 1942 por causa de su enfermedad, quiso abandonar tan grave responsabilidad, pero parecía una cobardía hacerlo en un momento desfavorable, y en los actuales instantes tampoco se podía decir que había llegado la ocasión oportuna. Por lo demás, el Duce nunca había dirigido la parte técnica de las operaciones militares. Tan sólo el 15 de julio de 1942 dirigió personalmente la Batalla de Pantelaria, y la ganó.

“El Pueblo no ha demostrado entusiasmo por la guerra”

Mussolini: “Conozco muy bien las graves consecuencias que la aceptación de semejantes responsabilidades militares han tenido para el prestigio del Partido y para mí. De la trágica sucesión de nombres en los puestos del Alto Mando se puede claramente deducir que no estoy satisfecho de los que desempeñan esos puestos. Durante la Gran Guerra de 1915 a 1918, igual que ha ocurrido en Alemania en el curso de la actual, el Pueblo podía llegar a sentirse entusiasmado con sus dirigentes militares. El Pueblo hizo de ellos dioses con uniforme. Pero, en nuestra Patria, es imposible llegar a esta situación ahora.”

“Comenzamos la guerra con hombres conocidos, que inspiraban confianza a las tropas. Las vicisitudes militares nos han privado de los servicios de Graziani, Badoglio, De Bono, Balbo, Nasi, Santini, etc., etc. Luego han llegado los desconocidos para las grandes masas nacionales. Estos han sido los Sodo, Cavallero, Scuero, Ambrosio, Sorice, Bastico, Gariboldi, Roatta, Rosi, Guzzoni... Tan sólo Gambara y Messe - dos Generales de la nueva generación - han logrado despertar entusiasmo." (33)

“Mi insatisfacción respecto a esos Generales puede nacer de un vago sentimiento de legítima defensa propia. Creo que han iniciado una especie de guerra no declarada. Todos ellos son de una pasividad desconcertante. Nada les interesa, nada les infunde fanatismo, nada les hace brotar el entusiasmo. En todas partes, dentro del Alto Mando, observo esta pasividad, que - si hemos de ser inexorablemente precisos - habría de ser calificada más bien de crimen o de traición”.

“También me parece que esos Generales, cubiertos y defendidos - como lo están - por mi nombre y mi responsabilidad, solamente desean una ocasión para arrojarme lodo a la cara. Y, como siempre ocurre en estos casos, la que pierde es nuestra bien amada Italia.”

Seguidamente, el Duce refuta la leyenda de que los alemanes se están aprovechando de nuestra alianza, sin darnos nada a cambio. Y pasa a exponer pruebas documentales de sus afirmaciones, en las que figuran convincentes cifras sobre la imponente cantidad de material que, para ayudarnos, nos ha facilitado nuestro aliado en excelentes condiciones.

“Los organismos competentes de las dos naciones - añadió - no pueden llegar a un acuerdo, hasta que hable directamente con Hitler o Goering durante cinco minutos para resolver el problema.”

Después de esto, Mussolini sostiene - de manera justificada -, que decir del Pueblo que no tiene entusiasmo por esta guerra es tan fácil como pasar por una puerta abierta.

“El Pueblo - precisa Mussolini - nunca ha demostrado entusiasmo por la guerra. Ni siquiera por las guerras del ‘Risorgimento’ (34) o por la gran Contienda Mundial pasada. Siempre es una minoría de poetas y patriotas la que se impone, ‘siente’ y dirige la guerra.”

“En Italia se acostumbra a llamar a esta guerra ‘la Guerra de Mussolini’. Pero también la de 1859 fue llamada 'la Guerra de Cavour'. Esto es así porque un solo hombre, o unos pocos hombres, son capaces de interpretar a tiempo la voluntad de la Historia, el conjunto de causas que llevan a un Pueblo a un cierto punto que le fuerza a decidir su propio destino con las armas en la mano. La resistencia de una nación en la lucha bélica representa la promesa de su independencia. En 1917 se presentó una proposición para trasladar el Gobierno a Sicilia, en caso necesario. Pues esta vez, si es necesario también, nosotros llevaremos nuestro Gobierno al Valle del Po.”


(33) Todos los Generales nombrados desempeñaron altos cargos en el Ejército italiano. Graziani, después de ser Virrey de Abisinia, fue nombrado Gobernador de Libia y Jefe de las Fuerzas Italianas que luchaban en África del Norte. Sus derrotas ante las tropas de Wavell le relevaron del mando. Fue después Ministro de Defensa Nacional de la República Social Italiana. El Mariscal Bastico fue, hasta la retirada italiana de África del Norte, Jefe de todas las fuerzas que combatían en aquel frente. Messe luchó hasta el último momento en África al mando del Primer Ejército Italiano, y fue ascendido a Mariscal por Mussolini. Posteriormente desempeñó, durante casi dos años, la Jefatura de Estado Mayor del Ejército italiano con el Gobierno Badoglio y los que le sucedieron.

(34) El “Risorgimento” es el movimiento ideológico y político que condujo a la unificación del Estado italiano en el siglo XIX.



Diario de Roberto Farinacci.









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